Carol Jaramillo, una joya de modelo

Esta hermosa paisa lleva la marca Cartier por toda Europa. Vive en París en Saint-Germain-des-prés,y monta a caballo en ChÂteau de Chantilly. Una mujer muy fresca.
Carol Jaramillo, una joya de modelo

Descubrir una modelo puede ser tan fácil como que te paren en la calle y te pregunten: “Hey, ¿tú no quieres ser modelo?”

Así de fácil, pero así de difícil, porque hace falta que estés dispuesta, es decir, que te guste, y que luego tengas buena química con la cámara, y que aceptes abandonar tus proyectos a cambio de una vida que no siempre es tan encantadora como aparece en las revistas.

A Carol Jaramillo la venían buscando de la agencia Informa Models, de Medellín, desde que ella tenía 15 años. Pero en ese entonces lo que Carol quería hacer en la vida era ser vaquera. Andaba untada de barro hasta el cuello, perseguía reses a caballo para marcarlas, y no tenía nada más en la mente que especializarse en genética para pulir las razas de vacas y caballos en su finca de Puerto Triunfo.

Nada más alejado del mundo de la belleza al que, finalmente, terminó cediendo en busca de algo de independencia económica.

El modelaje siempre empieza como un juego de niños. En el colegio, Carol se daba sus mañas para tener su propio dinero vendiendo dulces, pero un buen día descubrió que era mucho más rentable servir de modelo. Era una meta simple, ajena a los propósitos reales de la vida: modelar para darse sus gustos.

Eso fue hace siete años. Hoy hace parte de un exclusivo grupo de modelos de Cartier que recorre Europa exhibiendo alhajas y relojes cuyo valor total supera los 60 millones de dólares; ha desfilado en pasarelas de Italia, Alemania, Francia, España, Nueva York y Miami para marcas como Azzaro, Dior e Ives Saint Laurent; hace catálogos de ropa interior y vestidos de baño para reconocidas marcas internacionales, y tiene como meta, antes de abandonar el modelaje y convertirse en fotógrafa, entrar en el lujoso círculo de ángeles de Victoria’s Secret.

Vive en el célebre barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés, en un apartamento que comparte con una amiga que la invita a cabalgar los fines de semana en Château de Chantilly, donde Carol ya tiene su propio caballo y un pony. Y se la pasa viajando.

Gracias al modelaje, ha podido conocer el mundo entero. Y, sin embargo, no cambia por nada las vacaciones en la casa de sus padres, en Medellín, en una casa campesina típica antioqueña donde, además, tiene un criadero de gatos persas.

La vida en rosa

Sí. Basta con que te pregunten si quieres ser modelo. Pero es necesario que se hayan fijado en ti por algo. En el caso de Carol, su estatura (178 centímetros), las facciones atrevidas de su rostro, sus ojos penetrantes, su personalidad rebelde, su figura espigada, ni muy delgada ni muy voluptuosa (sus medidas son 86-61-84).

No había terminado de realizar su primer desfile en Colombia como modelo de Informa Models cuando el diseñador de Loewe, José Enrique Oña Selfa, le propuso desfilar en París para su marca. Se quedó seis meses y luego saltó a Nueva York. Fue el comienzo de su carrera internacional. Hoy trabaja para agencias tan prestigiosas como Karin, en París; y MC2, en Nueva York y Miami.

Han sido cinco años largos durante los cuales ha aprendido a conocer el negocio casi por intuición, dejándose llevar por su buena estrella, pero también cuidándose de no caer en las garras de un medio tan pesado como el del modelaje. “Es tenaz –dice Carol con el acento marcado de su Antioquia natal–. Es un mundo de libertad, pero también de excesos; hay gente que lo toma bien y otra que lo toma no tan bien, muchos se pierden en el camino”.

Se refiere al mundo pesado de las fiestas, el licor y otras tentaciones más fuertes al que muchas modelos, obnubiladas por el derroche de fantasía, terminan sucumbiendo. “Yo me defiendo con mi seriedad. Es cuestión de crianza. Yo tengo unos valores muy bien arraigados que me han protegido. Debe ser eso”. Sus amigos, en consecuencia, no pertenecen al círculo de la moda. Y ella, en particular, prefiere permanecer alejada de él cuando no está trabajando.

Ni siquiera se ha esforzado por languidecer, por bajar de peso y de talla con el fin de ser aceptada con mayor facilidad en las pasarelas. “En Europa las prefieren demasiado flacas, casi buscan un gancho en el cual colgar la ropa. No tienen busto, no tienen cadera, parecen niños”.

Carol no. Sus curvas, que no tienen nada que ver con la voluptuosidad de medidas protuberantes que venden en Colombia, le han permitido desenvolverse muy bien en ropa interior y vestidos de baño y, en general, en los catálogos fotográficos. Lo cual no quiere decir que no desfile. Lo que sucede es que ella tiene claro que el negocio no se trata tanto de figurar, en busca de convertirse en una top model, sino en saber cómo facturar más sin extenuarse. “Las grandes pasarelas tienen un problema. Si no sos una top, los diseñadores de prestigio te quieren pagar con un vestido, y los diseñadores que hasta ahora están empezando, dicen que no tienen plata para pagarte. Y en el medio están los que no te pagan tan bien en relación con el número enorme de desfiles que tenés que hacer”.

Prefiere, en cambio, trabajar en los show rooms, que son desfiles privados, lejos de las cámaras y del público, dedicados en exclusiva para los compradores. Al fin y al cabo, luchar por ser una top es un ideal revaluado. Los tiempos en que las modelos de la talla de Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Naomi Campbell y Linda Evangelista podían darse el lujo de decir que no valía la pena levantase de la cama si la jornada no les producía 10.000 dólares, llegó a su fin hace rato, entre otras cosas porque en los últimos diez años las actrices les han quitado el trabajo, y porque los diseñadores se han dado cuenta de que es mejor que el público se fije en la prenda, más que en la modelo. “Claro que vos ves mujeres divinas. Ves a Gisele Bundchen y te caés de para atrás. Pero muchos clientes prefieren que su modelo no sea muy conocida. Todo depende de la intención”.

De la intención del cliente, pero también de la actitud de la modelo para ganarse el contrato. Carol recuerda que en uno de sus primeros trabajos, un fotógrafo le pidió que hiciera cara sexy. “¿Sexy? ¿Y eso cómo es? Yo no sé hacer cara sexy”, le contestó. Y entonces le tocó aprender, hacer como si estuviera seduciendo a su novio, o algo por el estilo, y soltarse. “El modelaje es una actuación. Vos actuás y el fotógrafo te dirige. Y así terminás haciendo cosas que no imaginabas que podías hacer. A veces he visto fotos mías en las que digo ‘¡Parce, esta no soy yo!’. Y sí, puede que no lo sea. El secreto es poder ser camaleónica”.

Y Carol lo es. Una de sus grandes ventajas es que, a sus 22 años, puede parecer de 15 o de 45, dependiendo de cómo se maquille y de lo que se ponga. Su gama de edades es tan amplia que puede participar en muchos castings. Es algo que ya se le volvió una rutina. Andar con su book debajo del brazo recorriendo París en tacones, elegante como nunca imaginó que lo fuera, en busca de nuevos negocios. Un panorama que nunca se propuso, pero que le ha cambiado sus perspectivas profesionales.

Aunque no ha abandonado la idea de montar una finca genética de purificación de razas equinas, se ve más bien en Australia retratando la naturaleza como fotógrafa de National Geographic. Por ahora anda tomando cursos libres por internet y haciendo sus propios ensayos fotográficos. Eso sí, aunque parezca que el modelaje es tan solo una profesión para hacer plata y conocer el mundo, sueña con poder redondear su carrera convertida en uno de los ángeles de Victoria’s Secret, quizás el mayor anhelo con que pueda pensar una modelo.

Ya participó en un casting y, según ella, estuvo a punto de ganarlo. Incluso clasificó para figurar en los catálogos internos de la empresa. “Todavía tengo que trabajar mejor mi cuerpo, fortalecerlo. En cuestión de dos años quiero estar allá”. Pero puede que sea antes. En junio, cuando viaje a Nueva York, volverá a intentarlo. Sería todo un detalle coronar así ese viaje a la fantasía que un buen día la sacó de los establos de Puerto Triunfo, y la puso en el mismo centro del modelaje mundial.