Entrevista con el embajador de Japón Tatsumaro Terazawa

Aprendió español con María Kodama, es fanático del karaoke y en su juventud practicó las técnicas de espada de los samuráis. Además quiere escribir sobre Colombia.
Entrevista con el embajador de Japón Tatsumaro Terazawa

Descontando la parafernalia de los escoltas, el corredor blindado, el piso alto en la carrera séptima con avenida Chile y la gran oficina adornada con sus propias caligrafías enmarcadas, hay algo que infunde un gran respeto alrededor de este pequeño personaje vestido de azul rey y cruzado por una corbata azul turquí de pequeños elefantes plateados.

Sólo después de hablar con él se puede descifrar que tanta reverencia proviene de lo que esconde su silencio. Un hombre de 63 años que revela 40, un adolescente que desde el colegio decidió quién sería su esposa, un paciente que hace seis le ganó la batalla a un cáncer de estómago, un licenciado en leyes que pasó la mitad de su vida en el Ministerio de Finanzas de Tokio, un eterno aprendiz que aprendió español en Buenos Aires con María Kodama, la viuda de Borges, y un admirador de nuestro país que anda empecinado en escribir su propio libro que muestre lo que es Colombia, “un país muy joven con un gran potencial para el futuro, como lo era Japón después de la guerra mundial cuando comenzó a reconstruirse”.

Con el gran punto rojo de su bandera de fondo, el Embajador de Japón se confiesa fanático del karaoke y un practicante de la espada en retiro, un frustrado bailarín por no poder moverse como los colombianos, un admirador de Uribe, del general Santander, Patricia Janiot y Shakira, un crítico de la impuntualidad criolla y un miembro de la generación baby-boom preocupado con el envejecimiento de la población nipona, problema que sufre en su propia casa en donde tres de sus cuatro hijos ya profesionales no están interesados en casarse y mucho menos en tener hijos.

El retrato está casi completo y sin embargo me falta algo, algo se me escapa, la razón de fondo de verlo como una estrella. Lo miro mientras sonríe muy bien sentado sin desabotonarse la chaqueta, mientras me cuenta que su mayor extravagancia fue asumir el cargo diplomático en Colombia. A alguien se me parece ¿pero a quién? Me susurra que la gran enseñanza de su vida se la dio su abuelo cuando le dijo: “Compórtate siempre correctamente, así no tengas personas a tu lado, porque el sol y la luna siempre te están mirando”. ¡Eureka! Su reflexión cambia el decorado de la oficina y, como en un sueño, se llena de cerezos en flor. ¡Está resuelto el enigma! Ya sé por qué le tengo esta admiración de película: Tatsumaro Terazawa es la versión ejecutiva del gran director de cine Akira Kurosawa. Sólo le faltan las gafas oscuras. Otro punto a favor de este hombre tranquilo que en agosto se jubila y que habla con la dificultad y la elegancia de un samurái subiendo por unas escaleras empinadas.

¿Alguna vez se imaginó que iba a venir a este país?

¡Nunca!

¿Siempre ha estado en el mundo diplomático?

Del 75 al 78 estuve en la Embajada de Japón en Argentina, como secretario de la sección económica, luego estuve en el mundo financiero durante 34 años.

Si lo suyo son más los números que la diplomacia ¿por qué aceptó entonces?

¡Ahhh! Yo no sé… pero hace seis años sufrí cáncer de estómago y por eso me retiré del Ministerio de Finanzas. Después de recuperarme ya no tuve ganas de trabajar como funcionario y me propusieron la embajada.

¿El cáncer lo hizo pensar diferente?

Ya perdí la preocupación, el miedo, ahora mi vida es lo que queda, y Dios por fortuna me da este resto de existencia para contribuir a mi tierra y a mi pueblo en lo que yo pueda ayudar.

¿Qué fue lo primero que averiguó antes de venir a Colombia?

Fui a una librería en Tokio en busca de libros sobre Colombia. Pero no pude encontrar libros de economía o de historia o de política económica en general, vi en cambio muchos libros de droga, de guerrilleros, de secuestros, todos los temas malos, esa es mi impresión y busqué, busqué, y solamente encontré un libro que costaba 150 dólares, muy delgado, con el informe del Banco de la República. Yo pensé en aquel momento que mi tarea, como experto en los asuntos económicos, era presentarles a los japoneses la verdadera situación económica de Colombia, porque es verdad que es un país latinoamericano pero en el manejo económico históricamente Colombia es totalmente distinto. Es el único que no tiene hiperinflación de fondo de deuda externa, no hubo nacionalización de las empresas extranjeras y adoptó la apertura de su economía voluntariamente.

Después de conocerlo, ¿cómo lo define usted?

Es el mejor manejo económico del mundo.

¿El mejor manejo económico está aquí en Colombia?

Sí, hay muchos economistas aquí. Por ejemplo, el Ministro de Hacienda, el Director del Departamento de Planeación Nacional y el Gerente del Banco de la República no son políticos sino economistas muy serios. Las tres entidades más importantes del manejo económico tienen total autonomía, es una ventaja muy grande. El desempeño económico de Colombia ha sido muy bueno durante el siglo XX, la población aumentó... ¿Usted sabe cuántas veces creció de 1900 al 2000? Pasó de cuatro millones a 44 millones. Aumentó 11 veces y con un promedio de crecimiento del producto interno bruto de 5%, eso lo hace un país muy poderoso en cifras. Eso es lo que quiero presentarles a los japoneses. Colombia es un país especial, muy respetuoso, un país que maneja la política económica muy bien.

¿Qué podría aprender Colombia de Japón?

Pienso que Colombia debería estudiar cómo comenzó el Japón a desarrollarse después de la era de la Restauración Meiji, en 1868. Japón en ese entonces era un país en la etapa de la preindustrialización que fundamentó su política para el desarrollo enfatizando la educación básica para todo el pueblo. Después de 30 años de desarrollar esa política, el número de libros publicados en Japón superó a los publicados en Estados Unidos e Inglaterra. Esta historia sería muy útil para Colombia. Por esta razón, el Gobierno del Japón apoya a Colombia con la construcción de escuelas y bibliotecas. Ya hemos construido más de 150 escuelas y más de 100 bibliotecas públicas en las zonas más necesitadas del país.

Basado en su experiencia en ambos países, ¿qué podría aprender Japón de Colombia?

Japón podría aprender de Colombia el patriotismo de los colombianos. Los colombianos aman a Colombia y viven felices aquí; aunque el nivel de vida del Japón es más alto, los japoneses no se sienten tan felices como los colombianos con sus vidas.

¿Ya había venido a Colombia?

Sí, cuando fui Director General de Aduanas y Tarifas del Japón visité Colombia por un día para intercambiar opiniones con los funcionarios colombianos sobre la candidatura del Japón a la Organización Mundial de Aduanas; llegué por la tarde a El Dorado y salí por la mañana del día siguiente. Fue una estadía muy corta en el año 2000.

¿Cuál es la primera imagen que se le viene a la mente cuando habla de este país?

Colombia es un país muy joven y tiene gran potencialidad para el futuro. Es como Japón después de la guerra mundial, cuando se comenzó a reconstruir el país para iniciar el desarrollo.

¿Dónde aprendió español?

En Argentina. Desde 1975 hasta el 78 trabajé en la Embajada de Buenos Aires y durante ese tiempo estudié español.

¿Quién fue su profesor?

Una mujer muy linda, muy famosa, muy inteligente, usted la conoce, hoy es la viuda de Jorge Luis Borges, María Kodama. Ella es hija de un fotógrafo japonés que se enamoró y se quedó a vivir en Argentina. Cuando la vi en Buenos Aires el papá ya había muerto.

¿Algún consejo le dio María Kodama?

Fui un alumno muy malo, pero durante los tres años que me enseñó siempre me recalcó que al escribir hiciera la letra muy redonda.

Y al final ¿qué dijo ella, que había sido un buen alumno o no?

No sé, pero después de regresar al Japón en el 78, y durante casi treinta años sin usar el español en Tokio como funcionario del Ministerio de Finanzas, me olvidé casi cien por ciento del español, ahora tengo muchas dificultades para hablarlo.

¿Y después de lo de Buenos Aires, el nuevo cargo diplomático ha sido este?

Sí, nunca más.

Como buen oriental, ¿practica algún arte marcial?

Como estudiante practiqué kendo, que es un arte marcial con espada y es el arte marcial de los samuráis, pero actualmente no lo practico.

¿Qué le apasiona de su país?

Antes no lo reconocía, pero después de venir a Colombia me gusta mucho el cambio de estaciones de mi tierra. ¡Ahora las extraño muchísimo!

¿Cuál es su hobby?

Si me atrevo a mencionar alguno, sería la caligrafía. Aquí en Colombia la practico en mis ratos libres. También me gusta cantar con karaoke.

¿Por qué a los japoneses les gusta tanto el karaoke?

Porque en Japón la enseñanza de la música es muy popular, en las escuelas casi todos los alumnos saben leer el pentagrama y pueden cantar fácilmente cualquier canción.

¿Qué canción colombiana canta?

En español sé cantar Adoro o Bésame mucho, pero la mayoría de lo que canto es en inglés o en japonés.

Y algo nuevo que le guste...

Me gusta mucho bailar y concretamente bailar como los colombianos. Cuando visité Río de Janeiro fui a un teatro de samba y durante el intermedio de la presentación se podía bailar, entonces vi que los que bailaban muy bien eran colombianos. Antes de irme de Colombia quiero aprender a bailar como ustedes.

¿Y ya ha tomado clases?

Formalmente no, pero en Villavicencio aprendí joropo y en Cali salsa… aunque muy mal.

¿A qué personaje de Colombia le pediría un autógrafo o una foto con él?

Me tomaría la foto con el presidente Uribe (con quien ya tengo algunas fotos), con el general Santander, con Patricia Janiot, de CNN, y con Shakira.

¿Una lectura que sea importante en su vida, una película, un pintor, una enseñanza para todos los días?

Para mí ha sido muy importante la enseñanza de mi abuelo, quien siempre me dijo que aunque no haya personas a mi lado no debía hacer nada malo porque el sol y la luna siempre nos están mirando.

¿Cuándo y dónde es más feliz?

Me gusta visitar las aguas termales con mi familia; con mi papá, mi mamá y mis nietos, bañándonos y tomando sake, ¡así soy muy feliz!

¿Su ídolo de la juventud?

Yo leí un libro sobre la vida de Hideo Noguchi, un médico que dedicó su vida al estudio de la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales y ese libro me hizo pensar que quería ser médico, pero mi mamá me pidió que no estudiara medicina porque ella veía que yo era un hombre impaciente e impulsivo y que ella no estaría tranquila si yo fuera médico. Por eso no estudié medicina, estudié leyes y cuando fui director general de Finanzas Públicas del Japón, hice un billete de 1.000 yenes con la foto de Hideo Noguchi.

¿Qué le hace falta a Colombia?

Les hace falta el sentido de la puntualidad. Creo que la falta de puntualidad está afectando negativamente la eficiencia de la economía colombiana. No piensan en las otras personas, siempre piensan sólo en sí mismos. Y además no dicen “disculpa, perdóname”. Diez o veinte minutos tarde es lo normal.

¿De dónde viene la puntualidad japonesa?

En Japón hay cultura rural de nuestros campesinos que siempre respetan trabajar juntos para cultivar arroz. Ellos siempre piensan de qué hora a qué hora siembran para que las personas de los otros turnos puedan trabajar en otras cosas. Ese es el origen de la puntualidad. Si uno se demora en llegar, afecta mucho a otras personas… esa es nuestra tradición. Por ejemplo, el tren bala gasta dos horas y media de Tokio a Osaka. Hace un tiempo hubo un accidente muy grave porque el chofer del tren se atrasó un minuto, entonces aumentó la velocidad y se salió en una curva. Un minuto de demora fue algo muy grave.

Una profesión en la que jamás se desempeñaría.

¡La de sacerdote! No puedo enseñarles a otras personas la disciplina de la vida. La enseñanza de mi paso por Buenos Aires es que la vida es para disfrutarla.

¿Y en Japón la vida es para qué?

Para cumplir una misión.

¿Qué talento le gustaría tener?

Me gustaría tener el talento para tocar un instrumento musical. Cuando fui estudiante en la escuela primaria les pedí a mis padres que me compraran un violín, pero ellos dijeron que no. Eso todavía es mi sueño, tocar violín.

¿Dónde le gustaría pasar sus últimos días?

En mi ciudad natal, Masuda, en Shimane, Japón. Es una ciudad muy pequeña, muy linda y campestre. Es verde y en otoño se pone roja. Antes, cuando era estudiante, en las vacaciones de verano paseaba alrededor de los sembrados de arroz y en la noche era totalmente oscuro pero lleno de luciérnagas.

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Asumir el cargo de Embajador del Japón en Colombia.

¿Qué le quita el sueño?

Muy pocas cosas me desvelan, pero me preocupa el futuro del Japón. El envejecimiento del Japón es el número uno del mundo, está perdiendo vitalidad, y como yo pertenezco a la generación del baby-boom, en el futuro la sostenibilidad del sistema pensional es algo muy preocupante.

¿Qué cree que está sucediendo?

Es una tendencia común en los países desarrollados. Todas las mujeres y los hombres tienen una educación muy alta, entonces ellos sólo quieren trabajar, la oportunidad de casarse baja y aunque se casen no quieren tener bebés. Prefieren un ascenso a tener un hijo.

¿Usted tiene hijos?

Sí, cuatro.

Cuatro hijos es un buen ejemplo.

¡Ohhhh, sí! Pero no quieren casarse. Una nada más, una hija ya se casó y tiene dos bebés, por eso tenemos dos nietos, pero los otros no quieren. Tienen mucho dinero y están pensando en comprar casa sin casarse. Cuando yo era joven el nivel salarial era muy bajo pero ahora aumentó mucho y ellos no tienen ningún problema económico pero no quieren casarse.

¿Qué extraña de su país?

El arroz con pescado fresco.

¿Cuál es su característica más marcada?

Decidir cualquier cosa enseguida. Por ejemplo, cuando conocí a mi esposa teníamos 15 años e inmediatamente que la conocí, supe que ella sería mi esposa. Y así sucedió diez años después.

¿Qué es lo más frustrante de su trabajo?

La falta de velocidad, los procesos muy lentos…

¿Y lo mejor?

Que ahora hay muchos avances para desarrollar y estrechar aún más las relaciones entre Japón y Colombia.

¿Qué les diría a los colombianos sobre Colombia?

Que los primeros emigrantes japoneses llegaron a Cali buscando el Paraíso escrito por Jorge Isaac en su novela María. Y que si se disminuye la tasa de pobreza este país podría ser ese paraíso.

¿Hasta cuándo está en nuestro país?

En agosto de este año vuelvo a Japón.

¿Y qué va a hacer cuando llegue nuevamente a Japón?

Ser jubilado.

¿Pero qué quiere hacer de jubilado?

Quiero escribir un libro sobre Colombia. Porque hay muchos libros con impresiones de Colombia (guerrilla, drogas, secuestro) pero no que expliquen lo que es Colombia.

¿Usted cree que se lleva toda la información para ese libro?

Estoy estudiando ahora, todavía me faltan seis meses.

En el caso hipotético que se viniera a vivir a Colombia, ¿qué lugar le gustaría?

Depende de la situación. Después de jubilarme escogería el centro de Bogotá porque es muy conveniente para cualquier cosa, pero para descansar preferiría la naturaleza, el aire fresco y la tranquilidad de la zona campestre de Paipa.