El ajuar de la Srta Colombia para Miss Universo

La señorita Colombia va con todo a Sao Paulo. La linda caleña es la colombiana que más diseñadores ha llevado en su maleta, para lucir su belleza y pelear por la corona.
El ajuar de la Srta Colombia para Miss Universo

Catalina Robayo habla hasta por los codos. Ella lo reconoce y lo disfruta, lo asume como una cualidad. Pero además tiene otra virtud: habla con los ojos. Sincroniza a la perfección el movimiento de su boca con el de sus enormes ojos negros y con el de sus rápidos párpados que aletean al ritmo de su mirada. Por instantes, hace una pausa para pensar, pero en segundos retoma la charla y pareciera que el tiempo no va a alcanzarle para contar cómo ha sido su vida con la corona de Señorita Colombia.

La facilidad de expresión no la aprendió cuando decidió ser reina. Es innata. Pero que hable hasta por los codos no quiere decir que hable más de la cuenta. Dice lo que siente y lo piensa. En eso radica parte de su encanto, con el que quiere mostrarse más allá de su físico, ya que a ella no la convence eso de simplemente llamar la atención.

Es magia, carisma… y ese no sé qué que según expertos las reinas deben lucir para cautivar jurados y súbditos. Catalina tiene eso, aunque no moje tanta prensa ni haga alarde de ello. Quizás no tiene tantos admiradores como sus antecesoras. Pero tiene otras cualidades, y otros objetivos: quiere que la admiren pero, sobre todo, que la oigan.

No habla duro, pero atrapa con sus argumentos. O si no que lo diga Horacio Serpa, el gobernador de Santander, quien con su olfato de zorro político le lanzó una pregunta salida del protocolo real después de verla y de escucharla: “Reina: ¿no le gustaría ser política?”.

La anécdota la hace reír porque dice que no le interesa, a pesar de que sea capaz de tomarse cualquier escenario, de acaparar los micrófonos. Es verdad que Catalina seduce. Tanto que la propuesta quedó en el aire y en su mirada puede intuirse que si un día se decide por los discursos en la plaza pública, no será por azar.

Catalina tiene porte de líder y está a punto de terminar Derecho, una carrera que le alborota su elocuencia para luchar contra algo que no tolera: la injusticia.

Esta puede ser su mejor arma en Miss Universo, un concurso donde hay menos tiempo para mostrarse y donde Catalina sabe que habrá mujeres más lindas que ella. Por eso, ya hizo un trabajo mental para sacar de su vocabulario la palabra “comparación” y reafirmar su seguridad.

Está lista para viajar a São Paulo, donde se celebrará el certamen el 12 de septiembre. Sólo faltan las últimas puntadas de su preparación. El trabajo incluye madrugar a veces a las tres de la mañana, ir al gimnasio, recibir clases de maquillaje y ser el centro de eventos benéficos. Es una rutina de reina que sólo se interrumpe cuando sube a un avión para ir a un pueblo perdido en el mapa.

REINA CON CARÁCTER

Ahora es una noche cualquiera en el aeropuerto Eldorado y está a punto de irse otra vez. Mientras llega la hora del abordaje, firma autógrafos y se come una hamburguesa con papas a la francesa. Sí, la Señorita Colombia come lo que muchas evitan para estar en forma. Cuando pasa, algunos la reconocen, otros tratan de identificarla y otros más la admiran. Pero Catalina no es la reina más famosa de los últimos años, así hable hasta por los codos. Podría ser un pecado en el país de las reinas, algo que en términos políticamente correctos sería bajo perfil.

Ella prefiere no calificarlo. Es enfática: “Hago trabajo social todo el tiempo pero parece que eso no emociona a los medios. Es triste, porque si fuera una reina de mil novios, fiestas y eventos de farándula, estaría en los noticieros. No necesito venderme mucho para que me conozcan porque el reconocimiento se logra con trabajo. Me parece mejor que digan que soy una reina concentrada en su labor”.

Lo dice ella, que en los últimos dos años fue plato suculento de los medios por haber sido la candidata del Valle en 2009 y ser destronada por una acción de tutela que le devolvió el título a Diana Salgado, la reina que se hizo famosa por sus formas de grandes proporciones.

Luego retornó a las primeras páginas cuando volvió a representar al Valle el año pasado y ganó el título de Señorita Colombia contra todos los pronósticos de los medios y de los reinólogos y sin haber sonado como favorita. “Soy muy convencida de lo que tengo, sin ser egocéntrica. Jamás me sorprendió ganar, sabía que tenía todas las condiciones y para mí era claro cómo lo podía hacer: vendiéndome a la gente que me iba a escoger. ¿A mí de qué me servía estar en los noticieros todos los días, o ser primera página en los diarios? Me escogían cinco personas y mi objetivo era gustarles, ¡y lo logré!”.

Este es su pasado inmediato y ya no importa. Su objetivo ahora es competir con 85 reinas de todo el mundo. Allá es donde sí quiere ser la protagonista y el objetivo es el mismo con el que llegó a Cartagena. “Sé cómo jugármela y en qué desgastarme y en qué no. Cuando uno está tranquilo y sabe lo que tiene, no pasa nada, soy sorda a lo que existe a mi alrededor y así voy para Miss Universo”.

Parece muy decidida. A pesar de escuchar a su familia y a unos pocos amigos, a la hora de las decisiones, recalca: “Por encima de todos, me oigo y me creo a mí misma”.

Es, apenas, el síntoma de su fuerte carácter y de la terquedad que le achaca a su signo Tauro. Una actitud que ha moderado, paradójicamente, desde que tiene corona, pues hay decisiones que no puede tomar por sí sola. Su temperamento, no obstante, se sigue exaltando cuando nota ciertas arbitrariedades en el ambiente.

Así lo demostró antes de escoger la carrera de Derecho, en su colegio de Palmira donde, según ella, tenía alma de Policarpa y se negaba a someterse a las monjas que, entre otros métodos, la hacían arrodillar en el suelo para comprobar si la falda del uniforme tenía la altura correcta. Solo si el borde tocaba el suelo, pasaba la prueba. “Yo no encajaba, me decían que era la manipuladora, la manzana podrida. Pero no tenían fundamentos para que no estuviera ahí porque era buena estudiante. Fui la representante del salón desde quinto de primaria hasta que me gradué. Tenía tanto peso que aprendieron a convivir conmigo”.

Pero Catalina fue más allá y llegó a los estrados judiciales. El caso comenzó con unas elecciones de personera y, como en la política, hubo campañas e influencias. Allí estaba una amiga suya que renunció por falta de garantías y la reacción de una monja enervó a Catalina. “Le dijo que por personas como ella este país está como está, que era una mediocre que debía aprender a luchar por sus intereses. Yo me paré con el manual de convivencia y le respondí que ahí decía que el colegio era un sitio de igualdad y se respetaban las decisiones de las demás. Con esto me gané una insuficiencia en relaciones humanas”.

Para no perder la materia, Catalina entuteló al colegio porque su mala calificación no era justa y, en términos jurídicos, violaba el debido proceso pues ella había actuado de acuerdo con el manual. ¡Y ganó! El resto hace parte de una historia estudiantil que todavía se comenta en Palmira y que seguramente el colegio quiere olvidar.

Ese fue el adelanto de lo que la Señorita Colombia es hoy, la mujer que habla a mil y que espera dejar una huella diferente a las de sus antecesoras. Si le tocara definir su reinado hasta ahora, utilizaría una palabra: sorpresa. “Lo fui desde que gané, la gente me ve ahora como una reina estructurada que siempre sabe lo que quiere hacer, que tengo el don de la palabra y quiero explotarlo. Me gusta hablar y eso sorprende, y en Miss Universo voy a dar una gran sorpresa porque ese es mi objetivo. Así voy a hacer la diferencia”.

Y si Catalina lo dice, es posible que lleguen noticias suyas de São Paulo. Ella quiere brillar con la corona, esa mítica tiara con la que sueñan todos en el país de las reinas. Si no lo logra, traerá una experiencia a su vida que cierre su ciclo como una reina que se puso corona para trabajar. Y seguramente sus palabras, unas mil por minuto y otras que se salen por los ojos negros gigantes, serán para reafirmar que todo es y será igual. “Yo no soy la reina que dice cosas divinas sino que trato de ser espontánea en mi vida, de no perder la esencia porque eso es lo más valioso que tengo”.