Ma. José Barraza no le teme a la edad

La ex reina confiesa que ya no le preocupa la belleza y que lo que busca es la vida tranquila, Así a veces acepte retos como venir de Miami a presentar el nuevo concurso del canal Caracol Millones por montones.
Ma. José Barraza no le teme a la edad

María José Barraza es una de las pocas mujeres que dice su edad sin temor, sin rodeos, de frente. Ni siquiera hay que preguntárselo. A diferencia de cualquier celebridad, en su página web está publicada su fecha de nacimiento: 13 de julio de 1970. Así se ahorra las especulaciones en un medio donde ocultar el paso del tiempo suele ser el pan de cada día. Esta es quizás la mejor manera para entender su estado actual: tranquila.

“Ahora que tengo 41 veo las cosas de manera diferente. Nunca he tenido problemas con la edad, ¡por qué me va a afectar! Obviamente hay cosas que llegan con la edad pero estoy en un momento en el que les doy importancia a otras cosas de la vida”. Con esta afirmación tampoco parece una mujer que ha estado en un medio donde muchos pueden quedarse congelados en el tiempo y la regla es ser joven y bello.

En el camino hacia esta madurez dejó el país en 2002 y se alejó de la vida social, los medios y la fama que había alcanzado, primero como reina y después como la presentadora del Magazín Caracol y conductora de su propio programa periodístico: ¿Qué tiene María José? Curiosamente, la pregunta trascendió la pantalla y hoy todavía es válida.

Responderla puede ser una mezcla de muchas cosas. Algunos la definen como una mujer con un encanto indescriptible. Será porque esta cartagenera reúne características especiales: carisma, belleza, naturalidad y la capacidad de mantener cierto carácter enigmático mientras habla sin mucho recelo de su vida, con límites lógicos que no pasen la línea de la intimidad.

María José cierra el tema de los 40 sin evasivas y con una posición clara: “Todos vamos para viejos y el día que llegue a vieja de pronto me preocuparé. Trato de no competir con los demás. Siempre habrá alguien más flaco, gordito, alto y si uno se compara, pierde. La competencia debe ser con uno mismo”.

Su vida ahora se mueve entre Miami y Cartagena. En Estados Unidos no lleva el ritmo que llegó a tener en Colombia, entre los sets del noticiero, los eventos y un mundo de celebridad. Ha estado en programas como De mañanita y Escándalo TV, pero siempre de forma temporal, y no teme estar la mayor parte del tiempo dedicada a su casa.

Además, trabaja con BeLive, la fundación que recoge dinero para otras fundaciones colombianas como Fórmula Sonrisas, de Juan Pablo Montoya, y Mi sangre, de Juanes. Así como el público no la olvida, ella tampoco y por eso no duda en afirmar que si hay un país donde quiere hacer televisión, es Colombia. Pronto esto será una realidad.

María José volvió al país (por un tiempo) a hacer una de las cosas que más le gusta: jugar. Es la nueva conductora de Millones por montones, el concurso del Canal Caracol que marca su regreso a la televisión colombiana después de ocho años de vivir en La Florida.

Del dominó, el parqués y las cartas en noches eternas con amigos, pasará a los premios millonarios. Entre algunos recuerdos televisivos donde están Concéntrese, El programa del millón, Compre la orquesta y El precio es correcto, se emociona porque será parte de un concurso que podrá darle un aire a la franja de la noche, en los últimos años bajo el dominio del melodrama. “Cuando empecé, había franjas en la programación. Ahora la de las telenovelas es larguísima, ya no hay de opinión y hace falta un programa con entrevistas a personajes”, dice con cierta sorpresa y nostalgia.

El concurso también mostrará una faceta que los colombianos no le conocen: tendrá contacto directo con los concursantes que aspiran a ganar mil millones de pesos en un formato de preguntas y, por primera vez, con dinero real en las manos. Ella define su papel como “conductora en el concurso y talk show en el tiempo de los comerciales”. Se refiere a que hará las veces de presentadora, pero también de amiga y psicóloga de los participantes.

Por eso, al estudio se han colado emociones a las que no es ajena. En el momento de las preguntas, es la conductora que se conecta con la pareja de turno, pero después es la mujer que oye historias a veces desgarradoras. “Hay un manejo emocional, la gente se abre y uno se involucra y quiere que les vaya bien”.

Este será también un termómetro para ella, pues desde que dejó su sección Los secretos de María José, cuando Yamid Amat dirigía Noticias Caracol, solo había regresado a presentar programas especiales como el Reinado de Belleza, la transmisión de Miss Universo y el Congreso de la Lengua Española. Las ofertas no faltaron y hace unos años rechazó estar en Bailando por un sueño, el reality que presentó Paola Turbay.

María José se fue porque se casó con el empresario venezolano Carlos Bardasano y se instalaron en Miami. Cuando dice no a un proyecto en Colombia simplemente es por un orden de prioridades: “Mi familia y mi matrimonio”. Para establecerlo, recurre a un cálculo matemático simple: “Si es un mes o dos no tengo problema, pero si son más meses no acepto”. Esta vez todo encajó y con una fe que se hace manifiesta durante toda su conversación, cualquier proyecto en su vida se lo deja a Dios.

Pero no es fanática ni religiosa ni una militante de corrientes espirituales, simplemente sigue la filosofía de que todo sucede en el momento preciso. “Creo que las mujeres tenemos épocas en la vida en las que todo cambia”, dice, y puede sonar obvio, pero en ella está ligado a un estado de tranquilidad en el que está lista para asumir lo que la vida le pone en frente. “No es lo que a uno le pasa sino cómo reacciona a eso”.

Así vive su edad, su relación y ese tema obligado en la sociedad cuando una mujer se casa: los hijos. Ya se acostumbró a la pregunta espontánea de “niña y los hijos para cuándo” que le pueden hacer en Cartagena, aunque prefiere mantenerlo en el ámbito íntimo, sin justificarse.

“Cuando se tenga que dar, se dará. No me preocupa la edad, hubo un momento en que sí lo pensé pero soy de la teoría de que uno no debe forzar nada. Antes planeaba el futuro pero hoy vivo el día a día y si llega será maravilloso. Tengo mucho amor para dar y si no tengo hijos, hay gente a mi alrededor a quien dárselo. Es algo que pusimos en manos de Dios”.

A esta mujer menuda de abundante cabellera y de una autenticidad que refuerza con un acento cartagenero, nadie la olvida.

Lo curioso es que no le hace falta la fama. Ya la disfrutó suficiente y hasta fue víctima de ella con rumores de noviazgos, noches de fiesta y el juicio público cuando de la pantalla pasaba a la cotidianidad. Ese es también su estado más común ahora en Miami, donde nadie la mira de arriba abajo ni emite comentarios indiscretos como “esta es como más bajita”.

“Si es por reputación, uno tiene miles, depende a quién le preguntes. Pero los comentarios me resbalan ahora”. El único motivo por el que ha aclarado algún rumor es por sus papás y por eso el año pasado decidió desmentir que no se divorciaba. “La gente siempre hablará y decidí que no iba a permitir que eso me afectara”.

Ahora ignora, deja pasar rumores y blinda su vida personal con una estrategia sencilla: “Soy celosa con mi casa, no solo con los medios pues no invito a cualquier persona. Si muestro la casa no queda más que ocultar”.

Cuando María José Barraza era candidata de Bolívar, en 1991, se sentía insegura y la atormentaban los comentarios de los demás. Ahora esto es solo pasado y se atreve a decir que la belleza es algo relativo.

Es una mujer que se cuida y eso se nota, y afirma que ya no le tiene miedo a las arrugas. Todavía no se le ven, solo unas cuantas que aparecen cuando hace honor al título de su primera portada en CROMOS en 1992: “La sonrisa de Colombia”.

Recuerda que cuando salió en otra portada de la revista alguien la llamó y le dijo que necesitaba ponerse bótox. Tenía 30 años y algunas inseguridades la rondaban todavía y quizás sucumbió a tentaciones estéticas. “Hay una línea súper delgada en eso, caemos en errores pero uno aprende la lección. Nunca me operaría la cara, me da pánico que me estiren, de pronto bótox. Me gustaría ser una vieja chévere”.

Hace unos días volvió a hacer dieta para sentirse más cómoda en el concurso. La presión de salir en televisión se hizo evidente de nuevo pero ella lo toma suave pues se salió de los parámetros estéticos de la pantalla y no se priva de la pasta, de un postre y otros placeres que le dieron unas libras de más.

Su rutina ahora es cuidarse un poco pero afirma sin arrepentimiento: “Uno no puede pasar todo el tiempo haciendo dieta, la vida puede ser tan corta…”.