20 minutos con Lady Gaga

El más grande fenómeno del pop del momento, visto por la directora de la revista Shock, Mariangela Rubbini, una de las pocas privilegiadas que ha tenido el placer –¡y la angustia!– de entrevistarla.  
20 minutos con Lady Gaga

A eso le llaman dizque mariposas, pero en realidad es como una especie de gastritis. Uno siente que le arde la boca del estómago. Sudan las manos y dan ganas de ir a orinar infinitas veces. Uno se para y camina, se sienta, se acomoda una y otra vez en el sofá. Se compone la camisa y la chaqueta. Se rasca el tobillo. Se levanta, se supone que mira las vitrinas de las lujosas tiendas que atraviesan el vestíbulo del hotel, el Mandarin Oriental en la ciudad de Miami, pero en realidad está pensando en cuál será la mejor manera de empezar. Si sus respuestas serán demasiado cortas. O si serán tan largas que en los 15 minutos que me han dado para este encuentro únicamente alcance a responder dos de las 37 preguntas que preparé para ella. Si es capaz de llegar encerrada en un huevo a los premios Grammy y en un vestido hecho de carne de animal a los Mtv, ¡qué puede uno esperar de un personaje como este!

Llevábamos bastante tiempo detrás de Lady Gaga. La oportunidad de conocerla se dio porque habían sido programadas algunas entrevistas con la prensa a propósito del lanzamiento, este 23 de mayo, de su nuevo disco, Born this way. El tercero en su carrera.

Era en realidad un privilegio. Solo dos periodistas de Colombia podríamos tener un encuentro con ella, y no más de 10 de Latinoamérica. Gaga es la artista más importante de la actualidad. Es como haber entrevistado a Madonna o a Michael Jackson en el momento cumbre de sus carreras. Casi 11 millones de seguidores en twitter y el mismo número de visitas en tres días del video de su canción Judas en YouTube así lo confirman. Solo tiene 25 años y ya ha conseguido que cientos de miles de "pequeños monstruos" –así es como ella llama a sus fans– la sigan en el mundo entero.

Su verdadero nombre es Stefani Joane Angelina Germanotta, pero tomó su alias artístico de la canción Radio Ga Ga, de Queen, en honor a Freddy Mercury, a quien ella considera uno de los grandes íconos pop. Estudió Artes y durante mucho tiempo se movió en la escena electrónica underground de Nueva York. En su primera gira fue telonera del reencauche de los New Kids on the Block, y hasta fue contratada por Interscope Records para escribir algunas canciones para Britney Spears. En el 2007 todavía era una artista desconocida que hasta abucheaban en los grandes festivales del mundo y que diseñaba su propia ropa. Hoy tiene detrás un emporio creativo llamado Hous of Gaga. Es considerada por la revista Time como uno de los personajes más influyentes, la artista que más canciones ha vendido en formato digital, es la cabeza creativa de la compañía Polaroid y todos los sencillos que ha lanzado desde la salida de su disco debut en el 2008, The Fame, han alcanzado el número uno.

Desde David Bowie, pasando por Andy Warhol, Donatella Versace, Marilyn Manson, Federico Fellini y Madonna son referentes de su creación. De su puesta en escena.

La espera termina. Subo al piso en el que ella se encuentra. Un camaján de seguridad me recibe y me dice que me quede en el pasillo hasta que me avisen que puedo entrar a la habitación. Me siento en el piso y reviso que la grabadora esté funcionando bien, repaso los apuntes y me dan ganas de orinar de nuevo pero ya qué. Estando ahí, alguien de la disquera me cuenta que el maquillaje de la Lady para este día de promoción con los medios puede llegar a costar entre 3.000 y 5.000 dólares. Me ponen a escuchar Judas, canción que será su próximo objetivo radial, y con la que una vez más cachetea a la Iglesia. Me dan ganas de bailar. De repente se abre la puerta y una señora rubia me hace entrar. Es la mamá de Gaga. Cynthia Germanotta no ostenta pieles de animales ni prendas de diseñador. No es estrafalaria ni está exageradamente maquillada. Lleva puesto un sastre camel y es medio gordita. Podría ser la mamá de cualquiera de nosotros. Me pide disculpas, Gaga va a tomarse un par de minutos para descansar. Me siento en la silla que ella me sugiere y yo le muestro una copia de la revista Shock para quemar tiempo.

Diez minutos después aparece mi entrevistada. Lleva puestos unos calzones blancos y unas botas hasta encima de la rodilla del mismo color. Una chaqueta negra. El pelo amarillo y negro y las uñas rojas y negras. A mí, el corazón se me va a salir. Ella se acerca, me saluda de beso y me abraza. En ese momento me doy cuenta de que es solo un poco más alta que yo. Debe medir, máximo, un metro con sesenta. Es muy delgada y dulce con las palabras. Se ve un poco frágil. Todo lo contrario a como me la imaginaba. Ni engreída ni ruda. Mucho menos monstruosa. Me mira fijamente a los ojos y yo le digo que no puedo creer que la tenga enfrente de mí. Ella me sonríe y me agradece por el cumplido. Mi ritmo cardíaco se normaliza, las manos dejan de sudarme. Por el maquillaje, luce bastante más vieja de lo que en realidad es: una jovencita como cualquiera que encontró en su alter ego la mejor manera de ganarle la batalla a una sociedad que la tachaba de rara y desadaptada.

Hablamos durante 20 minutos, durante los cuales me cuenta, entre otras cosas, que cuando niña era el mounstrito del colegio y que si hay alguien a quien admira, no es a Madonna sino a su mamá. Me dice que ella y sus "Little monsters" están liderando una revolución. Una revolución que nos invita a todos a liberarnos de los prejuicios que nos imponen la sociedad y las religiones. Termina diciéndome que quien no haya visto uno de sus shows o haya escuchado alguno de sus discos, no va a entender nunca quién es ella en realidad. Aprovecho para pedirle que se tome una foto conmigo. Cuando la vuelvo a ver, Lady Gaga es imponente. Está montada en la tarima del American Airlines Arena de la ciudad de Miami frente a miles de fanáticos que han encontrado en ella, su Madre Monstruo, una motivación para zafarse de cualquier atadura o represión. Asisto a dos horas de un show alucinante en el que ella cambia de vestuario 10 veces y el escenario 7, y me cuesta creer que sea la misma Gaga que tuve sentada a pocos centímetros de distancia. Así es el show business, mezcla de ficción y realidad. Y ella no es el reemplazo de Madonna pero sí es una nueva reina del mundo pop. La Reina Monstruo. Vaya cuestionamiento para la sociedad actual.