El páramo ya está en cartelera

Se acuerdan de Aliens (1986), de James Cameron? Un equipo de guerreros galácticos es enviado a una base militar en un planeta remoto, con la cual la Tierra ha perdido toda comunicación. Cuando el equipo llega a la base, se da cuenta de que es apenas natural que nadie conteste: todos están muertos. ¿Qué diablos sucedió ahí?
El páramo ya está en cartelera

Eso es exactamente lo que ocurre en esta cinta colombiana del director Jaime Osorio. Una escuadra de soldados es enviada a inspeccionar una base militar en un páramo inhóspito y misterioso que bien podría ser el páramo de Sumapaz, tan cerca de Bogotá y tan lejano para los bogotanos. Y cuando llegan se dan cuenta de que todos están muertos. Salvo uno: una mujer espantosa que nadie sabe bien si es secuestrada, guerrillera o bruja.

Como en las películas de Oliver Stone sobre Vietnam, algunos de los soldados (de campaña durante quién sabe cuánto tiempo) andan alterados de ánimo y de personalidad. Y la falta de oxígeno (están a 4.300 metros sobre el nivel del mar) hace que desvaríen o se vuelvan paranoicos. No de otra manera se puede explicar la cantidad de barbaridades que empiezan a suceder.

Se supone que es una cinta de terror, pero no es tan terrorífica como los carteles anuncian. Hay demasiado grito para tan poca historia. Porque el terror, para serlo, debe anunciarle al espectador algunos datos: que éste es analfabeta y no podrá leer aquel letrero que podría salvarlo; que este otro tiene ciertos delirios que lo hacen reaccionar de tal manera en sitios encerrados; que el de más allá es incapaz de aguantar la tensión porque se desmaya. O al menos que alguien sospecha de los demás.

Pero no. En El páramo, como en la gran mayoría de las cintas de terror de la serie B, todo sucede por sorpresa. Por sorpresa y de manera gratuita y a veces hasta repulsiva, como lo son esas series en las que el director está más interesado en causar náuseas que miedo.

La cinta está bien filmada y bien interpretada, pero uno pierde la paciencia de no saber absolutamente nada de la historia, y mucho más al advertir que no hay tal historia. Todo un desperdicio para una idea genial: la de imaginar una base de soldados en un páramo donde, es verdad, deben vivir muertos del susto sin necesidad de que pase nada extraordinario.

En El páramo, como en la gran mayoría de las cintas de terror de la serie B, todo sucede por sorpresa. Por sorpresa y de manera gratuita y a veces hasta repulsiva.

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