Los Orozco, en busca de cine comercial de calidad

Los realizadores de la película Saluda al diablo de mi parte, están convencidos de que el cine colombiano debe apostarle a las cintas que el público adore.  
Los Orozco, en busca de cine comercial de calidad

Es inevitable pensar en el destino cuando se conoce a los hermanos Orozco. ¿Cómo es que un ingeniero de sistemas y un diseñador gráfico, nacidos bajo el mismo techo y con sólo dos años de diferencia, se dedican a una misma labor y tienen casi los mismos gustos?

Como si fuera poco, tienen la misma percepción sobre el cine nacional: “El problema más grande de la industria es el dinero. No hay dinero porque se hacen películas que no tienen conexión con la audiencia, si no existe esta conexión  los inversionistas no financiarán nuestras historias, ese es el círculo que debemos romper” dicen los dos casi en coro.

Finalizan su intervención con una frase que podría condenarlos según los puristas del mercado cinematográfico: “sin Dago García el cine colombiano no estaría en el lugar en el que está hoy en día”. Afortunadamente a ellos los puristas los tienen sin cuidado. Hace mucho tiempo se consideran “parias” y es divertido cuando lo dicen juntos, con la misma complicidad con la que han escrito dos películas contundentes, Al final del espectro y Saluda al diablo de mi parte. “Éramos parias cuando vivíamos en Montería y éramos los únicos metaleros de la ciudad, después, cuando llegamos al círculo del cine nos criticaban porque nuestros directores de cabecera eran Steven Spielberg y  James Cameron. Y ni hablar de cuando mencionamos que adorábamos Terminator”.

Su pasión por el cine comenzó cuando tenían 10 años. Alquilaban películas en VHS en una tienda de su barrio en Montería. Un buen día sus papás los llevaron de vacaciones a Medellín y en un teatro del centro de la ciudad vieron por primera vez una película en cine: La historia sin fin. La película del alemán Wolfgang Petersen marcaría sus vidas pues ambos la consideran una de sus favoritas.

Una adolescencia rodeada de cintas de 35 milímetros definió los gustos de los hermanos Orózco pero no determinó sus carreras universitarias. El mayor, Juan Felipe eligió Diseño gráfico y el más pequeño, Esteban, se inclinó por la Ingeniería de sistemas.

Un  par de años después de haber comenzado sus profesiones, los Orozco y sus amigos de infancia, con quienes grabaron su primero cortometraje a los 11 años en Montería, se volvieron a encontrar en un concierto de Metállica, su banda de culto.

De esta estruendosa reunión salió un equipo de trabajo que dio origen a la primera película de Juan Felipe y Esteban Orozco: Al final del espectro.  Felipe ejercía como director y su hermano como guionista. La dupla resultó tan exitosa que hasta Nicole Kidman se enteró del trabajo de los antioqueños y compró los derechos de la cinta para adaptarla y realizarla en Hollywood. Los Orozco creían haber tocado el cielo con su guión.

Pero el contrato con Kidman tardó un par de años en concretarse y los hermanos Orózco querían seguir contando historias. Ahí fue donde nació Saluda al diablo de mi parte, película que en el fin de semana de estreno (12 de agosto) alcanzó  34.140 espectadores, nada mal para una cinta colombiana.

El protagonista de su nueva producción es un “malo con sentimientos”, como ellos mismos lo definen. “Viendo mucho cine, porque eso no lo enseñan en la universidad, descubrimos que el villano es el pilar de una buena película, que los villanos que se carcajean antes de hacer una maldad no existen y que los reales son aquellos que no piensan que están haciendo el mal, sino simplemente cumpliendo sus objetivos personales”.  Así fue como retrataron a Ángel (Edgar Ramírez) el protagonista de la cinta (Ver reseña de la película en contenidos relacionados).

Y aunque sus producciones se han caracterizado por hacer uso del suspenso como una de sus principales armas de seducción, la película en la que están trabajando junto a Felipe Aljure (La gente de la universal) no tiene mucho de ello. “Aunque parezca asombroso, estamos trabajando en una comedia romántica”, dice el hermano director.

Mientras eso pasa, Juan Felipe seguirá soñando con hacer una película de vaqueros, “de esas antiguas estilo de Los imperdonables (Clin Eastwood)  y Esteban pensará en algún día rodar una cinta tipo Magnolia (Paul Thomas Anderson).