María José Arjona, el cuerpo liberado

La artista colombiana *María José Arjona *presenta en Bogotá su performance Vires, en el que deja que su cuerpo interactúe directamente con el público.
María José Arjona, el cuerpo liberado

El cuerpo de María José Arjona es sagrado. También es poderoso, sabio, político, libre y fuerte. El público lo conoce, recuerda sus performances en los que desafía el paso del tiempo, la resistencia y el dominio sobre él. Y ahora ese público podrá también tocarlo, hablarle, retarlo y hacer lo que quiera con él o no hacerle nada.

El año pasado, María José hizo parte de la retrospectiva de Marina Abramovic, la artista de performance más importante del mundo, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Allí su cuerpo se expuso a la resistencia y a la audiencia, y ahora vuelve al país porque quiere mostrar Vires, un proyecto que estaba desarrollando desde antes de ser escogida por Abramovic, y que ya presentó en el Museo Madre de Napóles, el Teatro Anatómico de Bolonia, el Museo de Arte de Miami, el Brot Kunsthalle-Hilger Contemporary de Viena y en Location One, en Nueva York.

Vires es una palabra del latín que significa poder, fuerza e influencia, justamente los conceptos que desarrolla María José en los tres ejercicios que componen su nuevo performance. El cuerpo será protagonista porque por primera vez permitirá que los asistentes interactúen con él.

“Más que decir algo conmigo, estas acciones funcionan por la audiencia. Vires revela las dinámicas del poder en esa relación con el público. La gente debe decidir qué hacer con mi cuerpo. El valor que tiene la audiencia, así no me toque o no pase nada, es establecer una relación íntima”, dice.

Tal cercanía es la que María José plantea con el público. Y se enfrentará a él con acciones cuidadosas, sutiles y a la vez extremas. Serán las personas las que decidan qué hacen o qué evitan, o si solo quieren contemplar y observar la interacción de otros con la artista. “Me interesa analizar posibilidades a través de tres propuestas: el deseo y la fuerza, la suerte y el destino, y el poder de curar con ayuda del conocimiento y del tiempo”, dice María José. Ahora sólo falta ver cómo responde el público frente a sus estímulos..

Ejercicio No 1: sobre la fuerza, el deseo y los objetos del deseo

¿Hasta dónde puede llegar alguien por un diamante? Esa es una de las preguntas que fórmula María José Arjona en esta dinámica. De negro, sujetada a la pared con un arnés que la controla, casi inmovilizada del todo, tiene en su boca un diamante, la piedra preciosa más costosa y dura, como símbolo de pureza y de fuerza.

En cuatro horas, cada persona tendrá cinco minutos para sacarle el diamante de la boca. Si lo logra, podrá quedárselo. No hay reglas. Es una especie de pelea artística entre el deseo de quien quiere el diamante y el poder de la artista, con concentración y dominio total del cuerpo. “El ejercicio expone de frente la cuestión ética pues estoy poniendo al público en una posición de cómo sacar el diamante”. Además, la artista se enfrenta a reacciones imprevisibles que la obligan a dejar a un lado cualquier preconcepto.

En Bolonia y Nueva York lograron sacarlo, después de que algunos le metieran los dedos en la boca, le hablaran, le cantaran en varios idiomas para que ella les pagara con el diamante. También la besaron y hasta una mujer rica, de más de 70 años y luciendo diamantes, se le acercó y le dijo: “Querida, tú eres mi diamante”, y comenzó a tocarla.

Ejercicio No 2: sobre la suerte, el destino y la elección

Un par de dados rigen el destino de este performance. La artista está sobre una plataforma cubierta de fieltro verde, el mismo que se usa en los juegos de azar, y en sus manos sostiene los pequeños objetos de la suerte. Luego cada persona tomará un dado, lo lanzará y realizará una acción sobre el cuerpo de ella el número de veces indicado por el dado. Después, ella tomará el otro dado, también lo lanzará para ejecutar una acción en el espectador.

Aquí tampoco hay límites y los cuerpos, tanto el de ella como el de la otra persona, quedan vulnerables, dependiendo de la suerte. “Quiero que se cuestionen hasta dónde va su capacidad de accionar sobre alguien”.

Un golpe, una agresión, un beso, una caricia, un diálogo, no hay condiciones. Esto puede llegar a tensionar al público, que decide qué hacer con el cuerpo ajeno, para después quedar disponible al arbitrio del otro. “Hay comportamientos que me exigen pasar por encima de conceptos que culturalmente yo tengo. Estoy hablando del cuerpo en general, no del mío, y no me fijo en cómo es la persona. Me interesa saber qué le ofrece ese otro cuerpo al mío, y yo qué le entrego”.

Ejercicio No 3: sobre el conocimiento y la liberación

La artista está acostada, con los ojos cerrados, llevando un vestido similar a uno que se usaba en la Edad Media para sanar a las personas. El cuerpo está sujeto por bandas de cuero, cerradas por 37 candados, cada uno ubicado donde se encuentran los chacras mayores y menores. Al lado hay una vasija con 47 llaves que los asistentes tomarán para tratar de abrirlos y así remover el vestido, que dejará unas marcas temporales en los puntos energéticos del cuerpo.

Al ver esas marcas, el público no sólo se sentirá comprometido con la artista, sino que estará presionado por el paso del tiempo y el afán de que termine el performance. La misión es liberarla del vestido, un acto delicado pero angustiante. “Los asistentes se vuelven responsables de ese cuerpo, es un proceso de liberación colectivo y es como ser responsable del cuerpo social en el que estás. Para eso se requiere tiempo, paciencia, cuidado y conocimiento”

Aquí la única regla es la duración. Si pasan cuatro horas y no se han abierto todos los candados, un encargado los quitará, pues la artista podría convulsionar debido a la presión en los chacras. “La gente se queda para ver qué pasa. Y se dan cuenta de que el cuerpo tiene unos procesos en los que sana (las marcas van desapareciendo, por ejemplo) y que el cuerpo siempre está afirmando la vida”. 

Temas relacionados