Amparo Sinisterra de Carvajal, enamorada del bolero

Amparo Sinisterra de Carvajal heredó de su padre el gusto por la música clásica, pero por su cuenta se fue convirtiendo poco a poco en una apasionada de los boleros. La directora de Proartes, en Cali, dice que se los sabe todos, y que le ayudan a paliar el trajín de la gestión cultural que la mantiene a 150 km por hora.
Amparo Sinisterra de Carvajal, enamorada del bolero

Amparo Sinisterra de Carvajal tiene 17.000 canciones en el iTunes. ¡Y eso que la tecnología le cuesta! Los archivos de MP3 son apenas una parte de una colección musical que incluye discos de acetato (algunos de 45 revoluciones), casetes, discos compactos y DVD de música clásica y popular -entre la que sobresalen los boleros- y que puede ser escuchada también en un antiguo tornamesas profesional y hasta en un reproductor de cintas magnetofónicas de carrete que todavía conserva. Un patrimonio cultural que guarda en el estudio de dos pisos de su casa, un rincón donde reposa gran parte de su vida. Todo el material está enumerado y clasificado en un cuaderno que ella misma escribió a mano.

Su voz gruesa es congruente con el carácter que hizo de ella una gestora cultural inagotable, y es a la vez perfecta para entonar boleros. Se crió entre óperas, valses y demás conciertos. "Mi papá nos levantaba silbando las oberturas de Rossini, que escuchábamos en un radio de onda corta Telefunken que era el único lujo de la casa", dice. Pero poco a poco fue adquiriendo por su cuenta el gusto por otro clásico, pero mucho más mundano: Agustín Lara.

Así se metió en el mundo de los boleros, que prefiere oír en compañía en el estudio cuando la fiesta evoluciona hacia el ritmo suave y las letras románticas. Dice orgullosa que se los sabe casi todos, los de solistas y los de trío y, sobre todo, los cubanos que se aprendió oyéndolos desde su habitación cuando sus padres hacían fiesta en la casa.

"Me gustan los que le cantan al amor, los de Leo Marini, Bobby Capó, los de la Sonora Matancera, Los Panchos, Armando Manzanero, Agustín Lara, Bola de Nieve, Roberto Ledesma y José Antonio Méndez, el de La gloria eres tú. También los de Jaime R. Echavarría, Carlos Ochoa y el caribeño de Sofronín Martínez". Y se cuelan algunos tangos de Gardel, las baladas de Leonardo Favio y Los Ángeles Negros, y un amor musical de juventud: Frank Sinatra.

"Mi esposo era un enfermo por los boleros", dice recordando a Adolfo Carvajal, el empresario vallecaucano y cómplice de toda una vida de su pasión musical y de noches bohemias en ese mismo estudio. Y también se acuerda de los que le encantaban a él: Solamente una vez, En mi viejo San Juan, Preciosa y Contigo en la distancia.

Es un gusto que aprovecha en las horas de la noche, luego de una agitada jornada como trabajadora cultural. "Es una vida entera dedicada al arte, deliciosa. Tengo 72 años pero voy todavía a 150", velocidad que ha mantenido durante toda su carrera, al frente de Colcultura y de Telepacífico y hasta en París, cuando su esposo fue nombrado embajador.

Su consentida, sin embargo, es la emisora cultural de la Fundación Carvajal, que creó hace 30 años aunque le dijeran que estaba loca por programar música clásica en FM. "Es uno de los proyectos que más satisfacciones me ha dado, tenemos más audiencia cada día y eso da alegría. Ese granito de arena funciona".

Ahora está concentrada en el Festival Internacional de Arte, que realizará en septiembre y que también cumple 30 años. Este año tendrá como eje conceptual el cine. Amparo se emociona al explicar que se trata de una edición especial no sólo por el aniversario sino porque significa "pensar en todo lo que ha pasado en el país en este tiempo".

Desde la sede de la Fundación Proartes, una vieja casona del centro de Cali, Amparo Sinisterra sigue construyendo proyectos.También anda pendiente de la Filarmónica del Valle, del coro y orquesta conformada por 135 niños de Aguablanca, y de la alianza con el programa Batuta para cubrir el Valle, Cauca, Nariño, Tolima, Putumayo y Amazonas. "Es que aquí yo soy solo la de los mandados", afirma con modestia. Pero no tanto. Con justicia, es la mujer que le cambió la cara a la cultura del Valle del Cauca.