Sara Corrales “Quiero ser la segunda diva colombiana”

La Venus paisa salida de un reality, ahora es la estrella en la nueva película de Dago García ¿Princesa o femme fatale?
Sara Corrales “Quiero ser la segunda diva colombiana”

Aunque ella se empeñe en no ser la mujer mostrona que uno imagina, no sé dónde poner los ojos. Cualquier lugar de su cuerpo es sensualmente peligroso. Unos segundos y la imaginación se hunde en sus encantos como si fuera arena movediza. Bajo la mirada y están sus pies grandes, exquisitamente cubiertos con un cuero aterciopelado beige con una rosa en cuero de culebra en su tobillo, que hace juego con los tacones puntilla de 12 centímetros, y sus dedos, sus dedos largos con las uñas pintadas color champaña. Miro más arriba y aparecen sus manos, inquietas, siempre moviéndose; sus uñas pintadas igual que las de sus pies, tocan mi antebrazo de vez en cuando como queriendo telegrafiar sus respuestas.

Fijo mi atención en sus piernas mientras se sienta y las recoge sobre un sofá azul profundo; las seis manchitas blancas de su bluejean desteñido parecen estrellas flotando en el espacio de sus muslos inmensos.

En su blusa larga de seda fría, apuntada con discreción, el escote no existe, solo ese cinturón muy delgado color oro que tranca en sus caderas.

Llego a su boca, no boquita sino bocota pintada, dos medialunas rosadas y brillantes, una más delgada sobre otra más carnosa. Cada palabra que dice sale untada de labial.

Finalmente, están sus ojos verdes que te miran tras un marco grueso de unas gafas de profesora tímida a punto de explotar y quitarse la ropa. ¡Una tentación! Bajo de nuevo la mirada y comienzo otra vez mi rosario de imágenes por sus zapatos, mientras ella, muy concentrada, me habla de su vida fuera de los realitys y las novelas.

Pestañea y sus ojos inmensos parecen salidos de un cómic japonés. Aunque la veamos salida de la ropa en culebrones o en algunas páginas sociales, ella NO quiere salirse tanto. Pero así es todo con ella. A sus 27 años NO duerme en vaporosos baby dolls; su busto, 34B, NO es su mayor orgullo y, contrario a otras divas, NO la seducen los escándalos. Lo único que acerté, después de todo, fue en el color de su ropa interior.

Por las fotos diseminadas por el apartamento y la explicación de Sara, estamos en el apartamento de su novio, un piso 13 remodelado de un edificio viejo en Chapinero, donde oficia de ama de casa. Al suyo va en caso que quiera escampar de alguna pelea pasajera de pareja. Por ahora se ve a gusto con el fuego de fondo de la chimenea de gas que le hace ver su pelo más rojizo que rubio.

¿Rubia original? No, soy de pelo negro.Tiene los labios gruesos que se pusieron de moda hace poco tiempo. Sí, yo me ahorré esa platica. Cuando estaba muy chiquita, en preescolar, me decían: “¡ay, tan bocona!”. Y hoy me los miro y provocan.¿Qué se ha operado? Los senos. Dos veces. Yo siempre he sido 34B, lo que pasa es que las de antes eran más anchas de base y más bajas, no sé qué le pasó al médico para ponérmelas así. Ahora, me las puse más pequeñas y más altas, como si las cogieras y las apretaras en la base.Si esta conversación fuera hace cinco años, no la vería tan conservadora en su vestir. ¿Qué se hizo la mujer voluptuosa?Aquí viene algo que me fascina aclarar, y es que tú tienes la imagen de la Sara de los medios. La Sara de novela, donde le ponen una minifaldísima y unos taconcísimos y unos aretes de plástico, pero yo nunca he sido esa. La gente tal vez no ha sabido diferenciar. ¿Pero cómo me dice que nunca ha sido voluptuosa o mostrona?Algunos de mis personajes, algunos.¿Y en las páginas sociales?Yo no te puedo decir que jamás me he puesto un escote o una minifalda.¿Cuándo mostrar? A mí no me gusta mostrar. A mí me gusta insinuar. Me parece ocho mil veces mejor.Entonces, ¿cuándo insinuar? Mmm… ¿cuándo insinuar? Cuando quiero coquetear. Cuando quiero sacar mi lado feminisísimo.¿Y eso sí le gusta? Me gusta. Me parece que es un arte. Odio la morbosidad, odio lo vulgar, soy superchapada a la antigua en eso. Más que un escote me encanta una espalda bonita.¿Más difícil coquetear o actuar?Coquetear. Sí, sí. Porque al actuar hay un libreto, digamos que hay mucha ayuda, hay un director, un iluminador, hasta un personaje, pero tú no estás.¿Usted cree que la gente ha confundido siempre a Sara con sus personajes?A los hombres les gusta inventarse fantasías, entonces, si me ven voluptuosa, con cuerpo divino, con un pelo largo, con unos labios protuberantes en una portada novelera,¿qué imagen quieren tener ellos en su cabeza? ¿Esa o la Sara en sudadera, con el pelo recogido y sudada después del gimnasio?Esa.Total. O sea, por ejemplo, en el Twitter yo les escribo: “bueno, hasta mañana, me voy a dormir ya, son las nueve de la noche” y les monto una foto en sudadera, con unas pantuflas de vaca, y, entonces, me dicen: “¿tú no duermes en baby doll?”. Y yo, mmmmm, no. Entonces, ¿nos olvidamos de la lencería negra? No, realmente me gusta mucho la ropa interior negra.Dos prendas en su vida.Los tenis y una chaqueta de cuero.

Su sentido más afinado. El olfato. Definitivamente, y lo aplico en todo. Me presentan a una persona y lo primero que hago es olerla.¿Alguien que reconozca por el olor?A mi papá, Darío Corrales, se murió de cáncer hace ya dos años, pero tengo el olor de sus brazos, que eran peluditos, como los míos. Otro recuerdo, no tan divertido que digamos, fue el olor de él cuando estaba ya en los últimos días. Me quedó el perfume que le echaron en ese tiempo. Lo relaciono con dolor. ¿Esta mañana a qué olía Sara? A Chanel, el número 5. ¿Y en las noches a qué huele Sara? En las noches tengo otros aromas, ya un poco más densos, un poco más fuertes.Un olor que la cautive. La vainilla. Me enloquece y la huelo a kilómetros.¿Y uno que la mortifique? El olor a gasolina. Me marea inmediatamente.Cierre los ojos y dígame su parte del cuerpo más desarrollada. Las piernas. Las he trabajado mucho. Les presto mucha atención porque no me gustan flaquitas. A diferencia de muchas que quisieran tenerlas delgadas, a mí me gustan vigorosas... a fin de cuentas son las que me sostienen.¿Cicatrices? Tengo tres significativas. Esta en mi codo izquierdo de los seis años, que es gigante. Estaba en la cama de mis papás, haciendo rollitos, la cama se me acabó y caí contra un nochero, me pusieron clavos y todo. La segunda aquí en mi rodilla izquierda, cuando patinaba a los trece años. Tuvimos una caída muy brava todas las del equipo, se fue la primera al piso y nos fuimos todas. Yo llegué a ser de la Liga de Patinaje de Antioquia. ¿Y la tercera? Y la tercera fue en este lado, el derecho. Esa fue cuando hice la telenovela La marca del deseo, en Santa Marta, y fue en bicicleta, bajando a Bahía Concha. Me raspé todo el lado derecho de la cara y del cuerpo. Esto era todo rojo. Y me tocaban todas las escenas en el mar. ¿Tú sabes lo que es la sal en esta vaina?¿Cicatrices espirituales?Dos. La separación de mis papás cuando yo tenía nueve años. Y la muerte de mi papá.¿Usted es de Envigado?No. Todo el mundo piensa que yo soy de allá. Lo que pasa es que me mantenía en Envigado, salía del colegio y me iba para donde mi tía, que se llama Luz Helena. Pero yo nací en La Mota.¿La Mota?En Medellín, ¿sabes dónde es? Cerca de la Clínica de las Américas. Ahí nací, de ahí nos fuimos a El Poblado, viví casi toda mi vida en El Poblado y después volvimos al mismo apartamento donde nací.¿En qué colegio estudió?

En Santa María del Rosario. Preescolar, primaria y hasta once.¿El mismo colegio donde usted hacía negocio depilando a sus compañeras?

Como buena paisa, uno se rebusca. En bachillerato yo daba citas para el descanso, mil pesos por depilada. Y me tocaban todas esas cejas “vírgenes”.

Las cejas la emocionan.

A mí siempre me han gustado las cejas, me parece que son como el marco de la cara. Toda la vida he sido muy manual, muy artística, y les hacía todo el diseño, medía los ángulos con regla. Entonces yo era feliz y ellas matadas. Llegaban niñas de otros salones. A los 15 también maquillaba y cobraba.

¿Usted soñaba con un salón de belleza?

No. Pero me gusta mucho transformar a una mujer, ponerla más bonita. ¿Me entiendes?

¿Y qué hacía con esa plata? La verdad es que yo trabajo desde los cinco años, yo empecé en el modelaje y ahí, pues, me pagaban muy bien en desfiles, fotos y catálogos. Su primer trabajo. Lo primero que hice fue un comercial en televisión de sopas El cuchuco.¿Qué tenía que hacer? Tomar sopa. Me acuerdo que era en una finca y pasaba por allá un arriero de fondo. Entonces yo estaba con el abuelo y él me decía: “el cuchuco viene de tiempo atrás, antes estas montañas estaban llenas de maíz y los hombres eran fuertes por su trabajo. Ahora, la Comarca –era la marca de la sopa–trae de nuevo el cuchuco a casa”. Y yo mientras tanto, coma y coma. ¡Eso fue un día entero cuchareando!¿De pequeña a quién admiraba? De pronto tengo como imágenes de Margarita Rosa de Francisco, como con el pelo muy alborotado y los ojos verdes divinos.¿Cuál era su sueño de pequeña?Siempre quise ser actriz. Yo agradezco mucho que mis papás me hayan empujado. Así fue como desde el principio me metieron a estudiar actuación…¿Con quién estudió actuación? Con Efraín Arce Aragón, en Medellín. Allá estudié desde los nueve hasta los catorce años.¿Tiene claro cuándo dijo usted “ya no soy una niña, soy una mujer”? El día que cumplí quince años. Mis fotos en Orlando, seis meses antes, eran de una niñita de tenis, con mediecita, camisetica y shortcitos. Y tú ves la foto del día de la celebración, que fue el 27 de diciembre, y ya veías a una mujer con un pantalón blanco pegadito, unas sandalias y como un corsé pegadito, como blanco y negro. Desde que me volví mujer me ha gustado mucho el negro. ¿Qué le gusta más, hacer de buena o de mala? Siempre había dicho que me gustaba hacer más de mala, porque las malas la pasábamos más bueno, hasta que hice de “Lucilita”, una buena muy particular. Era una mujer muy buena, pero era comedia.Y ahora, ¿qué prefiere? Miti miti. Un vicio en su vida. Mi hombre, Luis Fernando Pardo.Un beso inolvidable. El primero, a los once años. Yo oigo a mis amigas decir que su primer beso fue a los siete, ocho o nueve años. No corrí tanto, ¿sabes? Me acuerdo que yo era altísima y él era bajito.Un lugar del camino donde hubiera preferido quedarse en su vida. Un punto en que me podría quedar ahí, en Cuba. En La Habana. Nos fuimos mi mamá (Mercedes Castillo) y yo, solas. Fue como estar viviendo todo lo que tú has visto en las películas y lo que has bailado con su salsa.¿Cómo se volvió salsera? No tengo ni idea, porque no soy caleña. Sólo recuerdo un momento en Medellín, yo tendría siete años, y estaba pasando emisoras en el radio del carro y lo dejé en Latina Stereo que es salsa, salsa, salsa. Mi mamá me mira y me dice: “¿y esa música?”.¿Le gusta bailar? Me encanta.¿Cuál es su vestimenta para bailar?No puede faltar el tacón y, de pronto, una falda corta para que se vean los movimientos de las piernas.¿Y la blusa? Si se muestra abajo, arriba tiene que estar tapadito.¿Cuándo los medios de comunicación entran literalmente en su vida?Eso fue el 13 de octubre de 2003, cuando salgo de Protagonistas de novela. Ese día los medios se sintieron con el derecho a hacer y deshacer.Lo que hace a una diva son los escándalos. ¿Con uno para usted fue suficiente? No me gustan los escándalos, nunca me han gustado y nunca he vivido de eso. Pero ya que mencionas la palabra diva, a mí me fascinaría ser la segunda diva colombiana. Ya sabemos cuál es la primera, Amparo Grisales. Pero no como los colombianos vemos a la diva, como una vieja mamona, fastidiosa, que se cree mejor que todos, sino como una mujer inolvidable y seductora, no la que paga su protagonismo con intimidad y escándalos.Usted ya tuvo su escándalo. ¿Qué aprendió de su cortocircuito con un hombre casado? No quisiera hablar del tema. ¿No lo ha superado? Superadísimo. Y precisamente por lo superado me parece que hay otras cosas de qué hablar. Sólo te puedo decir que no me arrepiento de nada. Mi filosofía de vida es que de cada cosa se aprende. Nada es por casualidad. ¿Sí me entiendes? ¿Qué aprendió? Que no hay que quedarse en el pasado chillando, llorando, dándose golpes de pecho, no. Son experiencias que se tienen que vivir y que me pasaron a mí. Pero no quiero hablar más sobre eso. Es que no me siento cómoda. No me parece que sea el tema.¿Fue un momento duro en su vida?Sí, claro.Entremos a un tema más genérico. Los hombres en su vida. ¿Muchos o pocos? Muy poquitos.¿Tiene una manera de clasificar a los hombres? Sí. Los que me interesan y los que se acercan. Algo que les envidie a los hombres.Mmm... algo que me fascina es que entre ellos mismos no se tiran tan duro. Los hombres son más cómplices.Y algo que no entienda ni acepte de los hombres. El desorden de los hombres me saca la piedrita. Lo que NO tiene que hacer un hombre que se le quiera acercar. Aparentar. Lo huelo a kilómetros. Un hombre que no sea auténtico inmediatamente está tachado. No dura. “Que mi cargo, mi carro o mi apartamento, es que tengo unos negocios en Dubái”, o sea, ¡ay, man, quédate callado, por favor!La actriz norteamericana Mae West decía: “A los hombres les gusta que les enseñes una o dos cosas”. ¿Cuáles son esas dos cosas que usted muestra? La espalda y los hombros.¿Y el busto?No. Mira, si te digo que tengo tres brasieres de los que aumentan o juntan, es mucho. Prefiero seducirte con la tirita que se caiga sobre mi hombro. Si tuviera que escoger entre el sexo y el trabajo, ¿qué elegiría? Pero, óyeme ¿qué te pasa? No, ¡me rehúso! No, bueno, digamos que me quedo con el sexo. ¿Y sabes por qué? Porque me quiero reproducir. ¿Cuántos seguidores tiene en Twitter? Unos 370.000 seguidores.¿Le llegan muchos regalos?No, no, ¿sabes qué no? Cuando, digamos, uno va a una firma de autógrafos, siempre llego con cosas. Cartas, peluches, chocolates, flores, velas. Además están los que saben y te conocen, y han oído tus entrevistas y dejan eso en su memoria. Saben que me gustan las flores, las gerberas, entonces me llevan gerberas.¿Algo de comer que la enloquezca? Las macadamias. Todo el día.Algo que haya deseado de todo corazón y no pudo conseguirlo. No es que haya sido un momento divino, pero yo no pude estar los últimos momentos de la vida de mi papá porque estaba trabajando. Ya era una muerte anunciada, pero, digamos que eso me ha dolido a mí en el alma. Teníamos un vínculo muy fuerte, yo era la hija preferida y consentida y él lo dijo toda la vida a todos sus hijos.¿Cuántos hermanos son? Yo soy hija única, pero tengo hermanos medios del otro matrimonio de mi papá.Pero de Mercedes Castillo y de su papá es hija única. Hija única entre cinco abortos. Cuatro antes de que yo naciera y uno después. Y todos a los tres meses.Fuerte. Sí. Otra historia de mi vida. Mi mamá y mi papá ya habían perdido las esperanzas de tener hijos porque mi mamá había trabajado toda la vida en rayos X. Entonces, cuando empezó el embarazo de Sarita, el médico le dice a mi papá: “No hay nada que hacer, llévesela de viaje para que ella no esté pensando en que ya viene el tercer mes”. Y se la llevó a Aruba y ahí pasaron los tres meses sin darse cuenta, y nací. Llegó bien aferrada a la vida. Total. Y mi mamá siempre lo ha dicho: “Sarita es un milagro de María Auxiliadora”, porque ellos le hicieron novena a María Auxiliadora en Sabaneta. Yo me llamo Sara María por María Auxiliadora. Soy de prenderle vela.El dinero para qué le sirve. Para darme gusticos. Sí, me fascinan los perfumes, las gafas, los tacones, como buena mujer me encanta irme a desestresar comprando cositas. Y para lo más importante: viajar con mi mamá. Me encanta poderla sacar y que conozca y chulee países.¿Su mamá cuando joven era como usted? Era de parar tráfico, la gente se le acercaba para preguntarle si era modelo. Y mira que a ella el papá, mi abuelo, no la dejó.¿Qué es lo que más orgullo le produce en su carrera? ¿Actriz revelación en el 2005, Premio India Catalina?Sabes que más que cualquier premio, mantenerme, porque yo nací de un reality al que la gente no le tiene mucha fe. Por culpa de unos, a todos nos pusieron un sello en la frente que decía: “son malos”. “Las mujeres dedican demasiado tiempo a decir no”, otra frase de Mae West, ¿usted qué opina? Sabes que yo no. No, soy como más abierta a la vida, a las posibilidades, entonces no digo tanto no.Algo de la mujer que falta por inventar. Mmm… una ida al baño cómoda. Algo fácil para poder tener la facilidad de ustedes.La primera vez que alguien le vio madera de mujer hermosa y taquillera.Era la mamá de una niña que fue modelo conmigo, ella iba a llevar a su hija a un casting y le dijo a mi mamá: “Vos por qué no llevás a Sarita, esa muchachita como es de hablantinosa”.¿¡Hablantinosa!? Habladora. Es una palabra superpaisa, siempre he dicho que soy muy hablantinosa.Si tuviera que cambiar de profesión, ¿qué haría? Sería deportista de alto rendimiento. En patinaje, por ejemplo, o en gimnasia rítmica. Hoy qué es lo más importante de su vida. La familia. No hay nada más importante. Mi mamá y mis cuatro tías: Vicky, Marta, la Mona y Lucy.¿Su frase de batalla de todos los días cuál es? Una muy paisa: “Bueno, papito, si es ya, es ya”.¿Es cierto que todos quieren con Sara? Sí. Pero, sí.

***De salida, en el pasillo, la veo a mi derecha cómo espera hasta el último momento a que se abra la puerta del ascensor y yo desaparezca. Recostada sobre el borde de la puerta blanca, con las piernas cruzadas y su blusa más tensa, deja entrever que tiene un busto, por los contornos, como el de la maja vestida de Goya. Al fondo asoma Pérez, el único perro que le gusta. Dan ganas de devolverse con cualquier excusa. 

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