El arte en Venecia

Las instalaciones son las piezas más llamativas de la 54ª Bienal de Venecia, que este año ha sido calificada de "desconcertante". Un tanque militar invertido, estructuras gigantes y la cápsula que salvó a los mineros son algunas de las obras que hacen parte de este show de arte, que estará abierto hasta noviembre.
El arte en Venecia

En la exposición principal de la 54ª Bienal de Venecia, llamada “ILUMInaciones”, hay sorprendentemente tres grandes pinturas de Tintoretto. La obra dramática y simbólica del glorioso veneciano renacentista se mezcla con las propuestas contemporáneas de 83 artistas de todo el mundo, una decisión que, como es costumbre, ha dado para alimentar la controversia del certamen entre los especialistas.

Una de las responsables de semejante combinación fue Bice Curiger, la curadora de la muestra principal y quien justifica la presencia de todos los lenguajes posibles, con un enfoque: “La luz de la experiencia reveladora, de las manifestaciones que vienen con la intercomunicación, con la comprensión intelectual”.

La muestra es tan grande como heterogénea, una característica que les ha dado material a los críticos para calificarla como demasiado amplia, desorganizada, desconcertante y opuesta al espíritu de comunidad que quisieron darle los organizadores, pues además hay obras de otros 89 artistas que están en la exhibición internacional, de igual número de países.

La selección de “ILUMInaciones” ha sido atacada porque no es tan diversa como se esperaba, pues de los 83 artistas, 49 son europeos, 14 estadounidenses, cuatro latinoamericanos, tres asiáticos, seis africanos, tres israelíes, uno es de origen palestino, dos son iraníes y uno es canadiense. De estos, la mayoría vive en Europa.

Las propuestas están expuestas en el parque Giardini y en el Arsenale, dos lugares donde un visitante desprevenido podría empaparse de qué está pasando en el arte contemporáneo. El show se lo han robado las instalaciones, algunas gigantes, otras complicadas. Sin embargo, el gran premio, el León de oro, se lo llevó el artista estadounidense Christian Marclay con una obra en video llamada The Clock (El reloj).

La obra es un video que dura 24 horas y está compuesto por una serie de fragmentos de películas en las que aparecen relojes que muestran la hora exacta, cada minuto. Según Adrian Searle, crítico del diario The Guardian, es un trabajo “genuinamente popular y adictivo que considero la obra más sorprendente y compleja hecha por un artista hasta ahora, en este siglo”.

El premio a la mejor participación nacional fue para Alemania, que exhibe un pabellón realizado por el artista Christoph Schlingensief, quien murió de cáncer el año pasado poco después de dejarlo diseñado. Es una mezcla de escenarios teatrales, piezas de arte, filmes y documentación de un proyecto que tuvo para construir una escuela y una ópera en Burkina Faso. El resultado es una especie de iglesia en donde suenan voces a alto volumen, se proyectan películas, se exhiben copias de dibujos del artista Joseph Beuys, así como imágenes de los rayos X de los pulmones de Schlingensief, que lucen acabados por el cáncer.

La bienal es también escenario para obras provocadoras, que generan largas filas y expectativa entre el público. Uno de los que lo disfruta al límite es el belga Jan Fabre, quien en un espacio alterno al de la muestra oficial exhibe un homenaje a La Piedad de Miguel Ángel, pero la escultura donde la Virgen tiene a Jesús en sus brazos tiene como cara una calavera.

Algunos de los artistas más comentados han sido los encargados de los pabellones de Gran Bretaña, Suiza y Alemania. El británico Mike Nelson fue criticado incluso en su país por la construcción de una casa de aldea turca, oscura, de techos bajos, sin ventilación y con objetos regados en el piso que han mortificado a sus visitantes.

El artista Thomas Hishhorn, por su parte, cubrió el pabellón suizo de cartón, cinta aislante plateada y papel de aluminio, en una maraña de objetos donde también se sientan en fila unas muñecas Barbie. Estados Unidos se decidió por un tema político en la obra Gloria, de los artistas Allora & Calzadilla. Ellos voltearon un tanque militar y sobre él pusieron una máquina corredora de gimnasio donde un atleta olímpico se ejercita durante 15 minutos, cada hora.

Estos son solo algunos ejemplos de obras de gran presencia mediática y popularidad entre los visitantes. Pero no son los únicos que sorprenden con su trabajo desconcertante. En la lista entran artistas como James Turrell, Oscar Tuazon, Rebecca Warren, Song Dong, Ryan Gander, Nathaniel Mellors, Urs Fischer, Joana Vasconcelos; el eslovaco Roman Ondák, con Cápsula del tiempo, una réplica de la utilizada en el rescate de los mineros chilenos, y Haroon Mirza, que ganó el León de plata como el artista joven más prometedor de la bienal.

La entrada del pabellón principal está tomada por la obra del italiano Maurizio Cattelan, quien les da la bienvenida a los visitantes con 2.000 palomas paradas en cornisas y vigas, las cuales, aunque disecadas, no dejan de producir paranoia entre quienes ven amenazada su vestimenta. Por algo se dice que la Bienal de Venecia también es un show de arte.