José Gabriel Ortíz, "Si naciera de nuevo no volvería a hacer lo mismo"

Si tuviera que sacar su propio clasificado diría: “Lo mío es hablar”. Ese es su estilo, así se “echó al agua” en la televisión con un talk show exitoso que estuvo al aire de 1998 al 2007, y ahora está de regreso en el canal Caracol con todos los fierros, en El programa de José Gabriel, todos los viernes a las 11:00 p.m. Vuelve y juega el anfitrión de la noche con sus invitados y sus “bagrecitos”.
José Gabriel Ortíz, "Si naciera de nuevo no volvería a hacer lo mismo"

En los bolsillos de su chaqueta de cachaco, nacido en la clínica Marly, no pueden faltar su iPhone y su pañuelo blanco. Lo de su estilógrafo Mont Blanc es otra historia, lo acaba de mandar al exilio de las cosas inútiles y todo porque se le dañó la tapa y en el almacén de la marca el repuesto sobrepasaba los 400.000 pesos de moneda corriente. No tuvo más remedio que reemplazarlo por un Pelikan de-sechable, punta fina, y quedarse con la anécdota de que ese esfero tiene 35 años, la edad de su primer hijo, Andrés, con su primera esposa, María Elvira Samper.

“El rey de la fiesta”, como le decía su ex, ha regresado a la televisión, la pista de baile que descubrió hace 11 años y en la que se roba el show a los 62 como en sus primeras fiestas en el Gimnasio Campestre. Las cuentas en su vida no acaban, ya va por su segunda esposa, su tercer canal y hace tres meses le regalaron un reloj más para su colección, esta vez para declararlo el hombre Bulova. De nuevo en su cuarto de hora.

¿Cuántas veces va al salón de belleza al mes?

No, nunca, viene Daniel, un peluquero aquí a mi casa a ‘peluquiarme’, es un viejito opita notable. Yo tengo mis tijeras, mis peinillas y mi barbera. Es que soy medio asquiento.

¿Eso de ser asquiento aumenta con los años?

Se recrudece sí, sí.

¿A qué más le tiene asco?

Por ejemplo a jalar la manija de un sanitario. 0, por ejemplo, si estoy en un evento público y doy mucho la mano y, por desgracia, no existe un lavamanos cerca ¡yo no sé qué hacer con las manos así!

Frente al espejo y de corazón, ¿eso de ser tan encantador no es sospechoso?

Como decía alguien “esos que tienen sonrisa fácil deben ser unos hijue#*&%”. Lo que pasa es que van a decir que no tengo modestia, pero si le pregunta a la gente que trabaja conmigo, mis empleados reconocen que yo soy así siempre, en la casa soy así, con mis hijos soy así.

¿Y qué opina de eso su ex?

¡Ahhh! María Elvira Samper, ella se burla un poco porque siempre me decía cuando estábamos casados y terminábamos una fiesta a las cinco o seis de la mañana y yo me tomaba unos tragos y tal, entonces al día siguiente ella se burlaba y me decía “y cómo amaneció ‘el rey de la fiesta’?”.

¿Tiene sus momentos de no ser encantador y se esconde como las vedettes?

Sí, no soy neurasténico pero me angustio mucho con las cuestiones económicas, como cuando estoy un poco estrecho de plata.

Ahí se pierde el encanto.

Más que el encanto, me pierdo completo.

¿Y dónde se refugia?

En mí mismo.

¿Más exactamente dónde?

En mi estudio, ese es mío, ahí no entra nadie, ese estudio es mío.

¿Detrás de algún libro?

Más que de libros de la música, soy melómano.

¿Detrás de qué compositor?

De Johann Sebastian Bach, ese es mi gran amigo. Si me preguntan ¿a quién quiero entrevistar en el cielo? Yo digo que a mi papá, a mi mamá y a Bach, el resto de la gente me tiene sin cuidado.

¿Qué es lo primero que hizo en la vida por plata?

Carajo, yo nunca hice nada por plata, soy la persona menos negociante que hay.

¿Y su primer sueldo?

Ya graduado de ingeniero industrial en los Andes le acepté a Guillermo Perry, que era el director de Planeación Nacional, trabajar en una cosa que se llamaba Unidad de Investigación Operacional.

¿Y qué le tocaba hacer?

Yo me encargaba de mirar y controlar todo el presupuesto de funcionamiento de la nación, manejaba estados financieros, balances y P y G y todas esas cosas jartísimas.

¿De cuánto era su primer sueldo?

Nada más y nada menos que de cuatro mil pesos mensuales.

¿Estamos hablando de qué año?

Eso era en 1972, el año de mi matrimonio con María Elvira Samper. Yo me casé en marzo y comencé a trabajar en enero en Planeación Nacional. Me acuerdo que mi ex señora se ganaba dos mil como profesora de Filosofía en el colegio Colsubsidio.

¿Y con los dos mil de ella y los cuatro mil suyos para qué alcanzaba?

Carajo, a duras penas para pagar el arriendo de un apartamentico en el Polo Club de Bogotá. También para el mercadito que hacíamos en una granja de unos alemanes, en la calle 100 con avenida Suba, era un ranchito que fue creciendo… Era la prehistoria del Pomona de hoy.

¿Alcanzaba el presupuesto

para rumbear?

Alcanzaba, sí. Había una cosa que se llamaba La Discotheque que fue la primera discoteca que hubo en Colombia, que era de Juan Bernando Sanint, Enrique Santos Calderón y un tipo Casas, eso era lo más selecto del mundo y quedaba en la carrera 13 con calle 43.

Hábleme de su familia

Papá era un ‘cachacazo’, se llamaba Gabriel Ortiz, él era un arquitecto empírico pero, en el fondo, fue cafetero porque su abuelo tenía una hacienda más o menos grande de café en Viotá y papá la manejó toda la vida. Ese sí era un hombre muy sociable, lo llamaban ‘tumbalocas’ y tenía mucho éxito con las mujeres. Papá se casó con mi mamá, Inés, de apellidos Robledo Mejía Jaramillo Jaramillo, muy paisa. Tengo dos hermanas mayores que yo y eso somos.

Entonces usted es el menor.

Mis hermanas son diez y doce años mayores que yo.

¿Viven?

Viven las dos y somos muy unidos.

¿Cómo se llama la mayor?

Se llama María Inés y la que le sigue se llama Martha.

¿Cuál era la gran preocupación

de su papa con usted?

La preocupación de papá es que no me fuera a estrellar. Yo tenía un “yipcito” que él me regaló, un Land Rover, eso nos parecía lo máximo porque él era Ortiz Williamson, la bisabuela nuestra era inglesa, entonces él vivía orgullosísimo de que el Land Rover era inglés.

¿Nada más?

Yo no le di muchas preocupaciones a mi papá. Terminé estudiando Ingeniería Industrial un poco por darle gusto, porque como en el colegio, el Gimnasio Campestre, era bueno para las matemáticas, papá me dijo “chino, tú tienes que estudiar ingeniería por los números”. Hoy estudiaría otra cosa.

¿Qué estudiaría?

Tengo un gran dilema entre arquitectura y diseño industrial. Me fascina la arquitectura pero también vivo obsesionado con que muchas cosas en la vida están mal diseñadas. Yo no entiendo cómo llegamos a la Luna y no hemos diseñado un lavamanos donde uno no tenga que usar las manos para abrir la llave, porque si uno abre la llave con las manos sucias, cuando la cierre las manos vuelven a estar sucias.

¿Le hubiera gustado ser

un poquito más rebelde?

De pronto sí, de pronto sí, si no me hubiera gustado casarme tan temprano. Mejor dicho, si naciera de nuevo no volvería a hacer lo mismo. Quién sabe dónde estaría. En resumidas cuentas me hubiera fascinado haber sido rebelde y no lo fui, pero en la vida terminé curiosamente no siendo rebelde sino haciendo unas cosas absurdas como esas que estoy haciendo hoy en día en la televisión.

¿Pero qué relación hay entre su falta de rebeldía y en casarse tan temprano?

Porque yo estaba de novio de María Elvira Samper, una niña estupenda, inteligente, linda, de buena familia, sistyle="background-color: #edf5fa">¿Qué estudiaría?

Tengo un gran dilema entre arquitectura y diseño industrial. Me fascina la arquitectura pero también vivo obsesionado con que muchas cosas en la vida están mal diseñadas. Yo no entiendo cómo llegamos a la Luna y no hemos diseñado un lavamanos donde uno no tenga que usar las manos para abrir la llave, porque si uno abre la llave con las manos sucias, cuando la cierre las manos vuelven a estar sucias.

¿Le hubiera gustado ser

un poquito más rebelde?

De pronto sí, de pronto sí, si no me hubiera gustado casarme tan temprano. Mejor dicho, si naciera de nuevo no volvería a hacer lo mismo. Quién sabe dónde estaría. En resumidas cuentas me hubiera fascinado haber sido rebelde y no lo fui, pero en la vida terminé curiosamente no siendo rebelde sino haciendo unas cosas absurdas como esas que estoy haciendo hoy en día en la televisión.

¿Pero qué relación hay entre su falta de rebeldía y en casarse tan temprano?

Porque yo estaba de novio de María Elvira Samper, una niña estupenda, inteligente, linda, de buena familia, sin ni un defecto, entonces yo decía “cómo no me voy a casar con esta niña”. Ya había tenido algunas noviecitas ahí del colegio y tal, pero la única niña formal con la que salí fue con María Elvira y con ella me casé a los 25 años.

¿Y usted cree que eso fue también por ese perfil obediente?

Pues hombre, no tanto por obediente sino por muy racional. No tenía yo un motivo serio, un motivo de fondo, un motivo profundo para NO casarme con María Elvira Samper: era una niña linda, a mí me gustaba, inteligente, juiciosa, perfecta, de magnífica familia.

Si se hubiera salido de esa autopista racional, ¿qué le hubiera gustado hacer? ¿Qué locura no hizo en esa época?

Vivir un tiempo por fuera, en Europa, me hubiera fascinado vivir con una mujer antes de casarme pero eso en mi época no se estilaba, los que lo hacían eran unos dementes.

¿Cuándo deja de ser tan racional?

Cuando me separo de María Elvira en 1878, me digo “ya que hijue#*&, hagamos lo que me dé la gana”.

Pero reincidió con el matrimonio.

Sí, claro, desde 1986 estoy casado con Diana van Meerbeke y con ella tengo dos hijos, Gabriel y María.

¿Hubo una segunda oportunidad de hacer plata?

Cuando los dueños de la Sabana de Bogotá descubrieron que sus tierras –que eran totalmente improductivas, con unos hatos de leche pendejos– podían meterse en el negocio de la floricultura. Había toda la tierra y toda la capacidad de producir toda la flor que se quisiera para exportar a los Estados Unidos, pero no había cómo llevarla porque había un problema critico de espacio en los aviones, para eso se fundó una cosa que se llamaba Colflores y otra vaina que se llamaba Colcarga y todo eso desembocó en Asocolflores, entonces me llaman a mí para ayudar a montar esa asociación y de bruto, fíjese que yo no sé hacer plata, no entré en el negocio sino como vil empleado. Duré tres años ahí manejándolo y luego me dio por montar una comercializadora con un amigo. No nos “totiamos” nunca, pero no conseguimos plata.

¿Y entonces?

Cerramos esa vaina y me llama Felipe López, amigo de toda mi vida, y me dice “hombre, vamos a licitar una programadora de televisión, Programar Televisión, usted por qué no viene aquí de Gerente”. Armé la licitación, nos la adjudicaron y montamos un noticiero y tres o cuatro programas más. La estrella no era yo, era Juan Guillermo Ríos, el personaje que tuvo el rating más alto cuando anunció que iba a renunciar al aire.

Después de lo de Programar ¿qué más hizo para ganarse la vida?

Ahí Juan Manuel Santos, que era el Ministro de Comercio Exterior, en plena euforia con el 5-0 de Colombia-Argentina, me ofrece irme a manejar la oficina de Proexport en Madrid, España. Yo me encargaba de toda la parte del comercio exterior con la Europa occidental. Allá estuve cuatro años y volví a Colombia porque se acabó la ‘chanfa’.

¿Y luego?

Me meto mucho a la parte de plásticos y comienzo con un negocio que monté –modestia aparte, muy exitoso– de hacer envases plásticos para los aceiteros y para algunos laboratorios, hasta que surge la oportunidad de hacer televisión en RCN. Comencé con Yo, José Gabriel en 1998 hasta 2007, exactamente eso fue lo que duré en RCN.

¿Por qué se acabó Yo, José Gabriel? ¿Qué pasó?

Es que yo estaba aburrido de salir tan tarde. Todo el mundo en la calle me regañaba por trasnochado. Llegué a salir, con la guerra esa del rating, a las doce y cuarto de la noche. Era horario de “fufuruchas” y de porteros. Después me voy al Canal Uno que resultó ser un ensayo “chimbo”.

Pasar de rey en canal grande a mendigo en canal chico, eso debe de dar duro, ¿o no?

Sí, sí, no lo puedo negar, me dio duro, muy duro, ese programa como tal duró tres meses, pero yo había firmado un contrato blindado por dos años y medio.

¿Y duró eso?

Duraron pagándome eso. Me han podido poner a barrer las oficinas de CM& o de RTI o a mover cables si querían, o hacer fotografías para Semana.

Y como buen caballero vuelve y repite. ¿Ahora cómo se va a llamar su programa?

Se va a llamar así, El programa de José Gabriel, simplemente para no pelear porque ni RCN ni yo nunca registramos la marca Yo, José Gabriel.

¿Y cómo va a ser?

Muy parecido, lo único que tiene de verdad distinto, aparte del fondo de ciudad, el entrevistador a la derecha y la orquesta son tres espacios: el escritorio o la mesa; una salita para cuando lleve a las cinco finalistas del Concurso Nacional de Belleza; y una especie de bar, tres ambientes para tres personajes distintos.

¿Usted vio la película El desafío: Frost contra Nixon? Si Frost le sacó la confesión a Nixon ¿usted sería capaz de sacarle algo parecido a Samper?

Ay, me fascinaría, pero él nunca va a confesar nada.

¿José Gabriel, podría sobrevivir sin trabajar en la televisión?

No, no, curiosamente no, hacer el programa es una entrada para mí importante. Cuando comencé no, cuando comencé podría haber dicho no cobro.

Muchos que lo ven tienen la impresión de que su vida ha estado resuelta desde siempre.

Qué lejos están de la realidad, yo la he batallado.

¿Usted no es millonario?

No, no, no qué carajo, esta casita que usted ve es del Banco de Colombia y la estoy pagando.

¿No hubo herencia?

Mi padre murió y nos dejó tres propiedades en el barrio Teusaquillo, se vendieron por centavos y eso dividido entre tres no es nada.

¿Y ahorros?

A duras penas.

¿Cuál es el futuro de José Gabriel?

Mi futuro es ya, yo espero durar unos años más haciendo este programa, espero que funcione, espero que sí.

¿Y hasta cuándo, entonces, el show debe seguir?

No sé, eso lo dirán tantas cosas, el público, el rating, la pauta publicitaria, la situación económica...

¿Cómo se imagina su retiro?

Con un baloto.

Bueno, lo de Juan Pablo Montoya es correr, lo de Camilo Villegas es atinar, ¿lo suyo qué es?

Hablar.

Si en su oficio, Mongramar Televisión, usted por qué no viene aquí de Gerente”. Armé la licitación, nos la adjudicaron y montamos un noticiero y tres o cuatro programas más. La estrella no era yo, era Juan Guillermo Ríos, el personaje que tuvo el rating más alto cuando anunció que iba a renunciar al aire.

Después de lo de Programar ¿qué más hizo para ganarse la vida?

Ahí Juan Manuel Santos, que era el Ministro de Comercio Exterior, en plena euforia con el 5-0 de Colombia-Argentina, me ofrece irme a manejar la oficina de Proexport en Madrid, España. Yo me encargaba de toda la parte del comercio exterior con la Europa occidental. Allá estuve cuatro años y volví a Colombia porque se acabó la ‘chanfa’.

¿Y luego?

Me meto mucho a la parte de plásticos y comienzo con un negocio que monté –modestia aparte, muy exitoso– de hacer envases plásticos para los aceiteros y para algunos laboratorios, hasta que surge la oportunidad de hacer televisión en RCN. Comencé con Yo, José Gabriel en 1998 hasta 2007, exactamente eso fue lo que duré en RCN.

¿Por qué se acabó Yo, José Gabriel? ¿Qué pasó?

Es que yo estaba aburrido de salir tan tarde. Todo el mundo en la calle me regañaba por trasnochado. Llegué a salir, con la guerra esa del rating, a las doce y cuarto de la noche. Era horario de “fufuruchas” y de porteros. Después me voy al Canal Uno que resultó ser un ensayo “chimbo”.

Pasar de rey en canal grande a mendigo en canal chico, eso debe de dar duro, ¿o no?

Sí, sí, no lo puedo negar, me dio duro, muy duro, ese programa como tal duró tres meses, pero yo había firmado un contrato blindado por dos años y medio.

¿Y duró eso?

Duraron pagándome eso. Me han podido poner a barrer las oficinas de CM& o de RTI o a mover cables si querían, o hacer fotografías para Semana.

Y como buen caballero vuelve y repite. ¿Ahora cómo se va a llamar su programa?

Se va a llamar así, El programa de José Gabriel, simplemente para no pelear porque ni RCN ni yo nunca registramos la marca Yo, José Gabriel.

¿Y cómo va a ser?

Muy parecido, lo único que tiene de verdad ocio que monté –modestia aparte, muy exitoso– de hacer envases plásticos para los aceiteros y para algunos laboratorios, hasta que surge la oportunidad de hacer televisión en RCN. Comencé con Yo, José Gabriel en 1998 hasta 2007, exactamente eso fue lo que duré en RCN.

¿Por qué se acabó Yo, José Gabriel? ¿Qué pasó?

Es que yo estaba aburrido de salir tan tarde. Todo el mundo en la calle me regañaba por trasnochado. Llegué a salir, con la guerra esa del rating, a las doce y cuarto de la noche. Era horario de “fufuruchas” y de porteros. Después me voy al Canal Uno que resultó ser un ensayo “chimbo”.

Pasar de rey en canal grande a mendigo en canal chico, eso debe de dar duro, ¿o no?

Sí, sí, no lo puedo negar, me dio duro, muy duro, ese programa como tal duró tres meses, pero yo había firmado un contrato blindado por dos años y medio.

¿Y duró eso?

Duraron pagándome eso. Me han podido poner a barrer las oficinas de CM& o de RTI o a mover cables si querían, o hacer fotografías para Semana.

Y como buen caballero vuelve y repite. ¿Ahora cómo se va a llamar su programa?

Se va a llamar así, El programa de José Gabriel, simplemente para no pelear porque ni RCN ni yo nunca registramos la marca Yo, José Gabriel.

¿Y cómo va a ser?

Muy parecido, lo único que tiene de verdad distinto, aparte del fondo de ciudad, el entrevistador a la derecha y la orquesta son tres espacios: el escritorio o la mesa; una salita para cuando lleve a las cinco finalistas del Concurso Nacional de Belleza; y una especie de bar, tres ambientes para tres personajes distintos.

¿Usted vio la película El desafío: Frost contra Nixon? Si Frost le sacó la confesión a Nixon ¿usted sería capaz de sacarle algo parecido a Samper?

Ay, me fascinaría, pero él nunca va a confesar nada.

¿José Gabriel, podría sobrevivir sin trabajar en la televisión?

No, no, curiosamente no, hacer el programa es una entrada para mí importante. Cuando comencé no, cuando comencé podría haber dicho no cobro.

Muchos que lo ven tienen la impresión de que su vida ha estado resuelta desde siempre.

Qué lejos están de la realidad, yo la he batallado.

¿Usted no es millonario?

No, no, no qué carajo, esta casita que usted ve es del Banco de Colombia y la estoy pagando.

¿No hubo herencia?

Mi padre murió y nos dejó tres propiedades en el barrio Teusaquillo, se vendieron por centavos y eso dividido entre tres no es nada.

¿Y ahorros?

A duras penas.

¿Cuál es el futuro de José Gabriel?

Mi futuro es ya, yo espero durar unos años más haciendo este programa, espero que funcione, espero que sí.

¿Y hasta cuándo, entonces, el show debe seguir?

No sé, eso lo dirán tantas cosas, el público, el rating, la pauta publicitaria, la situación económica...

¿Cómo se imagina su retiro?

Con un baloto.

Bueno, lo de Juan Pablo Montoya es correr, lo de Camilo Villegas es atinar, ¿lo suyo qué es?

Hablar.

Si en su oficio, Montoya admira a Ayrton Senna y Villegas a Tiger Woods, ¿usted a quién admira?

Al pionero de todo esto que se llamaba Johnny Carson, además de haber sido el precursor, el inventor de los talk shows, era un monstruo.

Mujeres lleva dos, canales lleva tres. ¿Quién guarda más “inquina” o quién tiene más memoria para las separaciones?

Los canales, las mujeres perdonan.

¿No lo han perdonado?

Desde que me retiré nunca me he vuelto a encontrar ni con el doctor Ardila Lülle ni con Carlos Julio, con quien tuve alguna amistad.

¿Quién le enseñó a ser tan cachaco?

Nadie, lo heredé de mi padre.

¿De qué le ha servido?

Para ser yo mismo, si no hubiera sido así no sé cómo hubiera sido.

¿Es tener un poco al papá cerca?

Sí, yo tengo una gran imagen de mi padre, no lo imito porque era totalmente distinto a mí pero lo admiro, lo quiero y comprendo que soy su hijo y que eso se lo heredé.

Su lista muy personal con la que quiere hablar en el programa.

Álvaro Uribe, porque soy un gran admirador de él, es mi primer invitado. También tengo la suerte de que mi segundo invitado va a ser el embajador americano William Brownfield.

¿Y a Chávez?

Obviamente me gustaría entrevistar al loco Chávez pero soy consciente de que nadie puede entrevistar a Chávez, simple y llanamente porque contesta lo que se le da la gana en el momento que quiere, es un tipo totalmente imposible.

A Uribe le pasa lo mismo. Entonces ¿por qué a Uribe sí y a Chávez no?

Temas relacionados