La nueva personalidad de Gibson en "Mi otro yo"

¿Por qué le gusta a uno una película? ¿Por la historia? ¿Por la simpatía o la compasión que inspiran sus personajes? Si es por los personajes, entonces el de Mel Gibson en Mi otro yo (en realidad se llama The Beaver, el castor) le resultará sobrecogedor.
La nueva personalidad de Gibson en "Mi otro yo"

Gibson interpreta a un padre de familia aparentemente exitoso, pues ha heredado la fábrica de juguetes de su padre, con una esposa linda y dedicada (Jodie Foster) y unos hijos hogareños y juiciosos. Pero todo esto es una fachada: en realidad sufre de depresión, una depresión profunda que ha heredado también de su padre, muerto por suicidio, y que amenaza con devorar a su hijo mayor.

A punto de cometer su autoaniquilación, decide hacerle caso a un títere, un castor que lo reemplaza en su esfuerzo por comunicarse con el mundo, por derrumbar todo lo vergonzoso que es, para ser otra persona.

Semejante trastorno de personalidad solo es equiparable con el pánico del hijo mayor –interpretado por Anton Yelsin–, de parecerse a su padre, la angustia de repetir el numerito y convertirse en una víctima patética.

Y ahí están, entonces, estos dos personajes, arrojados al ruedo del destino, evitándose pero buscándose porque, a fin de cuentas, son raíces del mismo árbol. Ahí están ellos y nosotros viéndolos vivir, adivinando en ellos rasgos que nosotros mismos intentamos mantener ocultos, haciendo fuerza para que les vaya bien y, de pronto, aliviarnos con ellos.

La trama no contribuye mucho a que sea una gran pieza cinematográfica. Lo que la hace interesante es el tema, y esos dos personajes con los que quisiéramos solidarizarnos.

Entre otras cosas, de pronto fue por eso que Foster escogió a Mel Gibson como su actor principal: por solidaridad con su propia depresión, derivada de problemas de alcohol que no lo dejan en paz y que le han provocado el rechazo de sus propios fans. Gibson se faja una interpretación altiva, apenas compasiva con su propia condición, perfecta para transmitirnos toda la soledad de los que sufren de tan terribles males.

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