El cisne negro

Los sueños pueden convertirse en pesadillas. Esta antipática frase de cajón le viene, sin embargo, muy bien a la nueva cinta de Darren Aronofsky
El cisne negro

Una dedicada bailarina (Natalie Portman) tiene por fin la oportunidad de su vida: interpretar al cisne blanco y al cisne negro, en el montaje moderno de El lago de los cisnes, de Tchaicovski, que prepara la compañía de ballet para la que ella baila.

Al director neoyorquino, el mismo de Réquiem por un sueño (2000) y El luchador (2008), no le interesa tanto el ballet como la trama sicológica. No le importa el arte en sí, sino el martirio que encarna. No la belleza de la ejecución, sino los traumas de los ejecutantes.

El cisne negro no ofrece un espectáculo grandioso de ballet, si es que alguien espera que así sea. Es, más bien, un viaje a la obsesión de una bailarina, un recorrido por el laberinto de su mente y por los surcos de su ambición. Porque Nina (tal es el nombre de ella) no solo debe luchar contra las sospechas de que Lily (Mila Kunis) quiera quitarle el papel, sino con las propias dudas de su coreógrafo (Vincent Cassel), quien sabe de sobra que Nina es muy capaz con el papel del cisne blanco (que encarna la pureza, el candor, la inocencia), pero no está muy seguro de que pueda interpretar al cisne negro (que simboliza la sensualidad, la malicia, la lujuria). Y en medio de todo, debe librar su propia lucha por alcanzar la perfección.

La rigidez física y sicológica con la que se comporta Nina, gracias al espléndido papel de Portman, da cuenta de los tormentos que la agobian. Como bien lo anotó Manohla Dargis, crítica de The New York Times, Nina no es artista sino mártir. Una mártir ansiosa que se automutila para castigar sus imperfecciones. Aronofsky quiere que lo tengamos claro, y nos contagia la ansiedad con una cámara que no deja respirar a Portman, que la persigue hasta debajo de sus sábanas, que le capta y nos transmite hasta los sonidos de su respiración agitada, en un acoso de primeros planos que agobia. No es para menos. Finalmente Nina está asfixiada por sus propias obsesiones y deficiencias emocionales derivadas de una madre controladora (Barbara Hershey) que quiere sublimar sus frustraciones en el éxito de su hija. Parece una cinta de terror. Pero no hay tal. Es la película de una mujer que se tortura.

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Doce candidaturas al Óscar parecen hablar suficiente de ella. Pero de pronto haya sido exagerado. Porque la cinta sobre la lucha del Duque de York por superar la tartamudez gracias a la cual Inglaterra entera piensa que es estúpido, es muy entretenida. Y el papel de Collin Firth, altivo. Lo malo es que nos quedamos sin saber quién era en realidad el rey Jorge VI más allá de sus complejos con el habla.

127 horas

¿Cuánto tiempo quedarán registradas las imágenes de esta película en nuestra mente? Quizás sea imposible olvidarlas. Así como tampoco la valentía de Aron Ralston (excelente actuación de James Franco), que prefirió cortarse el brazo a perder la vida. La cinta obtuvo seis candidaturas al Óscar, incluidas las de mejor actor y mejor película.