Steven Tyler, hierba mala nunca muere

A sus 63 años está más enérgico que nunca. Además de ser la sensación como jurado de la décima edición de American Idol, su autobiografía es un best-seller en Estados Unidos. Para redondear, su último trabajo como solista sobresale en las principales listas de música de su país.
Steven Tyler, hierba mala nunca muere

Muchos coinciden en que Steven Tyler debería estar muerto. No porque lo odien, sino porque ha llevado una vida marcada por tantos excesos que resulta increíble que esté vivo y, además, cuerdo. Por eso, cuando el pasado 9 de mayo lanzó su autobiografía, Does the noise in my head bother you?, era claro que daría bastante de qué hablar.

A diferencia de lo que podría pensarse, Tyler no toma nada a la ligera. En 1960 decidió seguir los pasos de su papá y formar su propia banda, y desde entonces ha sobrevivido contra todo pronóstico. Amante del blues y del rock and roll, Steven mostró su talento como baterista en bandas como Chain Reaction y William Proud, pero cinco años después descubrió que su voz era lo bastante fuerte y aguerrida para liderar su propio proyecto.

En Boston, Massachusetts, durante un concierto de rock local, su decisión cobró sentido. Allí conoció a quienes serían los integrantes oficiales de su nueva banda, que se transformaría en una de las más populares de la historia del rock estadounidense: Aerosmith. Al lado de Joe Perry, Tom Hamilton, Brad Whitford y Joey Kramer, Steven ha fluido como si la música fuera algo natural en él. Aunque en sus presentaciones se le ve al lado del micrófono y tocando la armónica en ocasiones, es un experto con el piano, la guitarra eléctrica y la acústica, el bajo, la mandolina, el violín, la flauta, el saxofón, la trompeta y el dulcimer martillado (instrumento musical de cuerdas).

Pero el instrumento con el que se ha consolidado como un verdadero rockstar es su voz. Gracias al tamaño de su boca (que en más de una ocasión le valió comparaciones con Mick Jagger, vocalista de Rolling Stones) y a la fisonomía de su lengua que le permite emitir el sonido áspero y agudo que lo caracteriza, Steven le ha podido dar un sello personal a cada una de sus canciones. Es tan bueno en lo que hace que en 2008 la revista Rolling Stone le eligió uno de los 100 mejores cantantes de la historia. La revista estadounidense Hit Parader, por su parte, lo ubicó en el tercer puesto en el grupo de los mejores vocalistas de heavy metal de todos los tiempos, después de Robert Plant y Rob Hakford, respectivamente.

Y aunque le emociona ser reconocido, lo que Tyler en verdad agradece es poder seguir haciendo música después de una larga historia de drogas, accidentes y escándalos. “El mundo sabe que soy alcohólico y drogadicto rehabilitado, tengo una personalidad adictiva, pero es un proceso diario y tengo que mantener mis ojos abiertos para que no me coja desprevenido”. Así es como el propio Steven define su vida actual en su autobiografía. El libro, a menos de 15 días de publicado, ya está dentro de la lista de bestsellers de Estados Unidos según The New York Times.

En los 40 años que lleva con Aerosmith, Tyler ha puesto a prueba su suerte en más de una ocasión. A principios de 2010 entró por octava vez en un centro de rehabilitación. Después de haber sido operado de un pie tras caerle un micrófono encima, se volvió adicto a los analgésicos. Algo bastante inofensivo comparado con sus primeros años con la banda, cuando escondía la droga en la batería para poder consumirla durante los conciertos. Fue tan fuerte su adicción que él mismo calcula que se gastó 20 millones de dólares en drogas: “Inhalé mi avión y mi casa”. Eso sin hablar del accidente de agosto de 2009, cuando se cayó del escenario y se lesionó la cabeza, el cuello y un hombro, y tuvo que cancelar la gira.

Nada de eso, sin embargo, le dolió tanto como cuando le dijeron que podría perder la voz si no se sometía a una cirugía de garganta para cerrarle un vaso sanguíneo. Aunque el procedimiento fue exitoso (y no tan doloroso como el tratamiento al que tuvo que someterse durante 11 meses cuando le descubrieron que tenía hepatitis B y C), Tyler confesó que había sido un llamado de atención para bajarle un poco el voltaje a su vida.

Entonces llegó la propuesta de ser jurado en la décima temporada de American Idol y no lo pensó dos veces. “Era estar rodeado de buena música y ser visto todas las semanas en el programa con más rating en Estados Unidos”, le comentó a la revista People. Muchos no le auguraban éxito en este nuevo rol, pero con su personalidad arrolladora y comentarios no aptos para menores de edad, se ganó el respeto de los críticos y el cariño de los televidentes. Tanto que escogió uno de los programas para mostrar el video de Feels so good, su primer trabajo como solista, con el que deja en evidencia que tiene cuerda para rato.

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