Juan Fernando Herrán, el artista de las escaleras

Éste artista se basó en las escaleras de los barrios de ladera de Medellín para crear "Espina dorsal", una serie de esculturas en madera que reinterpretan un espacio público cotidiano.
Juan Fernando Herrán, el artista de las escaleras

Hace cuatro años Juan Fernando Herrán se fue a los barrios de las laderas de Medellín y encontró que las escaleras por donde los habitantes suben a diario a sus casas, la mayoría hechas por ellos mismos, eran formas escultóricas entre el espacio público. Las caminó, las exploró, las fotografió y empezó a plantearse un hecho artístico que luego plasmó en cuatro estructuras de madera que parecen ascender como ramales que conducen a ningún lugar.

Así surgieron las escaleras que componen la muestra “Espina dorsal”, esculturas gigantes hechas de madera rústica, al estilo de formaletas que se usan en construcción para luego vaciar en ellas el concreto. Detrás de estas piezas hay una historia artística y la representación de la vida de muchas personas.

El antecedente artístico comenzó en 2007, cuando Herrán obtuvo una beca de residencia en el Encuentro Internacional de Prácticas Artísticas Contemporáneas en Medellín, en la que debía realizar un proyecto vinculado con la ciudad. “Partí de una idea sencilla y era buscar una interpretación de la escultura pública pero desde un ángulo contemporáneo”.

Fue entonces cuando comenzó su búsqueda, básicamente en barrios Independencias 1, 2 y 3, de la comuna 13. El proceso inicial se llamó “Escalas” y se basó en las primeras fotografías de las escaleras que, casi siempre irregulares, suben hasta conquistar la cima de la montaña. Pero en las fotos no hay personas, son solo las construcciones, unos paisajes lineales de formas insólitas y hasta increíbles en su concepción, en los que evitó el retrato de la miseria, que considera un lenguaje manido que no encajaba en su proyecto.

“Después de una serie fotográfica empecé a desarrollar inquietudes que estaban en las imágenes de manera tridimensional”. De ahí surgieron maquetas, planos y dibujos que están exhibidos junto con las fotografías como soporte de toda la acción artística que lo llevó a las esculturas. Las fotos se exhibirán en la próxima Bienal de Venecia, en junio.

Esas formas gigantes surgieron de las escaleras que, como columnas curvas y poco simétricas, representan la condición de los habitantes de los barrios y también una necesidad básica, como es la de acceder a sus casas. “Las escaleras hablan de la gente y cuando uno las recorre se da cuenta de que está interiorizada en sus vidas. Allí se encuentran, se enamoran y viven”.

Una realidad que de todas maneras Herrán no quiere enmarcar en una denuncia. Para él, lo que hay detrás puede ser una condición dura pero también hay una cadena de hechos, de procesos de vida que pueden tomar años y en ocasiones ni siquiera acabar. Por eso, una de las fotos no muestra la escalera sino el destino: un lote donde hay un inicio de construcción cuadrada con tres hileras de ladrillos que demarca una posesión con la esperanza de que sea algo más que eso.

“No es denuncia sino acompañamiento y solidaridad. Tenía que dar cuenta parcialmente de ese grado de esfuerzo y persistencia. Y necesitaba que fuera grande y real”. Por eso, cada escalera está hecha a escala real de las de los barrios, después de levantar los planos y ensamblar cada una de estas espinas dorsales que pueden representar la necesidad constante de construir un hábitat.

“Espina dorsal” se exhibió hace un año en Buenos Aires y en octubre pasado en el Museo de Antioquia. El montaje le permitió a Herrán establecer una relación entre la obra y el espacio, para presentar las esculturas no como una totalidad sino como fragmentos sueltos. “Son piezas que se acomodan a los lugares, como siguiendo el origen del proyecto: las construcciones que se acomodan a la topografía de la montaña”.

En la galería NC-arte, donde se exhibe, dos escaleras que lucen frágiles se oponen a las columnas de concreto y las otras dos sobrepasaron la altura del primer piso para conjugarse en un juego arquitectónico y visual con las escaleras del edificio. Un juego simbólico de escalones que suben hacia ninguna parte, pero que representan la lucha y la conquista inconclusas o que, simplemente, nunca terminan.

 

La muestra estará abierta hasta el 21 de mayo en la galería NC-arte, de Bogotá.

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