Charles Ferguson, el millonario indignado

El director del documental que denunció a los responsables de la crisis financiera del 2008, ha dedicado su fortuna a la filantropía y a financiar cintas de denuncia social. Este año ganó el premio Óscar.
Charles Ferguson, el millonario indignado

Cuando subió a recoger el Óscar que ganó por cuenta del documental Inside Job, el pasado 27 de febrero en Los Ángeles, Charles Ferguson pronunció un breve discurso que logró arrancar el sonoro aplauso del público: “Ustedes perdonarán –dijo entonces–, pero debo empezar señalando que tres años después de nuestra horrible crisis financiera, causada por un fraude masivo, ni un solo ejecutivo financiero ha ido a la cárcel, y eso está mal”.

Quienes han visto el documental saben que el retrato que hace Ferguson de la crisis económica de 2008 en Estados Unidos produce, sobre todo, una inmensa indignación. Echando mano de los testimonios de los principales protagonistas, Inside Job pone de manifiesto la cruda realidad de los banqueros estadounidenses: riquezas desmedidas, enormes bonos, grandes instituciones en la quiebra y ningún castigo. Por eso, tal vez, el premio de la Academia y sus palabras al recibirlo impulsaron a miles de personas en el mundo a visitar las salas de cine para ver el documental.

Sin embargo, no es mucho lo que se ha dicho sobre Ferguson. Pocos saben, por ejemplo, que este estadounidense no es ningún director sin experiencia en busca de reconocimiento. De hecho, no es ni siquiera un director. Matemático de la Universidad de Berkeley, con un doctorado en Ciencias políticas del MIT en Massachusetts, Ferguson es un millonario que hizo su fortuna en el sector de las comunicaciones asesorando, entre otros, a la Casa Blanca y al Departamento de Defensa.

Luego de haber trabajado para empresas como Apple y Motorola, decidió fundar su propia empresa, Vermeer Technologies, en 1994. Allí creó Front Page, una exitosa herramienta para diseñar páginas web que dos años más tarde logró vender a Microsoft por 133 millones de dólares. Y así, con los problemas de bolsillo solucionados, se dedicó a la investigación académica y a escribir libros y textos periodísticos.

En esas estaba cuando, en 2004, fue a comer con un periodista de la revista The New Yorker, quien le contó lo que estaba sucediendo con las tropas estadounidenses en Afganistán. Lo que le dijo era muy diferente de lo que el gobierno de su país anunciaba a sus ciudadanos. Por eso decidió investigar a fondo y, echando mano de sus propios recursos (le costó dos millones de dólares), se embarcó en el documental No end in sight (2007), que presentó en el Festival de Cannes y hasta la fecha ha ganado ocho premios internacionales. En él, denuncia los atropellos del ejército estadounidense contra la población civil.

Esa experiencia, sumada a las críticas favorables y al éxito en taquilla (el documental ha recogido casi millón y medio de dólares), lo impulsaron a voltear sus ojos al sistema financiero y embarcarse en la tarea de revelar toda la corrupción de Wall Street y las terribles repercusiones que tuvieron sus políticas en el mundo. En Inside job, Ferguson señala con el dedo a los responsables del colapso financiero, muestra las cercanas relaciones entre banqueros, gobierno y academia, y critica la falta de regulación estatal que les ha permitido volverse desmesuradamente ricos. Ahora prepara un nuevo trabajo sobre la vida de Julian Assange, fundador de WikiLeaks.

Aunque es millonario, sus intereses van más allá de acumular riquezas: además de hacer actividades filantrópicas, invierte sus recursos en desnudar a quienes han obtenido sus fortunas de manera ilegal. Pero lo que más le molesta es la pasividad de los ciudadanos. “Me gustaría ver que en Estados Unidos la gente se enfadara con sus líderes y empezara a pedir cambios; que saliera a la calle”, dijo en una entrevista para El País de España. Si bien hasta ahora ninguno de los responsables de la crisis ha sido juzgado, como recordó en el escenario del Teatro Kodak, parece que el mundo está despertando ante los abusos del sistema. Y Ferguson, sin duda, es en gran parte responsable de ello.

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