Los libros secretos de Jaime Lombana

El olor a papel añejo no le molesta cuando abre sus antiguos libros de Derecho. Al contrario, le trae a su memoria los recuerdos de aquellas apasionantes lecturas cuando era apenas un estudiante. Su colección lo ha acompañado a lo largo de toda su carrera y aunque se acuerda bien de lo que postulan, de vez en cuando recurre a ellos otra vez para concluir: "La sabiduría de los clásicos permanece y se complementa perfectamente con los autores contemporáneos".
Los libros secretos de Jaime Lombana

En esas páginas que el tiempo ha manchado de amarillo Lombana alimentó su avidez por la dogmática penal, la criminología y la psicología criminal, pasiones que han sido determinantes en su vida de jurista. Sus amigos y familiares descubrieron muy temprano que su afición por estos temas no era de poca monta y para complacerlo hicieron hasta lo imposible por regalarle ejemplares valiosos para su biblioteca. El esfuerzo de seres queridos y de él mismo valió la pena. Hoy en sus estantes reposan las obras de Jeremy Bentham, Francisco Carmignani, Francesco Carrara, Enrico Ferri, Giuseppe Maggiore, Vicenzo Manzini, Francesco Carnelutti, entre otros grandes autores del Derecho. Y es tan nutrida que puede ser la colección privada más completa del Derecho Clásico en el país y un tesoro invaluable para su dueño, un juicioso abogado de carácter recio que en sus más de veinte años de ejercicio cuenta con un currículo con algunos de los casos más sonados del Derecho Penal en Colombia en los últimos años.

El temple es la característica más evidente de su personalidad. Es un defensor aguerrido al que no le tiembla el pulso para hacer valer sus convicciones. Y quizás es por eso mismo que ha sido abogado personal del presidente Álvaro Uribe. Casos como el de Dragacol y Commsa confirman su lealtad frente al Estado y otros procesos como los soldados de la guaca y el niño Nicolás Espitia -quien murió en la piscina del Hilton de Cartagena-, dan fe de su compromiso con las causas que lo conmueven.

A Jaime Lombana le gusta escoger con detenimiento a sus clientes y tiene claro que no defendería a narcotraficantes ni a lavadores de dinero. En cambio a lo largo de todos estos años se ha dedicado a estudiar la psiquis del asesino, su naturaleza, lo que lo lleva a matar. Y por eso dice con convicción que defendería a alguien capaz de matar cuando le tocan a un hijo: "Me gusta defender casos con esos ingredientes".

Este año Lombana cumplirá veinte años de cátedra universitaria y lo celebrará con la realización de la quinta edición de las jornadas internacionales de Derecho Penal de la Universidad del Rosario, un espacio de conferencias donde se reunirá con reconocidos colegas europeos para analizar la corrupción en el país. Como docente se siente como pez en el agua y en las aulas recupera toda la adrenalina de sus años de estudiante. Dice que le gusta llevar a sus alumnos a la cárcel cada semestre, para que conozcan la realidad del hombre en prisión y para que reflexionen antes de cada decisión profesional.

Ahora que todo su tiempo está dedicado a resolver casos de penal financiero y administración pública, Lombana cuenta que extraña no tener más contacto con la psiquiatría criminal, un tema en el que se especializó en Bélgica y España.

Su día de trabajo se le va sin que pueda dedicar tiempo a las cosas que le gustan. Aunque ha escrito varios libros de Derecho, los procesos le han quitado la calma necesaria para seguir dedicado a la escritura.

Cuando está en su casa, revisa su antigua biblioteca no sólo en busca de argumentos para sus propios casos sino para inspirar a sus estudiantes. Pero lo que más añora es retomar sus libros clásicos, ese pasatiempo relegado que le sigue produciendo la misma emoción que cuando los abrió por primera vez.

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