Stefania Fernández : "A mi no me retocaron nada"

Ni siquiera el famoso fabricante de reinas Osmel Sousa creía en que Stefanía Fernández pudiera llegar a ser Miss Universo. Pero la otrora niña fea y acomplejada de una pequeña escuela de Mérida logró la corona contra todos los pronósticos. Ella sabe que su elección dejó muchas dudas, pero con tranquilidad pide que le den la oportunidad de demostrar que puede ser una buena reina. El cuento de hadas de una hermosa venezolana.
Stefania Fernández : "A mi no me retocaron nada"

Por su largo cuello y su actitud tranquila, las niñas más terribles del colegio en Mérida la apodaban “la jirafa”, le decían “la abuela” y le auguraban que iba a quedarse para vestir santos, pero se equivocaron.

El tiempo pasó y Stefanía Fernández, “la jirafa”, se convirtió en mujer. Un día, cansada de hacer nada y no poder entrar a la universidad, su mamá la convenció de participar en un reinado de belleza en su ciudad natal. La emoción de sentirse bella se derrumbó cuando entre las 12 adolescentes que competían por la corona de la Feria del Sol, ella quedó en el último lugar.

Pero no se dio por vencida y cuando el director de Miss Táchira la invitó a representar a ese estado en el concurso nacional, luego de consultarlo varias noches con la almohada, aceptó el reto. Allí tampoco ganó, pero logró un cupo a la preselección de Miss Venezuela y fue ahí cuando cambió la historia. En su camino se le apareció el genio de la lámpara. En manos de Osmel Sousa, el preparador de reinas que en las últimas tres décadas le ha dado a Venezuela seis títulos de Miss Universo, cinco Miss Mundo, cinco Miss Internacional y decenas de finalistas clasificadas, “la jirafa” sacó más el cuello, caminó altiva, dejó atrás la timidez, mostró su belleza y ganó el concurso.

Lo demás ya es cuento. La noche del 23 de agosto, contra todos los pronósticos, Stefanía Fernández hizo historia al darle por segunda vez consecutiva la corona de Miss Universo a Venezuela y demostró que hasta lo improbable puede hacerse realidad. A su llegada a Nueva York, donde vivirá todo el año de su reinado junto a Miss USA y Miss Teen, en un pent house de la Sexta Avenida con 55 en Manhattan, Miss Universo habló con CROMOS sobre su vida, sus sueños, su familia y la fábrica de reinas que es la organización Miss Venezuela.

Y colorín colorado, Stefanía comienza su reinado.

¿Los labios superrojos y el peinado al estilo de las actrices de cine de los años 30 era parte de la estrategia para ganar?

Debo confesar que una semana antes de irme a Bahamas me hicieron las fotos oficiales de Miss Venezuela y fue con ese estilo. Joaquín Rivera, que es el vicepresidente de la Organización Cisneros dijo: “Qué niña tan espectacular, yo quiero que vaya así a Miss Universo”. Osmel y yo estuvimos de acuerdo y en una semana cambiamos el estilo. La boca roja y las cejas eran para marcar diferencia.

¿Cómo vio a la Señorita Colombia, Michelle Rouillard?

Divina. Ella tenía mucho carisma. Es muy buena persona. Me encantaba su pelo así. Ella marcó una diferencia, no fue igual a las demás. No sé por qué no entró a las finalistas. Junto a Rusia, Australia, República Dominicana y México, era una de mis favoritas.

¿Qué les falta a las colombianas para que brillen más en Miss Universo?

No sé, pero creo que son mujeres muy lindas y han clasificado muchas veces, como el año pasado que quedó una con Dayana. No sé qué pasa, pero no son Miss Venezuela y no tienen ese carisma. Hay que seguir intentando.

¿Ya la llamó Hugo Chávez?

No, no me ha llamado todavía. Debe ser porque tengo otro número de teléfono nuevo. (Se ríe) No, no lo ha hecho,  pero espero que me llame, pues el año pasado llamó a felicitar a Dayana cuando ganó, entonces a mí también me toca.

¿Pensaba que iba a ser Miss Universo?

La verdad no. Desde que nombraron a las diez finalistas le dije a República Dominicana detrás del escenario: “Muchísimas felicitaciones porque tú vas a ganar”. Yo pensé que ella iba a ser la reina. Por eso cuando quedé al final con ella no podía creer que estaba al lado de la posible ganadora. Esperaba llegar lejos pero no tanto. Cuando quedamos solas la abracé y le dije: “Felicitaciones, ganaste” y ella me dijo: “Que sea lo que Dios quiera. Tú también puedes ganar”. Cuando dijeron que ella era segunda casi me vuelvo loca, hasta pegué un brinquito. No podía creerlo.

¿Y por qué pensaba que iba a ganar ella y no usted?

Porque era mi favorita. Ella es una persona genial y físicamente es espectacular. Además, como Dayana había quedado el año pasado, lo veía totalmente improbable y creí que iba a pasar como cuando Alicia Machado entregó su corona y la venezolana quedó agarrada de manos con otra y se fue para la casa con el segundo lugar. Osmel me había dicho: “Este año va a pasar lo mismo”.

Pero el mismo Osmel no estaba muy convencido con usted. ¿Por qué?

Sí, eso es verdad. Pero era por mi actitud. Desde que gané, Osmel me decía: “Eres una niña muy educada, saludas a todo el mundo, pero no tienes brillo ni chispa”. Yo era muy cerrada y fría, pero eso me sirvió para despertar y con las clases me fui transformando y sacando la garra que llevaba por dentro. Aprendí a dejar el miedo y a contestar lo que pienso y entendí que si me equivoco pues me equivoco y ya, tampoco es para echarse a llorar. Cuando fui a Miss Universo Osmel estaba contento con el cambio y yo también.

Usted en la noche final tenía puntajes más bajos que otras de las candidatas y de todos modos ganó. ¿Cómo pasó eso? 

Yo no sé cómo es eso de los puntajes. Todo el mundo me dice que yo llevaba el puntaje más bajo pero uno allá adentro no se entera de eso. Creo que la pregunta final cuenta mucho. Sin embargo, debo decir que cuando terminé de contestar, me dije: mi profesor de oratoria debe estar matándome porque la respuesta pudo haber sido mucho mejor, pero es posible que lo que me ayudó a ganar y ponerme arriba fue la tranquilidad y espontaneidad con la que respondí. Hasta me vi chistosa haciéndole un gesto al traductor para que tradujera lo que había dicho.

Hay quienes incluso aseguran que fue un fraude, una decisión política y que hasta leyeron el fallo al revés.

Todos los años siempre le sacan algo a la Miss que gana. El año pasado a Dayana le sacaron lo de unas fotos que había hecho y decían que le había quitado la corona a Colombia. Siempre hablan y para mí es bueno, porque sea bueno o sea malo, están hablando de ti y eres una noticia. No me molestan los comentarios.

¿Y qué les dice a los inconformes?

Yo sé que muchos pueden estar inconformes, pero les pido de todo corazón que acepten a la nueva Miss Universo. Me espera un año de reinado y los voy a convencer de que fue una buena elección. Voy a seguir dejando en alto el nombre de mi país y les puedo prometer con toda seguridad que nunca se me va a olvidar de dónde vengo. Aquí estamos para lo que sea y estoy a la orden de toda la gente.

¿Cuánto tiempo llevaba preparándose para ser Miss Universo?

Dos años. Todo empezó a los 16 años cuando me gradué del colegio. Yo quería estudiar comunicación social en Caracas pero mi mamá no me dejó porque era muy peligroso. Entonces pensé estudiar hotelería y turismo pero había una materia en primer semestre de catar vinos y como no tenía los 18 años no me aceptaron. Ya estaba tan desesperada en la casa que le dije a mi mamá que me buscara algo que hacer. Fue entonces cuando en mi ciudad, Mérida, estaban llamando para un concurso de belleza y me animé. Entre 84 niñas quedamos 12 oficialmente para el reinado de la Feria del Sol, pero allá quedé de última.

 ¿Y cómo llegó a Miss Venezuela?

No quería volver a saber de ningún reinado, pero el presidente de la organización Miss Táchira me llamó y me invitó a concursar. Acepté, quedé y fui a Miss Venezuela con 85 candidatas. Me escogieron entre las 28 oficiales. Me gané las bandas de Mejor Rostro, Mejor Cuerpo y Miss Elegancia y aunque pensé que me estaban dando todo eso porque iba a perder, gané.

¿En qué consiste un entrenamiento para ir a Miss Universo?

Es una preparación muy fuerte. Tomamos clases de oratoria, pasarela, peluquería, gimnasio, masajes reductores para trabajar el cuerpo y siempre estamos en manos de profesionales. Son jornadas muy largas, uno casi vive todo el tiempo en Caracas, en la Quinta de Miss Venezuela y sin ser exagerada, hay días en que uno duerme dos o tres horas. El entrenamiento es tan intenso que incluso la noche antes de ir a Bahamas sólo dormí una hora y estuve todo el día en ejercicios y clases.

¿Qué es lo que tienen las venezolanas para ganar en Miss Universo?

Tenemos a Osmel Sousa. (Se ríe) En serio, él es el genio, él sabe lo que tiene que hacer. Nos prepara a todas para ganar. Nos enseña que este es un trabajo y que tienes que poner todo el empeño en todo momento. Él siempre nos dice: “Te estoy dando las herramientas y está en tus manos si las utilizas o no”. Aparte de la gran preparación que nos da, también cuenta esa sangre de echadores de broma y frescos que tenemos los venezolanos, que así tengamos problemas le sacamos un chiste a todo lo malo.

¿Es verdad que Osmel Sousa transforma a las reinas como si fuera un carpintero?

(Se ríe) No, para nada. Si bien es cierto que nos agarra una por una y nos dice: “ A ti te quedaría bien el cabello de este color, a ti te falta ir al gimnasio y trabajar esto”, y nos sugiere algunos retoques con el cirujano, él te propone pero está en ti si quieres hacértelo o no. No es como mucha gente dice que él nos obliga y nos cambia totalmente como si fuera una cosa de carpintería.

¿Y usted que cirugías se hizo?

Ninguna. A mí no me retocaron absolutamente nada. Él me propuso y no quise. Yo le tengo miedo a las cirugías y a las inyecciones. Soy de las que todavía voy con mi mamá a que me saquen la sangre, aparte de que apenas estaba cumpliendo 18 años y no me pareció. Ahora menos, al fin y al cabo yo ya gané y me siento a gusto con todo lo que tengo.

¿Qué es lo que más le gusta de su cuerpo?

No soy de las que se para en el espejo y dice: “Huy, mi amor, qué linda eres”, pero en general me gustan las formas y las curvas de mi cuerpo y mi cuello largo. Es curioso pero lo que antes para mí era un complejo, ahora veo que es bastante elegante. En el colegio me molestaban mucho por eso. Me decían que parecía jirafa, flamenco o cualquier tipo de animal que te puedas imaginar y me hacían sentir fea. Era la más alta de mi clase y siempre me fastidiaban por eso y me acomplejaba.

¿No le molesta que la comparen con Dayana Mendoza?

No. Eso siempre pasa. Hay gente que dice que Dayana tiene esto y yo no, que Stefanía es así y Dayana así. Dayana y yo somos muy diferentes en personalidad y físico y es una buena manera de demostrar que así seamos diferentes tipos de mujer, las venezolanas somos muy bellas. Si nos quieren comparar, que lo hagan.

¿Qué consejos le dio Dayana Mendoza antes del reinado?

Hablamos muy poco porque ella estaba en Nueva York y yo en Venezuela, pero dos semanas antes de irme a Bahamas conversamos y me dijo: “Disfruta cada momento, esto es una sola vez en la vida, ya te dieron todas las herramientas, ahora ponlas en juego”. Y el consejo que me dio y que me repitió cuando gané fue: “Sé tú misma. Si te quieres reír, ríete; si quieres llorar, llora; si quieres sentarte jorobada, siéntate así; si no te quieres sentar derecha, no lo hagas. Muéstrate como eres y no actúes”. Y así soy, como hemos sido todas las venezolanas que hemos ido a Miss Universo.

¿Qué significan los reinados para los venezolanos?

Significan mucho. En Venezuela en lo único que ganamos –como dicen mis amigos– es en el béisbol y con las reinas de belleza. Imagínate, seis reinas de belleza. Somos reconocidos en el mundo por tener las mujeres más bonitas y por eso en mi país son extremadamente fanáticos y para mí llegar a ser Miss Universo es maravilloso.

¿Era traviesa en el colegio?

No, todo lo contrario, hasta me decían “la abuelita” y sigo siendo igual porque no me gusta salir mucho. Prefiero tomar un café e ir al cine y me pregunto: “Cónchale, ¿cuándo me dará la fiebre por ir a rumbear?”. Soy tranquila, pero no aburrida ni tonta.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de toda tu vida?

Cuando secuestraron a mi papá cuatro días antes de cumplir mis 15 años y apareció justo el día de mis quince. Fue muy difícil, pero me di cuenta de que lo realmente importante es la vida, porque aunque no hubo fiesta ni nada, cuando lo liberaron cortamos una tortica muy sencilla en la casa de mis abuelos. Estábamos llenos de felicidad. Ese día aprendí a valorar más las cosas, a decir un ‘te amo’ y un ‘te quiero’ cada vez que puedo porque a la gente que amamos un día la tenemos y otro día no.

¿Para qué sirve ser Miss Universo?

Básicamente mi trabajo es trabajar fuertemente en la lucha contra el VIH y el sida, pero también cada vez que pueda me voy a encargar de decirles a los líderes mundiales que se den cuenta de que entre nosotros no debe haber fronteras, que el poder no es un privilegio sino una responsabilidad y que nunca se olviden de las personas que los hicieron llegar hasta allá.

¿Y cómo es Stefanía?

Soy una mezcla de razas pues mi padre es español y por el lado de mi madre la familia es rusa y polaca. Soy hija de un hombre que nunca fue al colegio ni a la universidad y del que me siento orgullosa porque nos sacó adelante. Mi familia son mis fans número uno. Soy soñadora y echadora de bromas y soy una buena persona que cree mucho en los demás y que quiere hacer algo por el mundo. ¡Ah, y ya no me dicen la jirafa! (Y suelta una carcajada).

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