La película del fin de semana: Que la cosa funcione

Esta película filmada en el 2009 , demuestra que Woody Allen es uno cuando trabaja en Europa y otro cuando lo hace en Nueva York.
La película del fin de semana: Que la cosa funcione

Woody Allen es uno cuando trabaja en Europa y otro cuando trabaja en Estados Unidos. Para la muestra esta película, filmada en 2009, inmediatamente después de Vicky Cristina Barcelona, que marca –más que un retorno– una visita corta de Woody Allen a su Nueva York natal.

Nada que ver el hombre melancólico y romántico de Conocerás al hombre de tus sueños (2010) y de Medianoche en París (2011). El Woody Allen de Que la cosa funcione (el título en inglés es Whatever works) vuelve a ser el neurótico de siempre (o por lo menos el de siempre que está en Nueva York). Boris, el protagonista (que parece ser su alter ego cuando no cree en nadie), interpretado por Larry David, es un pesimista de tiempo completo, un académico que se jacta de haber estado a punto de ser candidatizado al premio Nobel de Física y cuya racionalidad es tan radical que no admite un asomo de emoción. En contraste, entra en su vida Melody, una hermosa joven (Evan Rachel Wood) falta de cerebro pero atenta a su corazón, que intenta cambiar la perspectiva de la vida de semejante amargado.

Como ya han dicho hasta la saciedad los críticos, puede que no sea la mejor película de Woody Allen, pero tiene sus tiros. El arrojo con el que los personajes (tanto el físico como la joven bruta) van diciendo gran cantidad de barbaridades, es para morirse de risa. La cinta es, como suele suceder con Allen, simplemente un escenario para que el director enfrente sus propias contradicciones. En este caso, las de un hombre brillante tentado a sucumbir a la cursilería del amor, y la de una joven hermosa  puesta en la misión de parecer inteligente. Y lo hace como un ensayo: Boris se dirige a los espectadores, les va comentando lo que sucede y cómo lo que sucede tiene que ver con sus propias conclusiones acerca de la vida.

La ingenuidad con la que Melody asume su aprendizaje en manos de un marido que podría ser incluso su abuelo, es de lo mejor de la película. Eso y la ironía con la que asume la vida Boris.

Sin embargo, más allá de esta discusión, la comedia no ofrece mucho más. Uno termina deseando que se acabe. Y hasta el propio Allen lo sabe. Tanto que es una de sus películas más cortas: 92 minutos.