Marlon Moreno, doctor en actuación

Era, lo ha demostrado, el actor que la televisión nacional estaba esperando. Tan profesional y al mismo tiempo con un aura que pocas veces aparece en la pantalla. Ahora es la gran atracción de A corazón abierto.
Marlon Moreno, doctor en actuación

Marlon Moreno se ha convertido en uno de esos actores que le hacen falta a la televisión. Es probable que él no lo sienta así, pero con su estilo, su forma de trabajo y el respeto por el oficio ha creado inconscientemente un aura que pocas veces se ve en esta profesión. Esto lo percibe el público y por eso lo reclama. También lo hace la industria televisiva, que hoy puede apostarle sin dudarlo a una producción que incluya su nombre.

Puede ser también una garantía de éxito, aunque con su tono de voz pausado afirma que no es una condición en su trabajo y sabe por experiencia que puede estar en el otro extremo. “Lo que hacemos nosotros está destinado al fracaso, lo han dicho muchas personas, por eso el éxito es una casualidad”. Pero no es una mirada pesimista, es parte de ese proceso que comenzó cuando era un jovencito decidido a ser actor.

En todo ese tiempo, más de 30 años contando la etapa en la que empezó a formarse en el colegio y como un cinéfilo que no temía soñar con las imágenes, Marlon ha trabajado para encontrar su esencia. Puede sonar filosófico y muy trascendental, pero así es su ritmo en medio de una industria acelerada que toma y desecha sin pudor, pero que se rinde ante actores como él.

“Buscar mi esencia como actor me ha llevado a encontrarme en mi esencia como ser humano. Esa es mi motivación”. Sus personajes dan cuenta de ello. Desde que debutó en La mujer del presidente, en 1997, su objetivo ha sido ser consecuente con su oficio.

Hace poco regresó a la pantalla como el doctor Juan Felipe Becerra, en la serie A corazón abierto. La producción, que ha roto récords de sintonía en el país, utilizó su imagen para anunciar su segunda temporada y, como si fuera una necesidad apremiante, puso a Marlon Moreno como el gancho para atraer más audiencia. En el fondo fue solo una estrategia que también tenía la intención de darle gusto al público, que parece siempre reclamar su presencia.

Este es el primer papel que hace desde que protagonizó El capo, la historia del mafioso que lo dejó de alguna manera agotado, con ganas de aislarse y de pensar. Así lo hizo, pues antes de ponerse la bata azul rechazó casi veinte proyectos en los que había papeles similares al del narco poderoso.

El personaje llegó en el momento en que ya estaba liberado de la maldad de Pedro Pablo León. Del doctor le atrajo la carga humana y cierto pasado secreto de un hombre curtido en guerras sin más pretensiones que salvar vidas. “Va más allá del rótulo de ser médico, con una forma de caminar sin ataduras”, dice, y por eso quiso también moldearlo con un aspecto despeinado lejos del capo pulcro inmerso en la ilegalidad.

Marlon está viviendo este personaje pero su mente sigue trabajando fuera del estudio. En su crecimiento profesional el cine ocupa un espacio importante desde que protagonizó El rey hasta que hizo su papel más premiado en Perro come perro, pasando por la exitosa comedia Soñar no cuesta nada. La pantalla grande es el espacio que le permite reinventarse, salirse por momentos de un sistema en el que por fin puede darse el lujo de escoger proyectos y personajes que le interesen: “debe haber una relación con mi pensamiento de vida”.

Esa posición no lo exime de algo que lo hace igual a todos: la supervivencia, aunque se centra en lo que lo hace diferente: su emoción por el oficio. A esto se le suma talento, una apariencia madura y un carisma que le incrementa su fanaticada femenina en cada nuevo proyecto. Unos ingredientes que muchos desearían tener para irse por el camino más fácil: dejarse llevar por el sistema.

Pero él se resiste, lo ha hecho desde el comienzo. Un ejemplo fue cuando decidió filmar Perro come perro por encima de una oferta para una producción de televisión, arriesgando algo básico como su sueldo. “Tuve amigos que me prestaron plata porque lo dejé todo por irme a la película”, afirma, al tiempo que recalca que en ese momento, después de que trabajó en Sin tetas no hay paraíso, su carrera era “normalita”.

Y cuando se le pregunta cómo ha hecho para moverse entre su carrera y su filosofía de vida sin perjudicar ninguna, su respuesta suena fuerte: “Con muchas güevas”. Se disculpa por la expresión pero tal vez no hay otra más acertada para explicar el respeto que se tiene a sí mismo.

“La vida me ha ido llevando por un camino que me tracé”, dice, y allí cabe su intención de ser ahora quien haga y cuente las historias. Dentro de pocos días comenzará a rodar su primer cortometraje como productor y director, otro oficio con el que se arriesga y satisface la necesidad de expresarse.

Este año se estrenarán otros tres filmes en los que actúa: En coma, donde interpreta al dueño de un prostíbulo en solo una muy intensa escena. Después estará en La reina, de Antonio Dorado, y en El sargento Matacho, de William González. Y sigue otro filme en Caracas del que prefiere no hablar todavía.

Marlon Moreno sabe que está viviendo un boom en su carrera, pero prefiere que esto se desvanezca entre sus proyectos. Dice que quiere ser lo más fiel a sí mismo. Es una promesa y una actitud: “Creo que todo lo que hago es para ser un actor de verdad”.

Nació en: Cali

Es: actor de cine  y televisión

Series y películas: La mujer del presidente, La saga, El último matrimonio feliz,  El capo, Perro come perro, El rey y Soñar no cuesta nada.