El interior de los Héroes

Uno de los monumentos más famosos de Bogotá oculta un espacio que una vez fue pensado por Gustavo Rojas Pinilla como museo de armas. Estuvo cerrado y olvidado por 47 años pero pronto será reabierto como un lugar para el arte.
El interior de los Héroes

A 2,20 metros bajo tierra no es posible percibir la gloria de Simón Bolívar. Apenas se oye el murmullo que producen los carros al pasar y un tímido eco que se queda encerrado en un salón de paredes impenetrables con un fuerte olor a humedad. Solo la luz que entra cuando se abre la puerta permite dar pasos seguros, aunque hay que depositar la confianza en una linterna que podría advertir la presencia de un ser indeseable.

Así comienza un recorrido por el interior del Monumento a los Héroes, ese bloque de piedra amarilla donde el Libertador, a caballo y espada en mano, saluda hacia el norte de Bogotá. Adentro no hay nada. En algunos rincones descansa una capa delgada de plumas de palomas que terminaron su vuelo sin mucha suerte y se resignaron a morir en la oscuridad.

Desde el techo también se filtran hilos de agua que, sin embargo, no le hacen mella a este sitio parecido a un búnker, muy oscuro abajo pero que se ilumina naturalmente solo unos escalones arriba. Un sitio oculto para los bogotanos, a pesar de estar en un lugar estratégico de la ciudad: la avenida Caracas con calle 80.

Este espacio escondido debajo de los Héroes y de la fila roja de Transmilenio que lo atraviesa, es quizás uno de los “descubrimientos” más importantes de la década. Apenas hace cuatro años llamó la atención del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, que estuvo pendiente del entorno del monumento por las obras del cruce de la calle 80.

En ese entonces los ingenieros encontraron un sótano lleno de agua, con una puerta en ruinas por donde los indigentes se le colaban al Bolívar vigilante para resguardarse de la noche, y unas escaleras inconclusas que llevaban a la terraza. La curiosidad permitió recopilar datos que, aunque escasos, hoy pueden contar parte la historia interna de los Héroes.

La versión oficial se remonta a los años 50, durante el gobierno de Roberto Urdaneta y la alcaldía de Fernando Mazuera. La idea inicial era un monumento que honrara a los soldados colombianos muertos en la guerra de Corea. Pero el concepto cambió con Gustavo Rojas Pinilla, quien quiso hacer un homenaje a las batallas libertadoras y le encargó el trabajo al escultor italiano Vico Consorti, famoso por realizar la Puerta Santa de la basílica de San Pedro y quien también dejó en Bogotá la puerta del Palacio Arzobispal.

Así quedaron inscritas en letras de bronce las batallas de Ayacucho, Carabobo, Bomboná, Boyacá, Pichincha y Junín sobre este edificio rectangular cubierto de piedra muñeca, como se conoce a este material común en varios edificios del centro de la ciudad.

La obra la completó una estatua de Bolívar, hecha por el escultor francés Emmanuel Frémiet, que un día estuvo en el parque de la Independencia y estaba guardada en el vivero El Campín sin destino fijo, mientras se construía la calle 26. Así, aunque solo por fuera, el presidente Guillermo León Valencia lo inauguró el 24 de julio de 1963.

Pero adentro la historia ni siquiera comenzó. Con la caída de Rojas Pinilla en 1957, el interior se cerró y el proyecto de un museo de armas y de la sede de la Academia de Historia nunca se ejecutó. Al parecer, los primeros diseños interiores fueron del arquitecto Ignacio Martínez Cárdenas, pero también se quedaron en el papel. Por eso toda la fastuosidad desaparece cuando se cruza la puerta. Los 750 metros cuadrados de los tres pisos se imponen en la oscuridad.

Ese espacio será la sede de Zona D11, un evento que une al público con los diseñadores en sitios fuera de lo común. En su primera edición, en 2010, sucedió en un convento de Usaquén que intervino Ágatha Ruiz de la Prada. Este año planea revivir el interior de los Héroes, respetando su condición de monumento. Serán invertidos 700 millones de pesos en adecuación para la feria de diseño que tendrá como invitado a Alberto Mantilla, el colombiano que diseña objetos industriales y decorativos en Nueva York, famoso por su salero y pimentero en forma de abrazo.

“El edificio no es algo improvisado, está muy bien hecho y resiste lo que quiera. Uno podría intuir que Consorti quiso traer cierta monumentalidad de los edificios del centro al norte”, dice Mauricio Sussmann, arquitecto de Zona D11. Se intuye también que su estructura fue acorde con los caprichos de un dictador, algo que quizás el escultor supo interpretar pues había crecido entre el legado de Benito Mussolini.

La muestra de diseño estará repartida en todos los pisos, por donde quedaron espacios sin acabar, nichos, escaleras y paredes grises sembradas de varillas de hierro que se asoman peligrosamente. La adecuación dejará escaleras terminadas, barandas, pisos en concreto esmaltado y techos cerrados. Además, una terraza que permite dar una mirada de 360 grados de la ciudad.

“Después de esto debemos buscar la vocación al edificio, que tenga presupuesto y de pronto que sea sede de la Galería Santa Fe o un espacio dedicado a la Independencia”, dice Gabriel Pardo, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

Por el momento, las últimas palomas tienen su último chance de volar y tal vez de morir adentro, pero desde marzo el interior gris de los Héroes podrá ser redescubierto por los bogotanos, que podrán oír el rumor del paso de los carros y luego subir 21 metros sobre la calle, para percibir desde arriba la gloria de los héroes.