Gustavo Álvarez Gardeazábal, "Nunca había tenido tanto poder"

Viajamos hasta Tuluá para visitar al hombre que, sin salir de su casa, es el periodista mejor informado del país. Ejerciendo un periodismo extraño de clausura, este controvertido personaje ha ganado gran influencia desde hace más de tres años en el tradicional programa radial La Luciérnaga. Nos recibió días después del extraño robo de información de que fuera víctima. De puertas para adentro.
Gustavo Álvarez Gardeazábal, "Nunca había tenido tanto poder"

¿Qué fue lo que pasó? ¿Fue un robo, una amenaza, una advertencia, qué fue?

Fue un asalto armado con fines precisos y específicos, con mucha gente muy armada con pistola 9 milímetros, porque fundamentalmente abrieron archivadores en un clóset donde guardo documentos de La Luciérnaga. Yo no vi cómo lo hacían porque me dejaron primero en un asiento y después me encerraron en un baño junto con la empleada.

¿Cuánto duró el asalto?

Duró 20 minutos y si hubiesen preguntado por alguna información precisa, yo se las habría dado con mucho gusto o les habría recomendado que oyeran La Luciérnaga.

¿Qué se llevaron?

Tres computadores, uno viejo que había fundido un rayo, además del computador en el cual trabajaba el bibliotecario que tengo digitalizando todos mis textos y todos mis escritos. Había hecho un backup hacía 15 días de manera que lo que se perdió fue el trabajo de 15 días. También se llevaron el computador oficial de La Luciérnaga que para más risa hacía nueve días lo había comprado, es decir que no tenía casi nada.

¿Usted veía venir algo así?

Siempre temí que se entrara algún grupo armado -de tantos que hay en Colombia- cuando yo estuviera transmitiendo y me obligara a decir cosas.

¿Qué hora era?

La 1 y 20 de la tarde. Estaba invitado a almorzar nada más ni nada menos que don William Vélez Sierra, por eso sé que fue después de la 1:18, cuando él me llamó desde el aeropuerto a decir que se demoraba en llegar. El temor mío era que llegara él con sus escoltas. En el enfrentamiento se habría formado la balacera y me habrían matado. Finalmente, llegó cuando ya estos señores habían salido.

Conclusión de este episodio...

Que no sé nada, que está más enredado que cuando comenzó y que me deja muy preocupado porque el oficio de trabajar en La Luciérnaga es divertido, es dispendioso pero no era peligroso.

Y la conclusión de todos los generales que lo han visitado.

De asombro y de fastidio por lo que puede haberles tocado, y como dentro de la explicación que dio la Dijín apareció un carro del Ejército, con mayor razón.

Bueno, pero son los riesgos de su vida en retiro. ¿Por qué trabaja así, ejerciendo el periodismo de clausura desde Tuluá?

Fundamentalmente la culpa la tiene el corazón, yo tengo una falla cardíaca, tengo una dilatación de la aorta ascendente y tengo hemoglobina de ciclista tramposo.

¿Eso qué quiere decir?

Que si voy a Bogotá, me muero; que si viajo en un helicóptero que no esté presurizado, ahí quedo; entonces eso me fue limitando bastante mis movimientos y cuando Caracol me buscó les dije no podía viajar a Bogotá, yo lo máximo que hago es ir a Cartagena y a veces a Medellín a chequeos médicos.

¿Cómo hace para estar tan bien informado?

Yo diría que tengo una red nacional de informantes. Me pasé muy buena parte de mi vida dictando conferencias en todo el país y ayudándole a mucha gente y todos me llaman y me cuentan. También leo mucho y me entregan muchos informes y como viene tanta gente, pues entonces los nexos se van aumentando en una cadena interminable.

¿Cómo es eso de que usted atiende de gurú?

Lo que pasa es que a mí me consultan industriales, economistas, profesores universitarios, generales, políticos y parece que la capacidad de análisis que tengo me permite hacer unas cosas objetivas y acertadas y esa buena fama se va dando de boca en boca. Estoy dando citas para dentro de mes y medio porque no puedo, no tengo más tiempo, solamente puedo atender una vez al almuerzo. Antes a veces rompía la norma y atendía en la comida a gentes que viven en ciudades cercanas, pero ahora con este problema de los niñeros (sus nuevos escoltas) que me están cuidando, no sé cómo voy a hacer.

¿Cuál fue su última asesoría?

No, yo no hago asesorías, yo digo, porque si hiciera asesorías viviría de ello, entonces no estaría trabajando en La Luciérnaga.

¿La Luciérnaga qué tanto cambió su vida?

Totalmente, porque ya estaba en un plan de retiro, pensaba escribir mis memorias y ahora tengo que escribir todos los días un libreto.

¿Sus papás viven?

Mi padre murió hace 15 años y mi madre vive conmigo y padece desde hace 14 años alzheimer, y sólo responde a los estímulos de mi voz, ella ya no reconoce a nadie y me he vuelto casi que un experto, he dictado conferencias en congresos para contar todo lo que he observado en el transcurrir de esta terrible enfermedad.

¿Le hubiera gustado que ellos lo vieran en esta etapa de su vida?

Mi padre, Evergisto Álvarez, habría gozado muchísimo, porque él era un paisa enternecido, siempre creyó que su hijo podía hacer algo, el día que más gozó fue el día que supo que yo escribía columnas en El Colombiano. Lo demás le importó muy poquito, se opuso a veces a que yo fuera Alcalde o político porque decía que yo estaba desperdiciando la inteligencia. A lo mejor hasta tenía razón.

¿Cómo se salvó para que no le pusieran el nombre de su papá?

Eso no sale sino en el Almanaque Bristol. Me salvé porque mi mamá es tulueña, Gardeazábal, hija de un humanista, y entonces ella sí sabía establecer las diferencias.

¿A qué le teme?

Ahora con este asalto desalmado me di cuenta que de verdad no existe en mi diccionario la palabra miedo.

¿Y quiénes le temen?

No sé, pero parecería que todos aquellos que la han embarrado creen que yo voy a contar la embarrada.

¿No le hace falta estar con el combo completo de La Luciérnaga en cabina?

Las pocas veces que lo he hecho, en Cartagena o en Cali, gozo muchísimo porque yo soy además de tolerante, chistoso y generoso y a esta edad, pues uno ya no tiene los recelos que se tienen a otra edad acerca de dignidad o cosas parecidas.

¿Quién no le pasa al teléfono?

Hasta ahora nadie se me ha negado.

¿Uribe le pasa?

Sí, claro, con él hablo a menudo y en esta crisis se ha manifestado hondamente preocupado, tenemos una amistad muy vieja desde mucho antes de que él fuera importante.

¿Las conversaciones con Uribe son gratas o incómodas?

No son siempre muy gratas, hubo una época que me llamaba siempre los domingos que era como la época del arrepentimiento, eso le decía yo.

Comparado con los anteriores, ¿Uribe es uno de los presidentes más mediáticos?

Era la negación de los medios, les tenía pánico, durante el primer mes costó mucho trabajo que se parara frente a las cámaras. Después se convirtió en el presidente más mediático. Claro que yo pienso cómo gozaría un personaje como Guillermo León Valencia con los medios de ahora, porque fue el más colombiano de todos los presidentes que hemos tenido porque era hablador, gocetas, bebedor y putañero.

Dígame una fortaleza de Uribe con los medios.

Su tono es tan absolutamente hibrido entre lo angelical y lo paternal que a nadie le provoca reacciones negativas.

Y una debilidad.

Que cuando se enoja le queda muy mal porque rompe todos los esquemas.

Cambiemos de tema y de encierro. ¿Por qué estuvo en la cárcel?

Porque tenían miedo de que yo fuera candidato presidencial.

¿Quiénes?

Los que sabían que yo iba a sacar muchos votos.

¿Y el lío con la venta de una obra de arte?

No, no, fundamentalmente era eso la cosa política, el resto son disculpas como todas las de este país.

¿Qué aprendió de su carcelazo?

A olvidar, a olvidar.

Hablemos de su otra reputación. Como escritor, ¿cuál es su gran orgullo?

Cóndores no entierran todos los días, soy su autor y en mi tumba en el Cementerio Libre de Circasia, el único epitafio dirá "Cóndores no entierran todos los días. Gustavo Álvarez Gardeazábal".

¿Y en qué va el oficio de escritor?

Ahí sigue, para la Feria del Libro saldrá La resurrección de los malditos, una novela que seguramente causará gran espanto, dolor y llanto. Tendrá una combinación de factores, entre el tema del narcotráfico del Norte del Valle y los sentimientos religiosos que se puedan tener al asumir la vida.

Pasemos a su reputación como político.

La aventura mía comienza desde el 78 con el Movimiento Cívico de Pardo Llada y termina con la Gobernación del Valle en 1998. Afortunadamente por mandato legal no puedo volver.

Y con respecto a su reputación gay, ¿cuándo salió del clóset?

No, yo no salí porque nunca estuve metido en un clóset, yo le presto la llave a mucha gente pa' que salga del clóset.

Muchos políticos hablan sobre los derechos de los gays, pero como un tema ajeno a ellos.

Uno supone que debe existir por lo menos el 10% de los congresistas de Colombia metidos en sus clósets, de pronto es un porcentaje mucho más alto, pero no son capaces de sobreponerse a la pacatería, siguen siendo monjas vicentinas que creen que debajo de la toga nadie los ve haciendo lo que todo el mundo sabe que hacen.

¿Dónde quedó el graduado en Letras de la Universidad del Valle?

Es que todo lo que yo he hecho en mi vida se acabó, me enseñaron aritmética, que eso ya no existe; a mí me enseñaron los quebrados, ahora existen son los conjuntos; a mí me enseñaron geometría y trigonometría, que eso ya no se enseña, y estudié Letras en la Universidad del Valle, que ya no existe, era solamente Literatura.

¿Qué va a hacer con los escoltas?

Administrarlos porque no me queda más remedio.

En las clases de periodismo usted sería un mal ejemplo con eso del periodismo de clausura, cuando todos enseñan que hay que salir a buscar la noticia.

Como lo he sido de casi todo en mi vida, soy la negación de la teoría periodística. Muchos han venido a preguntarme lo mismo y yo les digo que yo no salgo a buscar la noticia, la noticia viene a buscarme a mí.

Un imán que le dio La Luciérnaga.

Yo fui elegido muchas veces, y fui elegido con una cantidad abrumadora de votos. Y he sido alcalde, gobernador, concejal, diputado, muchas cosas, y nunca había tenido tanto poder, esto sí es poder.

¿Y en la radio no hay problemas de reelección?

El problema es que lo despidan a uno, mi contrato es por 48 horas y así lo firmé: si me quiero ir, yo aviso con 48 horas, y si ellos quieren salir de mí, también 48 horas, punto y adiós.

Su eslogan de batalla.

Yo jodo mucho con una frase: "Muchas veces una chucha mata a un perro".

¿Hoy qué lo sorprende?

Que ahora les ha dado por llamarme Patriarca, eso sí es bien extraño.

¿Quién lo escucha... fuera de la radio?

Mi amante, Alfredo Saldarriaga, y a veces algunos amigos que tengo que me han acompañado casi toda la vida.

 

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