Con autonomía de vuelo en la publicidad

Los primeros recuerdos de juegos infantiles se resumen en uno solo: la magia de los aviones. Gustavo Alberto Lenis alimentaba con ellos sus sueños de volar y desde muy pequeño se convirtió en un coleccionista: “En casi todas mis fotos de niño aparezco con aviones, esos eran mis juguetes”.
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El tiempo le fue demostrando que no era un simple capricho infantil. De la mano de su padre, Édgar Lenis, el joven Gustavo fue descubriendo una fascinación que se fue afianzando con los años y que continúa intacta.

Recuerda que tenía 14 años cuando su papá comenzó a tomar clases de pilotaje. Un tiempo después obtuvo licencia privada. Gustavo y su hermano fueron los primeros pasajeros a bordo de una pequeña avioneta monomotor que les acolitó más de una aventura: “Fuimos a Cúcuta, a Cartagena, a La Guajira y a los Llanos Orientales. Volar sobre esas inmensas llanuras era espectacular. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo”.

Un día empezaba en Cali pero podía terminar en cualquier lugar de Colombia. No era raro que un sábado su padre le dijera: “Acompáñeme a almorzar a Medellín”. “De ese tamaño era su fiebre por volar”, cuenta Gustavo.

A los 16 años él y su hermano recibieron clases juntos, y con su padre llegaron a pilotear la avioneta. Era una afición que se vivía en familia y que dejó como huella una gran colección de aviones a escala que fueron consiguiendo cuando todavía eran adolescentes: “La oficina de mi papá era el lugar para guardarlos y la goma era tal que llegamos a tener más de 100”. Las aeronaves, que ocupaban una pared completa, eran todo un placer para un aficionado porque incluía modelos de la flota completa de Boeing como el 727, el 757 y 767; McDonell Douglas, jumbos y fokkers. Incluso había modelos antiguos como los DC-3 y los Constellation.

La colección se fue incrementando con aviones regalados y comprados que ya no encontraban lugar en los estantes de la oficina.

Un buen día, entre vuelos familiares y el comienzo de una carrera administrativa como ejecutivo, Lenis vio llegar a su papá a la presidencia de Avianca. Más tarde el propio Gustavo llegaría al mismo cargo, donde tuvo la oportunidad de vivir por ocho años la adrenalina del negocio que hasta ese momento había sido su pasión. Mientras tanto, aumentó su colección con ejemplares únicos y disfrutó de la asombrosa experiencia de los grandes simuladores de vuelo del mundo.

El destino lo llevó después por caminos diferentes y ahora su mundo es el de la publicidad. Desde hace ocho años es presidente de la multinacional Young & Rubicam.

Aunque su vida se mueve entre clientes, medios y pauta publicitaria, la aviación es un tema que sigue vigente de alguna manera porque es miembro de la junta directiva de AeroRepública.

Los vuelos con su padre quedaron en el pasado. De hecho, no ha vuelto a pilotear aviones desde la adolescencia. Pero aún lo divierten. “A mí todavía me maravillan. Soy un aficionado de la aviación porque es una ciencia que evoluciona a un ritmo vertiginoso. Todo el tiempo trato de estar actualizado”, confiesa.

Unos cuantos aviones a escala que guarda en su propia oficina son sufientes para revivirle la pasión. En la casa conserva uno especial que le regalaron cuando estaba en Avianca. Se trata de un MD pintado con el logo de Bancoquia, que fue el primer avión intervenido con publicidad en la historia del país. Un ejemplar que se convirtió sin querer en una buena metáfora de su vida: la aviación y la publicidad, la mezcla perfecta.

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