Michael Phelps, el gigante dormido

El deportista busca demostrar que su talento, gracias al cual es considerado el mejor nadador de la historia, no ha disminuido un ápice. ¿Podrá lograrlo?
Michael Phelps, el gigante dormido

Es difícil encontrar un deportista más completo que Michael Phelps, el nadador estadounidense que durante casi una década se ha dedicado a pulverizar todas las marca impuestas: 14 oros olímpicos –ocho de ellos en los pasados juegos de Beijing, en 2008, cuando superó al legendario Mark Spitz, quien ganó 7 en 1972–; 37 récords mundiales y más de 50 medallas obtenidas a lo largo de toda su trayectoria.

Números sorprendentes que él mismo pondrá a prueba en los próximos Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, a donde llegará para tratar de batir sus propias marcas a una edad –27 años– en la que no la tendrá tan fácil. De hecho, su compatriota Ryan Lochte ya demostró el pasado mes de julio, durante los mundiales de natación en Shanghái, que el rey no es invencible. Para la final de los 200 metros libres –la prueba reina–, todos los ojos estaban puestos en el duelo de estos dos estadounidenses. Una emocionante carrera que dejó como vencedor a Lochte con una ventaja de apenas 35 milésimas de segundo. Por si fuera poco, lo volvió a vencer en la final de los 200 metros combinados, luego de un mano a mano en el que el nadador impuso, además, un nuevo récord mundial.

Que alguien haya logrado poner en jaque la hegemonía del gigante de Baltimore, ha hecho que más de uno comience a especular sobre el ocaso de uno de los mejores deportistas de la actualidad. De hecho, los rumores sobre su posible retiro de las piscinas después de los olímpicos de Londres, el próximo año, son cada vez más fuertes.

Y es que, a lo largo de su carrera, Phelps se ha visto envuelto en un par de escándalos que de una u otra forma han logrado hacer mella en su imagen. El primero de ellos ocurrió en 2004, cuando fue detenido por la policía en Maryland conduciendo bajo los efectos del alcohol; entonces fue sentenciado a 18 meses de libertad condicional y a pagar una multa de 250 dólares. El otro ocurrió en 2009, cuando el diario News of the world publicó una fotografía en la que se ve al nadador consumiendo marihuana con una pipa durante una fiesta en la universidad de Carolina del Sur. Por cuenta de este incidente la Federación de Natación de Estados Unidos lo suspendió durante tres meses, y resaltó que Phelps “decepcionó a demasiadas personas, y especialmente a los cientos de miles de niños miembros de la Federación de Natación que le miran como un modelo y un héroe”. El nadador ofreció excusas públicas y admitió que su comportamiento fue inapropiado.

Pero hay más. Luego de llegar a la cima y obtener las ocho medallas de oro en Beijing, Phelps perdió el estímulo, se aburrió del deporte y hasta consideró la posibilidad de retirarse. “Se dedicó a administrar su fortuna, a jugar al golf, a comer pizza con sus amigos en Baltimore”, escribió el diario El País, de España. Y a continuar, como se rumora, con una vida privada cada vez más díscola.

Lo cierto es que más allá de los rumores, las energías de Phelps están puestas, por ahora, en los Juegos Olímpicos de Londres, donde en cualquier caso se espera que vuelva a brillar. A pesar de perder el duelo con Locke y de que no estaba en su mejor forma, Phelps terminó llevándose siete medallas en los mundiales de Shanghái, cuatro de ellas de oro. Y eso sólo significa una cosa: que el gigante continúa ahí, al acecho. Como dijo hace poco su entrenador Bob Bowman: “Michael ya subió al Everest. No necesita volver a escalarlo para demostrar que puede hacerlo”.