La balada según Santiago Cruz

Después de lanzar su disco Cruce de caminos hace más de un año y poner en los primeros lugares tres canciones, este músico consolidó su estilo de romántico empedernido.
La balada según Santiago Cruz

En un sofá azul nacen todas las creaciones de Santiago Cruz. Allí se sienta con su guitarra acústica a componer las canciones que hoy lo tienen como una revelación de la música romántica en Colombia.

Un proceso que en Santiago es, además de inspiración espontánea, una válvula de escape a una limitación: “Me cuesta más hablar en mi vida personal que sentarme a escribir”.

Así nacieron las once canciones de su disco Cruce de caminos, del que no olvida la fecha de lanzamiento: 18 de julio de 2009, pues después de un año y cuatro meses nada volvió a ser igual. Puso a sonar tres canciones: Baja la guardia, Y si te quedas ¿qué? y Cuando regreses; ha vendido 10.000 copias, tanto que le tocó cambiar de sitio un cuadro de Manzur para colgar el disco de oro que le dio Sony por sus ventas. Todo un récord en tiempos de piratería y música digital.

Santiago logró algo que no pasa con frecuencia: le dio un nuevo aire a las letras románticas que se han ido perdiendo entre el reggaetón, el tropipop y los demás ritmos vendedores.

Es el nuevo abanderado de un género que fue un éxito hasta finales de los ochenta pero al que luego todos quisieron hacerle el quite.

¿Baladista? No. Prefiere zafarse de cualquier etiqueta: “Ese es un término que se queda corto. Esto es más un asunto de cantautor”. Por algo confiesa que los artistas que le llegan al alma son cantautores: Jorge Drexler, Pedro Guerra y Alejandro Sanz.

Sin embargo, no rechaza la música con la que creció. En su iPod tiene los treinta éxitos de El Puma y recuerda que en el Renault 6 de su mamá oía a José Luis Perales, Roberto Carlos y Vicky Carr. Cruz, no obstante, es más cercano a Franco de Vita, el que sonaba cuando estudiaba Finanzas y relaciones internacionales.

“Nunca he pretendido cantar algo que no sea natural para mí. Hace siete años, lo que no tuviera acordeón o fusión no tenía futuro. Lo que hago ahora ha sido un proceso de búsqueda personal en tres discos”. Los dos primeros fueron Solo hasta hoy y Sentidos, donde hubo letras románticas con rock, pop y mezclas con algo de son cubano que recuerdan al Santiago de los bares, el que le ponía su estilo a éxitos de Alejandro Lerner, Amaury Gutiérrez y Antonio Carmona.

De ese pasado también se liberó para afianzar su estilo. Así lo escribió en su blog: “Tuve un proceso de redescubrimiento personal, de reconstrucción del Santiago que yo sé que siempre he sido, y que durante un tiempo estuvo refundido bajo una pila inmensa de ropa sucia. Tuve que acabar conmigo mismo, en todos los sentidos, para volver a edificarme sobre lo más básico”.

Por eso siguió escribiendo historias de amor y desamor que ahora son su sello. “Aunque mi música es romántica, creo que también es sobre la cotidianidad de las relaciones, porque no son perfectas. Todos tenemos algo que jode al otro y que nos jode a nosotros mismos. Sobre esas cosas es que me meto a escribir”. Con ese lenguaje conquistó al público, que le agradeció lo que considera un ingrediente de su trabajo: la honestidad.

Su música, dice, responde a sus sentimientos y no a estrategias de mercadeo, pero esto no significa que Santiago no corra riesgos. Al contrario, conoce muy bien su carrera y sabe que en la música siempre se paga un precio.

A lo mejor ya lo pagó y ahora avanza seguro de haber encontrado su camino, su marca. “La música siempre será de canciones. Nunca ha habido tanta oferta de música como hoy, pero la gente escoge lo que siente más cercano”.

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