Tijuana Krizman, una bailarina seducida por Bogotá

La bailarina eslovena sedujo al público del Festival Iberoamericano de Teatro y fue seducida por Bogotá y sus aplausos. Prometió volver pero, esta vez, hablando español.
Tijuana Krizman, una bailarina seducida por Bogotá

¿Cómo puede llamarse así una mujer de la antigua Yugoslavia y no Javorka, como su mamá? Todo comenzó hace 26 años con una mujer de Eslovenia que, por problemas con la visa, no pudo cumplir su capricho de mujer embarazada de visitar la ciudad mexicana de Tijuana y, entonces, decidió ponerle así a su hija. Deprisa corre el tiempo y 26 años después esta Tijuana, bailarina profesional formada en el Teatro Scala de Milán, viene por primera vez a Colombia con la Compañía de Teatro de Maribor, la más antigua de Eslovenia (1851), a presentar Radio and Juliet, una de las buenas obras del XII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

Ella salió de su casa y voló 12 horas para llegar a una ciudad tan desconocida y misteriosa como la suya en Europa. Bogotá le decía tanto como a nosotros Maribor, al sur de la frontera con Austria. Lo que sigue es ver su cuerpo sobre el escenario, a veces recio como un rayo, a veces ligero como la bruma, y estas ganas de hablar con ella, la mujer con más de media vida en la danza, nacida en un país que apenas en 1991 se independizó con sus exiguos dos millones de habitantes. Es tan pequeño este joven país que los eslovenos perfectamente pueden escalar los Alpes en la mañana y en la tarde ir al otro extremo a bañarse en el mar Adriático.

Antes de su última función en el teatro León de Greiff, lo que le más le entusiasmaba de la entrevista era que las fotos de CROMOS venían con maquillador incluido, lo que le ahorraba el trabajo de arreglarse ella misma, ritual obligatorio exigido por el director para comenzar a “meterse” en la obra desde los camerinos. Fuera del escenario le encanta la cara lavada, los tacones altos y mirar por la ventana de su cuarto los cisnes sobre el río Drava.

¿Altura?

1.65 metros.

¿Peso?

47 kilogramos.

¿Color de los ojos?

Verdes.

¿Cuánto calza?

36 en talla europea.

¿No le han dicho que bailando se ve más alta?

Sí, es que la danza y la música son como unos tacones altos.

¿Es usted el prototipo de mujer eslovena?

Soy una mezcla de madre serbia y papá mitad esloveno y mitad italiano.

¿A Eslovenia cómo le ha ido en Miss Universo?

Hace dos años la candidata de Eslovenia quedó entre las cinco finalistas.

¿Qué es lo que más le gusta de su cuerpo?

Prefiero que otras personas contesten esa pregunta, pero bueno… a pesar de ser bailarina clásica y de bailar todo el tiempo en “puntas”, estoy orgullosa de mis pies, son muy bonitos, tanto así que la mayoría de mis zapatos son sandalias para poder lucirlos.

Primera vez en Colombia ¿cómo se sintió en el escenario?

Por la altura, tuvimos que usar máscaras de oxígeno que teníamos guardadas detrás del escenario para poder cumplir con la exigencia de la coreografía. En la primera presentación casi me muero porque no podía respirar.

¿Cómo fue eso?

Estaba bailando el último dueto y llegué a un punto en que lo único que quería era parar, así que me quedé quieta hasta que me di cuenta de que tenía que continuar. Sentí que me estaba moviendo de una manera extraña.

¿Le dolía el cuerpo?

Un poquito, pero para una bailarina es algo normal.

¿Cómo define lo que hace?

Una vez que estoy en el escenario logro meterme en mi propio mundo, así disfruto a plenitud lo que hago sin importar si me presento frente a mil o frente a seis personas, amo lo que hago.

¿Siente placer bailando?

Sí, muchísimo, me entrego completamente al público cuando estoy bailando. Es un trabajo difícil y exigente pero lo disfruto muchísimo. Especialmente en Colombia donde el público es muy especial.

¿Por qué?

La gente en Colombia disfruta lo que ve, no simplemente se sienta y aplaude sino que se entretiene y se vincula con lo que sucede en el escenario.

¿Es diferente bailar sola, sin público?

Sí, es una experiencia completamente diferente. En el teatro me transformo en alguien diferente, en este caso específico me convierto en Julieta, mientras que cuando bailo para mí es diferente, es algo que sólo yo siento y entiendo.

¿Por qué decidió ser artista?

Cuando pequeña soñaba con hacer muchas cosas y cuando cumplí cuatro años me inscribieron en clases de danza. Cuando cumplí catorce tomé más clases por diversión, y fue entonces cuando me di cuenta de que si estudiaba algo diferente no tendría de nuevo la oportunidad de bailar así que decidí dedicarme a esto.

¿Casada?

Sí, en septiembre cumplo un año de matrimonio. Pero no tengo puesta mi argolla ahora porque me dijeron que Bogotá era muy peligrosa y que era mejor que la guardara, así que la dejé en la caja fuerte del hotel.

¿Hoy en día se dedica solamente a la danza o hace algo más?

Únicamente me dedico a bailar.

¿Se puede vivir de la danza en Eslovenia?

Sí, claro que sí.

¿Cuáles son las profesiones más populares en su país?

Todo lo relacionado con la cultura y el arte es lo más popular en Eslovenia. Los bailarines y los actores son muy reconocidos.

¿Más que los economistas y los abogados?

Sí, esas son profesiones muy normales, pero es más el número de personas que vive del arte. No pasan mucho tiempo en Eslovenia ya que por su trabajo tienen la oportunidad de recorrer el mundo mostrando su talento.

¿Eslovenia es un país machista?

Solía serlo, pero hoy en día son cada vez más las mujeres que están en la política.

¿Y en la casa quién manda?

Las mujeres, somos las que llevamos los pantalones en la casa.

¿Su papá y su mamá qué hacen?

Tienen un almacén de ropa en Piran, cerca al mar Adriático. Mi hermano trabaja con ellos.

Si no hubiera sido bailarina, ¿qué podría estar haciendo en su país?

Estaría vendiendo ropa.

¿Cuál es su sueño como bailarina?

Quiero poder interpretar muchos papeles en ballet, tanto en danza clásica como contemporánea.

¿Ha soñado bailar para alguien en especial? ¿Algún ídolo?

En baile clásico sería muy emocionante bailar para el italiano Roberto Bolle, conocido como el “Orgullo de Milano”.

¿Y un ídolo del cine?

Me gusta George Clooney.

¿Le gustaría bailar para él?

¡Claro que sí! No lo conozco, pero me gusta su carisma.

¿Sueña con bailar en algún lugar especial?

Empecé con la compañía con la que trabajo ahora, pero antes tuve la oportunidad de estudiar en la Escuela de Ballet Clásico del Teatro de la Scala de Milán, que es el top de la danza. Una vez terminé los cursos decidí volver a trabajar con la compañía de mi país. Es la más antigua de Eslovenia, fue creada en 1851, y tenemos el privilegio de que mucha gente de países vecinos viaja sólo para vernos.

¿Qué tan grande es Maribor?

Es la segunda ciudad más importante del país, con 100.000 habitantes.

¿A cuántas horas está de Colombia?

Son dos horas de Eslovenia a Francia y de ahí a Colombia son 10 horas.

Antes de venir, ¿qué sabía de Colombia?

Conozco la música salsa y había oído hablar de la calidez de los colombianos, aunque nos aconsejaron que fuéramos cuidadosos el tiempo que estuviéramos acá. Me sorprendió muchísimo el color de la ciudad.

¿De qué colombianos había oído hablar?

De Juanes, de Shakira y de Fernando Botero. ¡Quedé fascinada con el Museo de Botero!

¿Algo que le haya gustado mucho de Bogotá?

Muchas cosas, la gente es muy cálida y amable. Alrededor del hotel Tequendama parece Europa, estuvimos en Monserrate y fue muy emocionante ver a la gente en la calle vendiendo cosas. También estuvimos en el bosque de niebla que queda a 20 minutos detrás de Monserrate. Me gustó mucho, tanto que me inspiró a bailar mucho mejor. Ese día fuimos al bosque, caminamos durante dos horas por varias pendientes, después hicimos la presentación y por la noche bailé salsa hasta las tres de la mañana en la Carpa Cabaret.

¿Se va a llevar algo de nuestro país?

Camisetas, té de coca y muchos aretes.

A su regreso a Eslovenia, cuando le pregunten por Bogotá, ¿usted qué va a decir?

¡Que tienen que venir! He tenido la oportunidad de viajar por el mundo y debo decir que Bogotá es de los mejores lugares para estar, especialmente en este Festival que sin duda se quedó en mi corazón.

Un refrán muy popular en Eslovenia que usted recuerde a menudo.

Hoceš - noceš - moraš. Que quiere decir: “Quiera o no quiera, lo tiene que hacer”.

Su país obtuvo la independencia hace 19 años. ¿Qué es lo bueno y lo malo de esta situación tan nueva?

Cuando Eslovenia se independizó, los sueños de su gente se hicieron realidad porque antes eran parte de Yugoslavia y antes del imperio austrohúngaro, pero a pesar de ser un país tan pequeño con dos millones de personas somos la prueba de que sí se puede ser alguien en el mundo.

¿Y lo negativo?

Todo el mundo está experimentando una recesión, y por ser un país pequeño hay cosas que llegan rápido y otras que no. En la parte comercial hay veces que no nos ponen restricciones y muchas otras que nos ignoran.

¿Volvería a Bogotá?

Sí, y seguramente aprenderé español. Como permanecí tan poco tiempo no tuve la oportunidad de conocer más lugares, por eso me gustaría regresar y visitar el resto de Colombia.

¿Hasta cuándo la danza en su vida?

Bailaré profesionalmente hasta que mi cuerpo me lo permita. Las bailarinas solemos tener carreras cortas porque nuestro cuerpo se lastima bastante. Pero para mí bailaré hasta el final de mi vida.

Tiene 26 años y dice que la carrera de bailarina es muy corta, de verdad. ¿Hasta qué edad cree que podrá bailar?

Es imposible calcular hasta qué edad podré bailar porque todas las bailarinas tenemos cuerpos diferentes, pero después de los 40 el cuerpo empieza a cansarse.

Los escritores tienen el Nobel, los actores el Oscar, ¿qué tienen las bailarinas?

El aplauso.