La cara y el sello de la boda real

Una parte del pueblo británico está emocionado con el matrimonio real, pero muchos londinenses no quieren saber del asunto. CROMOS recorrió las calles de la capital británica y encontró que las opiniones están divididas.
La cara y el sello de la boda real

A medida que se acerca la boda entre el príncipe William y Kate Middleton, miles de turistas que quieren llevarse al menos un trozo de historia de la monarquía, tropiezan con londinenses que andan más bien hartos de una realeza inútil que no hace sino expoliar al pueblo con sus onerosos gastos.

Para dar cuenta de la división de opiniones respecto a la boda real, es necesario andar las calles, olfatear la atmósfera y hablar. Ir a los pubs donde gerentes y oficinistas quedan al mismo nivel, y conversar con ellos, saber lo que piensan. Hay que hablar con los dueños de las boutiques más exclusivas en Chelsea y Kensington y con los repartidores de periódicos a las afueras de las estaciones del metro en el este de la ciudad, zona de la clase trabajadora.

La buena cara

En King’s Road, una de las calles más famosas de la ciudad y que fuera en el pasado el camino privado del rey Carlos II, los comercios no rebosan de souvenires alusivos a la boda, pero las cajas registradoras facturan más de lo normal. Los dueños de Hotel Chocolat, una boutique de finos chocolates, han incrementado las ventas en un 40 por ciento.

Cálculos de los especialistas de la Cámara de Comercio de Londres apuntan a una inyección de 1.600 millones de libras a la economía londinense, gracias a la boda. La mayoría de ese dinero irá a parar a boutiques y hoteles de las zonas más costosas de la ciudad. Lo confirmamos, no hay una habitación disponible en los hoteles Intercontinental y Hilton al lado del reconocido Hyde Park. Tampoco es posible encontrar habitación en los lujosos hoteles de Knightsbridge ni en los hostales Earls Court. Londres ya llenó en un 95 por ciento su capacidad hotelera, según la Confederación de Hotelería y Turismo de la ciudad.

La buena cara la ponen también los comerciantes de otras ciudades, que ven en la boda la oportunidad perfecta de hacer negocio. Los dueños de Church’s , una casa de porcelanería china especializada en memorabilia ubicada en Northamptom, está desbordando de alegría. Para esta ocasión el negocio de Joe Church no ha parado de producir bandejas con las caras del príncipe William y Kate Middleton, una ocasión que le generará, según él, alrededor de 10.000 libras. “La boda es buena para la realeza, para los ciudadanos, y ciertamente especial para comerciantes”, afirma con una sonrisa.

La mala cara

Pero mientras un cuento de hadas se teje alrededor de la nueva pareja real, muchos políticos –especialmente republicanos– y ciudadanos de a pie se quejan por el desbordado gasto de la ceremonia real. No es para menos, esta es la boda más costosa de la historia. El precio calculado es de 20 millones de dólares, valor equivalente a 38.000 millones de pesos.

Al mismo tiempo en que se van haciendo públicos los costos aproximados de la multimillonaria ceremonia, el gobierno en cabeza del primer ministro David Cameron, anuncia recortes trimestrales en educación, salud y seguridad. El último mes se oficializó la reducción de un 10 por ciento de trabajadores del servicio estatal de salud y el cierre de hospitales que representarán ahorros de alrededor de 20 millones de libras en las arcas del estado, suma superior a la que pagarán por el pomposo matrimonio y que se financian con los impuestos de los residentes en el Reino Unido, tanto nacionales como extranjeros.

Otro de los problemas de los que se quejan políticos como Greg Hands, miembro del Parlamento por las localidades de Hammersmith y Fulham, es el gasto desmesurado en policía teniendo en cuenta la paranoia del gobierno británico frente a ataques terroristas. Para el fin de semana del 29 de abril la Policía Metropolitana de Londres tendrá que desembolsar el doble de dinero a sus oficiales en servicio durante el día gracias al día festivo dado por el primer ministro Cameron. Sam Harris, oficial senior de prensa de la institución, le dijo a CROMOS que “es una contradicción que mientras se vaya a gastar el doble de dinero el día de la boda, el mismo gobierno recorte el presupuesto de la policía para este año en casi 700.000 libras”.

En la noche, después un día de jornada laboral, los nuevos ricos de Londres se reúnen en El caballo blanco (The white horse), uno de los pubs más famosos de la capital inglesa, colindante a King’s Road. Allí, en una de sus paredes se lee una frase que Goethe escribió sobre el matrimonio: “Un asunto de cálculos y deudas. Una deuda infinita que solo puede ser saldada a través de la eternidad”. Y que terminarán pagando, para bien o para mal, todos los británicos.