Así es la lucha de poder en el Gimnasio Moderno

La revolucionaria pedagogía que le imprimieron los fundadores a este tradicional colegio bogotano es centro de una polémica que se salió del claustro y llegó a los medios.
Así es la lucha de poder en el Gimnasio Moderno

Dicen que la ropa sucia se lava en casa. Pero por primera vez en 96 años este adagio no se cumplió en el Gimnasio Moderno. Acostumbrados a resolver los problemas “entre los pinos” de su vieja casona, los gimnasianos se resignaron a ver sus deslucidos trapitos en los medios de comunicación. Esa centenaria cofradía, casi intocable y a veces incomprendida, se convirtió en comidilla de cocteles, columnas de opinión y chismes de noticiero.

De no ser por una carta cuyos apartes fueron leídos en la emisora La W y publicados en la revista Semana, las diferencias entre el rector Juan Carlos Bayona y los órganos directivos del Gimnasio habrían permanecido como cualquier debate pedagógico: entre las aulas. Pero, de pronto, temas como la calidad de la academia, el nivel de la enseñanza del inglés, el manejo disciplinario, la posibilidad de convertir el colegio en mixto y el nombramiento de un vicerrector fueron ventilados en los medios y cuestionados por los columnistas.

El debate se centró en la gestión del rector, Juan Carlos Bayona, más conocido como ‘El Ovejo’. Nieto e hijo de gimnasianos, Bayona llegó al cargo en una época en la que se sentía la necesidad de volver a la educación que don Agustín Nieto, su principal fundador, quería impartir. El estilo de Mario Galofre, antecesor de Bayona, era percibido como demasiado estricto, alejado de los postulados de la “escuela nueva”, esa revolucionaria pedagogía que entregaba a los estudiantes confianza, libertad y criterio independiente. Los puristas consideraron que se estaba perdiendo el norte.

Y quién mejor para retomarlo que un gimnasiano puro, graduado de educador y poeta en España, admirador de Antonio Machado. Así llegó ‘El Ovejo’ a dirigir, en 1998, el colegio que tenía fama de haber formado a los intelectuales más prestigiosos del país en el siglo XX, incluido su abuelo Nicolás Bayona Posada, también poeta y escritor.

Por los pasillos que Bayona recorre como profesor y rector corretearon varias generaciones de escritores, artistas y periodistas: Eduardo Caballero Calderón, quien fundó El Aguilucho hace 73 años con la idea de que por sus páginas corriera la expresión artística y rebelde de los estudiantes; su hermano, Lucas Caballero, y su primo, Eduardo Caballero Escovar. Sus hijos, Antonio y Luis Caballero Holguín, también publicaron cuentos, dibujos y caricaturas en El Aguilucho. Dos generaciones de familias periodísticas como los Cano y los Santos disfrutaron del ambiente liberal y artístico que caracterizó al colegio.

Por defender esos principios ‘El Ovejo’ tuvo que soportar una fuerte oposición al comienzo de su gestión. Citando de memoria los escritos de don Agustín, se armó de argumentos para defender la disciplina de confianza, esa que les permitía a los alumnos, por ejemplo, “capar clase” para irse a la biblioteca a leer o a oír un concierto. Y defendiendo los ideales de don Agustín, impartió como castigos jornadas extracurriculares de reflexión, en vez de expulsar a los infractores graves. Incluso dio prioridad a las materias humanísticas sobre las ciencias exactas.

Pero hay quienes dicen que no todo era tan romántico. Como una estrategia para defender su estilo, se dedicó a tomar el control de los órganos directivos. El complicado entronque –que incluye un consejo de electores de 400 personas, encargado de seleccionar a una sala plena de 12 miembros, la cual a su vez elige un consejo superior de 7 integrantes, que son los que nombran al rector y tienen poder de decisión sobre los temas del colegio– funcionó sin contratiempos hasta 1975, cuando murió don Agustín, quien manejó un poder casi absoluto, pues nadie se atrevía a contradecir al líder que revolucionó la educación en Colombia. A partir de ese momento el engranaje empezó a moverse solo. “Poco a poco Bayona fue tomando el control del consejo de electores y, a su vez, el de la sala plena, hasta el punto que fue él quien intrigó para que cambiaran el consejo superior”, comentó un miembro del consejo de electores.

“El problema es la personalidad del rector”, dice la madre de un alumno, quien asegura que al ‘Ovejo’ no le gusta la oposición y manipula los órganos directivos del colegio para sacar a quienes tienen algún reparo a su gestión.

Y eso, según miembros del consejo superior, fue lo que sucedió a finales del año pasado. El florero de Llorente fue el nivel de inglés del colegio. Ante las constantes críticas que generaba la materia, el rector contrató al Consejo Británico para evaluar a los estudiantes y le presentó su informe al consejo superior.

Los miembros del consejo no quedaron satisfechos y se reunieron con el Consejo Británico para recibir de primera mano sus comentarios. Al encontrar inconsistencias entre el informe que presentó Bayona con el que recibieron del Británico, el consejo superior solicitó una reunión con la sala plena. Y ahí fue Troya. Bayona se sintió atacado y presionó hasta lograr que cambiaran a cuatro de sus siete miembros de la sala plena, entre ellos Guillermo González, José Fernando Rengifo, Edgardo Maya y Fidel Cano. En solidaridad con sus compañeros, presentaron renuncia Pilar Posada, Luis Eduardo Cavelier y Luis Fernando Álvarez.

En ese punto el debate se volvió público, gracias a la filtración de una carta del saliente consejo que decía, palabras más palabras menos, que el rector no quería aceptar la soberanía y autoridad del consejo superior.

En apoyo a los ex consejeros, Patricia Lara dejó presente en una columna de El Espectador que el colegio no estaba muy bien académicamente, y que el plantel ocupaba “el puesto 197 entre los colegios cuyos alumnos presentaron el último examen del Icfes, muy por debajo de planteles que eran sus pares, como el Gimnasio Campestre (62), el San Bartolomé (105), el Gimnasio Femenino (175) y hasta el San Tarsicio (191), donde pararon tantos que perdieron año en el Moderno”.

Bajo esa presión, la sala plena eligió a los consejeros Alejandro Sanz de Santamaría, Héctor Echeverry, Genoveva Iriarte, Luis Jaime Posada García-Peña, Fred Jacobsen, Pablo Nieto Loaiza y Mauricio Santamaría, la mayoría profesores universitarios. Según Marisol Ferro, el objetivo fue elevar el nivel de discusión en lo académico.

Algunos sectores en el colegio sintieron que con el cambio había ganado Bayona, pero en esa misma deliberación la sala plena relevó de su presidencia a José Pablo Uricochea, visto por todos como el gran protector del rector. Así que para muchos el triunfo del ‘Ovejo’ no fue completo. Además, según miembros de la sala, el relevo de la presidencia no sugiere que se abandonen los temas que dejaron planteados los salientes consejeros.

No obstante, en esta pugna Bayona les lleva ventaja: no sólo tiene de su lado a los profesores, quienes publicaron una carta en la que destacan que su rectoría “ha mantenido los ideales humanistas y liberales que han caracterizado el colegio desde su fundación en 1914”, sino a la gran mayoría de los alumnos.

¿Cómo no, si los jóvenes sienten que su rector está de su lado aun en los peores momentos? ¿Cómo no apoyarlo si su filosofía es la felicidad de los alumnos por encima de la cantidad de conocimientos que puedan absorber? ¿Cómo no defenderlo si se enfrenta con los profesores porque no les brindan a los estudiantes la libertad para refutar y elegir lo que quieren escuchar?

Algunos padres, mientras tanto, atienden al refrán que dice que “bueno es culantro, pero no tanto”. En el mundo competitivo de hoy, exigen una revisión de los postulados que han regido el colegio, y se preguntan si la sociedad de hoy permite educar a los adolescentes con el mismo sistema de hace un siglo.

Cuando don Agustín llegó de Europa en 1914, sacó las clases del aula, prohibió los castigos físicos y separó la pedagogía de la religión para formar hombres íntegros, honrados y decentes. Según sus defensores, Bayona ha mantenido el modelo. No sólo reeditó los escritos del fundador sino que pregona que no quiere formar bachilleres que vayan por el mundo laboral dando empujones; no le interesa graduar bilingües ni ser el primero en el Icfes, porque esas pruebas miden sólo una parte del conocimiento que tienen sus estudiantes.

“Este colegio no es elitista. Es el único donde no se hacen pruebas a las familias. Todos los que llegan se bajan al estrato cuatro, aquí nadie llega con escoltas, así sean los más amenazados del país”, señala un miembro del consejo elector.

Pero hasta sus defensores aceptan que Bayona ha manipulado las instancias directivas para eliminar la oposición. Y para solucionar ese problema ya hay propuestas sobre la mesa, como la de instaurar elecciones para conformar el consejo de electores y así evitar que el rector pueda influir en su conformación.

“Aquí hay rosca, como en todas partes, hay una lucha de poder, pero es algo inofensivo, sucede en otros colegios. Este problema se habría podido solucionar con un buen café”, dice un directivo que prefirió mantener su nombre en reserva. Y puede que tenga razón, a no ser que se trate de uno de los colegios más tradicionales de la capital.