Dos hermanos unidos por la Amazonia

Martín y Patricio von Hildebrand, hijos del cofundador de la Universidad de Los Andes, son los artífices de la entrega de 25 millones de hectáreas protegidas a los indígenas. El mundo les reconoce cuatro décadas de trabajo para conservar la selva amazónica.
Dos hermanos unidos por la Amazonia

Martín y Patricio von Hildebrand han dedicado toda su vida a la reivindicación de los derechos de los indígenas de la Amazonia y a la protección de su entorno natural. Cada uno por su lado, el primero desde la antropología y el segundo desde la biología, han aportado sus investigaciones para la creación de zonas de protección en esta región del país, bien sea como resguardos indígenas o como parques naturales.

Crecieron con su padre, cofundador de la Universidad de los Andes, en una casa que hoy ocupa la Facultad de Derecho, disfrutando de los inexplorados cerros orientales de la capital y compartiendo la bañera con las babillas que alojaba el profesor Federico Medem para sus estudios.

El destino los llevó a vivir en Europa varios años pero los trajo de vuelta al Nuevo Mundo. Martín se había inclinado por la filosofía pero terminó graduándose de antropólogo en la Universidad Nacional de Dublín y años más tarde se vinculó como profesor en la Universidad de Piura, en Perú. Patricio, huyéndole al servicio militar obligatorio en Alemania, regresó a Colombia "jalado" por los recuerdos de la finca llanera de su papá, y terminó estudiando biología en los Andes.

Aunque hoy ninguno de los dos se explica por qué, cada uno se fue a un lugar distinto de la Amazonia a ejercer su profesión y a seguir estudiando. A mediados de 1972, Martín se vinculó al Instituto Colombiano de Antropología y se fue al Vaupés con su profesor Reichel Dolmatoff a estudiar los indígenas tanimuka en los ríos Mirití y Paraná. Patricio lideró un estudio para universidades como Cornell, Harvard y Berkeley, sobre la depredación de primates en la isla de los micos en el Amazonas.

Martín se había concentrado en buscar la forma de acabar con la esclavitud en la que vivían los indígenas explotados por los caucheros y en luchar contra los misioneros cristianos que despreciaban y exterminaban su cultura. Quería aprender de ellos y asumió el compromiso de ayudarlos a salir de esa situación.

Promovió el concepto, hasta ese momento ignorado, de que esas tierras debían ser para los indígenas, empezó a estudiar la forma de adquirir los terrenos para garantizar su conservación en manos de ellos y les dictó talleres sobre educación y salud. En 1979 viajó a la Universidad de la Sorbona, en París, a hacer un doctorado mientras montaba una estación de investigación en La Pedrera y formaba un grupo interdisciplinario para estudiar la Amazonia. Allí llegó Patricio.

Su aporte fue un estudio sobre los usos de los recursos naturales y los sistemas agrícolas indígenas en el río Mirití que comenzó en 1976. Patricio se ausentó de La Pedrera tres años, durante los cuales trabajó en un proyecto de ecodesarrollo de la Ciénaga Grande de Santa Marta, y volvió en 1979 a seguir estudiando la utilización de fauna y flora por parte de los indígenas.

Sus estudios apoyaron la tesis de su hermano Martín porque concluían que un núcleo familiar de ocho indígenas necesitaba 8.000 hectáreas para pescar y cultivar sin acabar los recursos. Eso echaba por tierra los argumentos de sus críticos, que se resumían en la frase: ¿para qué tanta tierra para tan pocos indios?

Las investigaciones de los hermanos von Hildebrand sirvieron de base para la creación, en 1981, del primer resguardo indígena del país: Mirití, con un millón de hectáreas. En ese momento, Martín había salido de la selva y trabajaba desde Bogotá en la redacción de un documento para la campaña del entonces candidato presidencial Alfonso López Michelsen en el que se plasmó la que debía ser la política pública para reconocimiento de derechos de los indígenas.

Contrario a lo esperado, la victoria de Belisario Betancur sirvió para que Martín llegara al Ministerio de Educación. Allí se dedicó a crear espacios para que los indígenas recuperaran su capacidad de decisión y trabajó con la Fundación Puerto Rastrojo, que había creado su hermano Patricio en 1982 para seguir sus investigaciones desde la selva y quien, a estas alturas, estaba metido en otro estudio.

Esta vez estaba persiguiendo tortugas charapa -la más grande de agua dulce- por el río Cahuinarí. Sabía que desde Brasil los colonos las perseguían para vender la carne y la grasa que eran muy costosas en el mercado negro. Su interés en la conservación de este reptil lo llevó a hacer una descripción de la región, que terminó con la creación, el 19 de octubre de 1987, del Parque Nacional más grande en su momento: el Cahuinarí, con 575.000 hectáreas.

La ayuda de su hermano Martín fue indispensable. En ese año era director de Asuntos Indígenas del gobierno de Virgilio Barco. Con el documento que había realizado para López, con el trabajo de campo de su hermano y con su experiencia de concertación con los indígenas, logró convencer al presidente de la importancia de promover la conservación de la Amazonia en manos de los indígenas.

Con ese enfoque, el 12 de mayo de 1988 entregaron a los indígenas el predio Putumayo: 6 millones de hectáreas en territorio del Parque Natural Cahuinarí, que su hermano Patricio había logrado crear. Semejante hecho, sin antecedentes en el continente, le valió el reconocimiento internacional. Un año después Barco entregó siete millones de hectáreas más en el Guainía.

El balance no podía ser mejor: los indígenas habían recibido 4'500.000 hectáreas durante el gobierno de López, 13'500.000 para resguardos durante el gobierno Barco, y 4'000.000 de hectáreas más que se convirtieron en parques naturales. En total, Colombia pudo completar 24'000.000 de hectáreas protegidas en el Amazonas gracias a esta labor.

Pero los logros no pararon ahí. Martín representó a Colombia en la firma del Convenio de Derechos de los Pueblos Indígenas y lideró las discusiones en las que participaron 120 países. Y luego, sus asesorías sirvieron para la inclusión de la política indigenista en la Constitución de 1991.

Mientras tanto, Patricio buscó otros rumbos. Quiso aislarse y se fue a buscar un sitio inexplorado para seguir sus estudios de biología. Se acordó de uno que había visto desde el avión y al que siempre había soñado llegar: el recién creado Parque Natural de Chiribiquete.

Durante un mes construyó una casa en medio de la selva e instaló un centro de estudios que duró 10 años. Allí llegaban cada año decenas de profesionales y estudiantes para hacer sus estudios y tesis de grado, inventariando plantas, aves, mariposas, cucarrones, hormigas y miles de especies animales y vegetales.

"Era el paraíso", recuerda Patricio con nostalgia, pues tuvo que salir de allí en septiembre de 2002, cuando las Farc le dijeron que no podían respetar el pacto de no agresión que había imperado antes. Al mes, supo que habían llegado 15.000 soldados en ofensiva militar. Al año siguiente, vio al presidente Uribe pasar las fiestas decembrinas con las tropas. Hoy, mientras logra su sueño de volver, trabaja en la recuperación de Serranía de la Macarena y del área protegida del Distrito en Usme-Sumapaz.

Martín se creó Coama, un proyecto para dar autonomía a los indígenas con escuelas comunitarias, sistemas de salud y gobierno propios. Por este trabajo, en 2000, recibió el premio Nobel Alternativo; en 2004, le entregaron la orden Arca Dorada y la semana pasada lo premió la Universidad de Oxford. Su trabajo de gobernabilidad y conservación en el Amazonas es hoy modelo para el mundo entero.