James Randi, el terror de los síquicos

 Este canadiense está dedicado a desenmascarar síquicos y falsos predicadores que sanan enfermos. Ni siquiera Uri Geller, el famoso doblador de cucharas, salió indemne.
James Randi, el terror de los síquicos

A principios de los años setenta el nombre del israelí Uri Geller se volvió famoso. El joven ilusionista, que aseguraba tener poderes síquicos, era capaz de doblar cucharas y llaves con solo frotarlas suavemente. Todo el mundo parecía asombrado con sus demostraciones. Todos menos uno, James Randi, un mago canadiense que comenzaba a hacerse popular por desenmascarar a quienes, según él, no eran más que impostores y charlatanes.

En 1972, el programa de televisión The tonight show invitó a Geller a realizar sus trucos y le pidió asesoría a Randi para asegurarse de que las demostraciones del supuesto síquico eran reales. Randi, escéptico por naturaleza, hizo algo muy simple: les dijo que le suministraran sus propios cubiertos y dejaran de lado los que Geller llevara. Randi sabía bien que para doblar estos objetos con la “mente” alguien debía haberlos ablandado previamente. Así que cuando Geller entró al set y vio la mesa dispuesta con cubiertos de metal, se llevó un susto de muerte; visiblemente nervioso, argumentó que sólo podía hacerlo “cuando estuviera preparado” y dijo que él creía que solo había ido a una entrevista. Por supuesto, no pudo hacer nada. Años después –en 1991– Randi escribió el libro La verdad sobre Uri Geller. El “síquico” respondió con una demanda por 15 millones de dólares que jamás prosperó.

Desde entonces Randi ha dedicado su tiempo a poner en evidencia a todos aquellos que se ganan la vida promulgando que realizan actividades paranormales. Al caso de Geller se suma, por ejemplo, el de James Hydrick, un joven de rasgos orientales y bigote ralo que era capaz de mover un lápiz sin tocarlo y pasar las páginas de un directorio telefónico con el poder de su mente.

En 1981 Hydrick y Randi se encontraron en el programa de televisión That's my line. Randi le ofreció 10.000 dólares si lograba hacer su número con algunas condiciones. Hydrick aceptó y Randi lo puso en evidencia tras descubrir el truco: el supuesto síquico había encontrado la manera de soplar fuerte abriendo apenas la boca y así lograba mover los objetos. Randi puso unas pequeñas tiras de papel alrededor del directorio, de manera que volaran si Hydrick soplaba. Como Randy esperaba, Hydrick se declaró muy fatigado para repetir el experimento.

Los de Geller y Hydrick son apenas dos ejemplos de lo que este mago, conocido como "El increíble Randy", ha venido haciendo desde hace más de tres décadas. Tan seguro está de que estos personajes son charlatanes, que en 1996 creó la Fundación Educativa James Randy y anunció que le daría un millón de dólares al que lograra demostrar –con una serie de requisitos previos, eso sí– que tenía poderes sobrenaturales. Hoy ha examinado a más de 200 “síquicos” y todos han fallado; el premio, mientras tanto, continúa subiendo: ahora paga 1'400.000 dólares a quien pase su examen.

El enorme escepticismo de Randi proviene de su profesión, que ejerció sin descanso hasta los 60 años. Lo curioso es que su carrera tuvo un sorprendente paralelo con la del inolvidable Harri Houdini: comenzó haciendo trucos de escapes en cajas de seguridad y en 1956 logró romper el récord del mago húngaro tras permanecer 104 minutos sumergido en la piscina de un hotel. Su admiración es tanta que en 1976 escribió, junto a Bert Randolph, el libro Houdini, his life and art (Houdini, su vida y arte), en el que ahondó en la vida y los trucos del escapista. Houdini, en su momento, fue el primero en ofrecer dinero para desenmascarar impostores, y tuvo que soportar señalamientos como el del escritor Arthur Conan Doyle, quien creía en el espiritismo. Randi también los ha experimentado. Un profesor de la universidad de Búfalo, en Nueva York, lo acusó de ser un fraude. “¡Por supuesto! –respondió entonces–. Soy un charlatán: la magia es lo que hago para ganarme la vida”.

A sus 82 años, Randi está próximo a publicar el libro A magician in the laboratory (Un mago en el laboratorio), en el que confirmará que, como dijo hace apenas unos meses, es homosexual. También hablará sobre su ateísmo, sobre sus puestas en evidencia a los supuestos síquicos y, por supuesto, sobre la muerte. Y allí, seguramente, confirmará lo que dijo en 2009, durante una conferencia de magos: “Lo único que quiero al morir es que me cremen y esparzan mis cenizas en los ojos de Uri Geller”.

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