En su punto de equilibrio

El presidente de Asofondos está convencido de que en la economía pasa como en el deporte: es mejor prevenir que curar. Y que como colombia ha hecho harto deporte, saldrá adelante de la crisis económica mundial.
En su punto de equilibrio

La crisis financiera no le ha hecho perder la calma a Santiago Montenegro. Todas las mañanas, antes de irse a trabajar, practica sagradamente sesiones de estiramiento que le ayudan a estar en contacto con la naturaleza y a evitar lesiones musculares.

Aunque la desaceleración económica por la que atraviesa el país no es nada fácil, el presidente de Asofondos es un convencido de que Colombia logrará sobrepasar los efectos del remezón financiera. Dice que el crecimiento que mostraron las AFP se dio gracias al manejo prudente de los fondos de millones de asalariados.

Es la misma prudencia que le gusta aplicar a su vida y a su salud: prevenir para después no tener que lamentar. Por eso las sesiones de ejercicios que realiza siempre al aire libre lo mantienen listo para las contingencias de un cargo tan delicado como el suyo, al frente de un gremio que maneja más de 70 billones de pesos y que representa el 14% del producto interno bruto nacional.

En medio de las enormes dificultades financieras del mundo, Montenegro afirma que el país se mantendrá estable debido a un panorama interno de fluidez del crédito financiero y una situación fiscal y financiera sólida de parte del gobierno.

Su positivismo se apoya en la posición estratégica que en Latinoamérica tiene Colombia, que según él lidera la lista de los países que crecerán en los próximos años junto a Perú, Chile y Brasil. “Colombia jugará un papel fundamental dentro de las dinámicas comerciales en los próximos años”.

Para contrarrestar el estrés diario de su trabajo, Montenegro disfruta del deporte y la vida sana, costumbres que adquirió en su Pasto natal. Allá donde se paseó a sus anchas por los volcanes Galeras, Cumbal y Azufral en compañía de sus hermanos, con los que solía apreciar la majestuosidad de los nevados andinos.

A Pasto va cada vez que su trabajo se lo permite y siente como si se devolviera en el tiempo: “Cuando voy a Pasto me siento en mi tierra, es ir a casa, es respirar el aire de la infancia, la mejor oportunidad para ver imágenes únicas, como escribió Aurelio Arturo: ‘una tierra donde el verde es de todos los colores’ ”.

Ese amor por los paisajes naturales lo lleva en el alma desde pequeño, alimentado por un sinfín de recuerdos de juegos, excursiones y paseos por el departamento de Nariño, que recorría desde Ipiales hasta la costa pacífica: “El viaje de Pasto hacia Tumaco es absolutamente espectacular”, afirma.

Y aunque ya no tiene las mismas oportunidades de caminarlo, cuando vuelve puede al menos saludar a los familiares y ver a los amigos de siempre al pie de las montañas que lo vieron crecer.

Con el acento pastuso todavía intacto, Montenegro reconoce que a pesar de llevar más de 20 años en Bogotá, Pasto le hace una falta enorme. Quizás por eso madruga todos los días a caminar, para evocar los tiempos de su infancia en Nariño y no sentirse tan lejos de su tierra.