Walter Riso, un mundo de mujeres más fuertes y de hombres más tiernos"

Es curioso pero Walter Riso vive para sus lectores en sus más de 150.000 libros vendidos.
Walter Riso, un mundo de mujeres más fuertes y de hombres más tiernos"

De resto, nadie lo reconoce en la calle. Y la culpa la tienen él y su destino de veleta: nacido en Italia, criado en Argentina y establecido en Colombia hace ya 29 años, aunque desde hace unos meses sólo vive acá medio año porque el otro medio lo pasa en España. Así es este napolitano con aire de Piazzola y maneras muy cachacas.  

¿Qué extraña de Nápoles?

El olor a harina, el olor a orégano y la espontaneidad, el desorden encantador de Nápoles. Allá se respira la pizza, se respira la comida, es como una Roma sucia.

¿Qué aprendió trabajando en la pizzería de su papá?

Aprendí a trabajar como un animal, aprendí a cocinar, aprendí a ver cómo se sufre detrás del mostrador, aprendí a interactuar y a ver los sufrimientos de los inmigrantes que tienen que luchar para sobrevivir.

¿Como mesero dio sus primeros pinitos en la psicología?

Si tú estás atendiendo gente, estás mirándola, estás sintiéndola, estás palpándola, obviamente se generan ahí interpretaciones, acepciones, sentimientos y lógicamente uno empieza a ser un psicólogo aficionado.

¿Y una lección memorable de su papá?

Cuando tenía 10 años, unos muchachos me molestaron en la calle y yo les tuve miedo y me escapé. Cuando llegué a mi casa mi papá me obligó a bajar a enfrentarlos y me volvieron mierda. Cuando subí mi papá estaba ahí con una aspirina, un vaso de agua y me dijo en napolitano "más vale tener el ojo hinchado que la dignidad maltratada... y te me vas para el cuarto". Hay cosas que no se negocian y mi papá me enseñó eso.

¿Cuántos años lleva viviendo en Colombia?

Yo me vine cuando tenía 28 años y llevo 29 aquí, o sea ahí están las cuentas.

¿Qué de Colombia se parece a Nápoles?

El centro de Medellín. Cuando llegué, viví allá como 20 años, entonces lo conozco muy bien y también lo quiero mucho. Se me parece mucho a Nápoles, por lo menos en ese despelote simpático de la ciudad.

¿Qué lo hizo desistir de ser ingeniero electrónico?

Estaba trabajando en una empresa de ascensores como dibujante proyectista y uno de los muchachos que estaban adelante se fue al baño y me dejó una revista abierta donde aparecía el Caribe y es como si en ese momento yo hubiese hecho una especie de clic. Miré el mar Caribe, le miré la cara al jefe que olía a ajo por la mañana y dije yo me voy a ir, no quiero Ingeniería, no quiero más nada.

¿Y entonces?

Ahí fue cuando me hice como medio hippie. Sí, hippie, digámoslo así, vagué mucho un año y pico a dedo por todas partes y después llegué a un lugar que se llamaba San Luis, y había una facultad de Psicología muy agradable.

¿Ahí viene la escritura?

No, comencé desde chiquito, en mi época había unos cuadernitos en Argentina que se llamaban Plumitas. En ellos escribía poesía.

¿Se acuerda de alguno de sus versos?

"No suelo ser duro / cuando de damas se trata, / pero a veces las damas son baratas / y ser caballero no es seguro".

¿Y lo del piano fue después?

¿Qué lo hizo desistir de ser ingeniero electrónico?

Estaba trabajando en una empresa de ascensores como dibujante proyectista y uno de los muchachos que estaban adelante se fue al baño y me dejó una revista abierta donde aparecía el Caribe y es como si en ese momento yo hubiese hecho una especie de clic. Miré el mar Caribe, le miré la cara al jefe que olía a ajo por la mañana y dije yo me voy a ir, no quiero Ingeniería, no quiero más nada.

¿Y entonces?

Ahí fue cuando me hice como medio hippie. Sí, hippie, digámoslo así, vagué mucho un año y pico a dedo por todas partes y después llegué a un lugar que se llamaba San Luis, y había una facultad de Psicología muy agradable.

¿Ahí viene la escritura?

No, comencé desde chiquito, en mi época había unos cuadernitos en Argentina que se llamaban Plumitas. En ellos escribía poesía.

¿Se acuerda de alguno de sus versos?

"No suelo ser duro / cuando de damas se trata, / pero a veces las damas son baratas / y ser caballero no es seguro".

¿Y lo del piano fue después?

No, al mismo tiempo. Pero no funcionó. El himno nacional argentino fue lo único que aprendí y con dolor porque por una ventana veía a mis amigos jugar futbol. A mi papá le d/strong>

¿Qué lo hizo desistir de ser ingeniero electrónico?

Estaba trabajando en una empresa de ascensores como dibujante proyectista y uno de los muchachos que estaban adelante se fue al baño y me dejó una revista abierta donde aparecía el Caribe y es como si en ese momento yo hubiese hecho una especie de clic. Miré el mar Caribe, le miré la cara al jefe que olía a ajo por la mañana y dije yo me voy a ir, no quiero Ingeniería, no quiero más nada.

¿Y entonces?

Ahí fue cuando me hice como medio hippie. Sí, hippie, digámoslo así, vagué mucho un año y pico a dedo por todas partes y después llegué a un lugar que se llamaba San Luis, y había una facultad de Psicología muy agradable.

¿Ahí viene la escritura?

No, comencé desde chiquito, en mi época había unos cuadernitos en Argentina que se llamaban Plumitas. En ellos escribía poesía.

¿Se acuerda de alguno de sus versos?

"No suelo ser duro / cuando de damas se trata, / pero a veces las damas son baratas / y ser caballero no es seguro".

¿Y lo del piano fue después?

No, al mismo tiempo. Pero no funcionó. El himno nacional argentino fue lo único que aprendí y con dolor porque por una ventana veía a mis amigos jugar futbol. A mi papá le dio por ponerme clases de piano a la misma hora que jugaban futbol y a mí me gustaba más el fútbol.

¿Y de qué jugaba?

Jugaba de puntero derecho, era bueno.

Si dividiéramos la vida de Walter Riso en etapas, ¿qué etapas tendría?

Hubo una etapa que no la recuerdo, era muy chiquito cuando me llevaron de Nápoles a Buenos Aires; hay una etapa en Buenos Aires, cuando mi padre viajaba vendiendo telas...

¿Lo acompañaba?

A veces lo acompañaba cuando se iba en carro por los pueblos a vender telas o relojes, a los doce años. Sería otra etapa cuando nos fuimos a San Luis y entré a vivir una época espectacular en la provincia. Después volvimos a Buenos Aires, porque mi papá quebró -siempre tuvo restaurantes y los quebraba-, no nos iba bien. Volvimos a Buenos Aires y empecé a estudiar Psicología, después salí de Argentina, eso coincidió con el golpe de Estado. Con todo ese despelote todo el mundo emigró, la psicología era subversiva, no se podía pensar, entonces se prohibió el pelo largo, la minifalda, Piaget, se prohibía pensar, después ya me vine para Colombia.

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No, al mismo tiempo. Pero no funcionó. El himno nacional argentino fue lo único que aprendí y con dolor porque por una ventana veía a mis amigos jugar futbol. A mi papá le dio por ponerme clases de piano a la misma hora que jugaban futbol y a mí me gustaba más el fútbol.

¿Y de qué jugaba?

Jugaba de puntero derecho, era bueno.

Si dividiéramos la vida de Walter Riso en etapas, ¿qué etapas tendría?

Hubo una etapa que no la recuerdo, era muy chiquito cuando me llevaron de Nápoles a Buenos Aires; hay una etapa en Buenos Aires, cuando mi padre viajaba vendiendo telas...

¿Lo acompañaba?

A veces lo acompañaba cuando se iba en carro por los pueblos a vender telas o relojes, a los doce años. Sería otra etapa cuando nos fuimos a San Luis y entré a vivir una época espectacular en la provincia. Después volvimos a Buenos Aires, porque mi papá quebró -siempre tuvo restaurantes y los quebraba-, no nos iba bien. Volvimos a Buenos Aires y empecé a estudiar Psicología, después salí de Argentina, eso coincidió con el golpe de Estado. Con todo ese despelote todo el mundo emigró, la psicología era subversiva, no se podía pensar, entonces se prohibió el pelo largo, la minifalda, Piaget, se prohibía pensar, después ya me vine para Colombia.

¿Cuándo llega realmente la escritura?

Estaba viendo muchos pacientes depresivos y entonces yo les escribía cosas, o sea si manejas tus pensamientos bien, pues te vas a sentir bien y podés pelear con la depresión, muchos sicólogos lo hacen en el mundo, entonces les escribía cosas o les traía un cuento de algo que yo veía importante y se los daba, ¿cierto? Entonces un paciente empezó a recopilarlos y un día llegó con todo eso fotocopiado y grapado y me dijo: vea, usted tiene un libro aquí, publíquelo.

¿Y con esas notas publicó su primer libro?

Sí, eso fue en el 88, hace 20 años y se llamó Aprendiendo a quererse a sí mismo. Fue un libro que surge desde la depresión y cómo poder crear un estilo de vida antidepresivo.

¿Y cómo fue el proceso de darse a conocer?

Abrí el directorio para ver dónde hacían libros en imprentas y encontré una que no me acuerdo cómo se llamaba y me fui para allá con el libro. Entonces saqué mis libros, los metí en el baúl del carro y salí en esa época a llevarlos a las librerías. Yo no sabía cómo era, entonces bajaba con un bolso con 15 libros, vea yo escribí este libro, ¿lo quiere? Espere allá, haga fila, tal cosa, algunos me recibían bien, otros me mandaron al carajo. Me acuerdo que la Librería Nacional me recibió muy bien, me ayudaron mucho, allí repartí como 400 libros y a los 20 días me llamaron a pedirme más. Me dije, bueno, aquí está pasando algo, esto le está llegando a la gente, entonces fui donde el tipo de la imprenta y le dije que me sacara 2.000 más y ahí empecé.

¿Walter para qué escribe?

Yo escribo buscando un fin pragmático, es decir, que lo que yo escriba pueda generar en las personas cierta inmunidad de las enfermedades psicológicas. Yo no sabía que existía la autoayuda, no tenía idea, es más, diría que los psicólogos a nivel mundial empezaron a preocuparse hace unos quince años de escribirle a la gente, en un cruce entre divulgación y autoayuda.

Usted alguna vez dijo que una costumbre saludable es aprender a perder. ¿Qué ha perdido Walter Riso?

He perdido tiempo tratando de discernir qué quiero y qué no quiero aunque ese sea un proceso de la naturaleza.

¿Y qué ha ganado?

He ganado más desparpajo, menos trascendencia tonta. He ganado el "importaculismo". Recién en los últimos 10 años de mi vida he aprendido lo que NO quiero. Fíjate que Sócrates decía que tenía un demonio divino que lo asesoraba.

¿Y su demonio qué le dice?

Que si me dan un plato de comida que no me gusta pues que no me lo coma, es decir que empiece a crear a mi alrededor un ecosistema de tener amigos no por compromiso sino porque realmente lo quiera. Es como pasar un antivirus por software y dejar las cosas que valen la pena en la vida de uno.

¿Como ir a la muerte y volver?

Bueno, nunca le he tenido miedo, pero últimamente la entiendo de una manera tan tranquila, me he desprendido de ese deber que tenemos todos de estar vivos.

Recuerde la frase de Woody Allen: "No le tengo miedo a la muerte, pero no quiero estar presente cuando ella venga".

Woody Allen hace un plagio de Epicúreo, porque él dice "cuando llega la muerte no estás y cuando estás la muerte no llega", entonces es un desencuentro afortunado con la muerte.

Si no hubiera sido psicólogo, ¿qué habría sido?

Paciente. Claro, uno no tiene otra opción. Creo que ser paciente a veces es más divertido que ser psicólogo.

¿Por qué?

Yo creo que no hay personas totalmente sanas, es más, si una persona te dice que está totalmente sana, esa es parte de su enfermedad.

¿Cómo se lo imaginan sus lectores?

Más viejo y con corbata, nunca de jeans como estoy hoy. Me imaginan peor de lo que soy, no sé por qué.

¿Y su relación con las mujeres?

Yo tengo dos hijas mujeres, dos hermanas mujeres, no tuve hermanos, no he tenido hijos hombres, mis pacientes son mujeres casi todas, mis alumnas en la universidad son mujeres, me he casado con mujeres o sea, lo femenino ha estado en mi vida muy, pero muy fuerte. Mis tías italianas siempre han estado, la matrona, la mamá siempre ha estado.

¿Su mundo es gobernado por la ginecocracia?

El femenino que yo tengo es muy fuerte, a mí me gusta decorar, me gusta cocinar, hago el almuerzo en mi casa casi todos los días, entonces yo converso, las amigas de mi señora me llaman para que les ayude a decorar el apartamento, pero al mismo tiempo tengo el lado vikingo. Una vez escribí que vamos hacia un mundo de hombres con cosas de mujeres y mujeres con cosas de hombres.

¿La fórmula perfecta para escribir?

Un buen whisky, almendras y Bach.

¿Y la fórmula perfecta para no escribir?

Rodearse de personas que no te producen nada.

¿A quién le pediría un consejo?

A Woody Allen. Él tiene una frase que a mí me encanta, es como "qué feliz soy cuando no soy desdichado". Creo que lo importante no es ser feliz sino no ser infeliz. Y ahí sí uno tiene un trampolín. La gente está tan preocupada por recibir estímulos positivos que quizás lo ideal es la dicha de no sufrir. Yo le preguntaría a Woody Allen cómo hago para ser menos infeliz. Yo creo que él sí lo ha logrado, supongo.

¿Adoptando una niña coreana y luego casándose con ella?

Quizás, quizás haciendo las películas que hace, quizás queriendo a sus actrices, quizás no queriendo el psicoanálisis.

Un consejo que sirva para todo...

Un dicho popular: "Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita". A mí me tocó ver un choque de automóvil con un tipo de una moto, el tipo estaba en el piso sin saber dónde estaba, el otro se bajó y miró un rayón que tenía en la puerta y empezó a acariciar el rayón y decía Dios, por qué me pasa esto a mí, mi auto, mi auto, entonces entendí que la relación de este tipo con el auto era una relación casi sexual, estaba acariciando el carro. Una persona que se identifica así con un objeto debe sufrir mucho.

Un personaje que lo haya descrestado...

Pues, yo estaba con un amigo caminando por el Cerro Tusa, en Antioquia, cuando vimos a un campesino con una mula. No nos conocíamos, obviamente, y el tipo se paró y nos mira. Detecté inmediatamente a una persona con una mirada como un océano. Entonces, le pregunté ¿Usted es feliz? Y el tipo me dice, "si me está preguntando si estoy despreocupado, pues sí, primero pensé qué quería, me concentré en eso nada más y después aprendí a no querer lo que no tenía, solamente quiero lo que tengo" y arrancó, se dio media vuelta y se fue con la mula, y yo le dije a mi amigo, nos vamos con él. Pero no fuimos capaces.

Una locura que no se ha atrevido a hacer todavía...

Un Full Monty, un estriptís en público con uno o dos amigos, tipo todo o nada.

¿Es verdad que usted le ladra a la gente?

Yo le ladro a la gente a veces, es una buena manera para no pelear. No me cabe ninguna duda y en vez de pelear defiendes tus derechos, guau, guau guau y se acabó el problema.

Finalmente,¿quién es usted?

Soy mucho menos que un sanador, soy un ayudador, una persona que suelta información, que crea espacios de reflexión, no más.