Ivian Sarcos, de cenicienta a soberana

Quedó huérfana a los ocho años, vendió comida puerta a puerta y hasta minutos de celular en la calle. Entonces Osmel Sousa la convirtió en Miss Mundo.
Ivian Sarcos, de cenicienta a soberana

Ivian Sarcos no es actriz ni libretista, pero su historia podría ser la trama de una telenovela.

Su vida estaba predestinada para las emociones fuertes. Familiares cercanos le han contado que, como presagio de lo que sería en su existencia, el 26 de julio de 1989, día de su nacimiento en Guanare, estado de Portuguesa, había una intensa tormenta y que, en cuestión de minutos, el cielo se llenó de un brillante resplandor. Desde entonces la apodaron “Lunasol”.

“He vivido cosas muy difíciles, pero creo que la vida tiene un destino para cada uno. A pesar de las tristezas, también he aprendido a disfrutar las alegrías”, cuenta la nueva Miss Mundo con un nudo en la garganta.

El 2 de enero de 1998, cuando apenas tenía ocho años, su madre, María Brígida Colmenares, se electrocutó al tocar el cable de un ventilador con las manos mojadas. “No lograba entender lo que pasaba y verla agonizar en casa fue algo muy duro”, dice la reina, la menor de 12 hermanos. Su mamá no llegaba aún a los 40 años. Nueve meses después, otro golpe sacudió a la niña: su padre murió en un accidente automovilístico. "Era como una pesadilla de la que quería despertar. La imagen de ambos en el ataúd me rondaban la cabeza”.

Aunque Óscar, su hermano mayor, se hizo cargo de ella durante casi dos años, decidió que lo mejor era pedir ayuda a las monjas del orfanato Santa María Micaela, en el estado de Cojedes, y la internaron durante cinco años.

“Las hermanas se convirtieron en mis mamás y aprendí tantas cosas que le doy gracias a Dios por haberme llevado hasta allí”, dice y confiesa que incluso alcanzó a explorar la posibilidad de convertirse en religiosa. “Pensaba que podía ser una buena monja y retribuirle a la gente lo que las hermanitas habían hecho por mí, pero cuando estaba a punto de terminar mi bachillerato entendí que había otras cosas que quería hacer". Entonces regresó  a casa de una de sus hermanas en los Valles de Tuy, estado Miranda”.

Casi calcando la historia de su paisana Veruska Ramírez, Miss Venezuela en 1999, quien incluso vivió en la calle, Ivian comenzó a vender comida puerta a puerta. Movida por su sueño de convertirse en profesional, se mudó a Caracas y se le midió a lo que fuera para pagar sus estudios de relaciones internacionales en la jornada nocturna de la Universidad Central. “Trabajé como recepcionista, como vendedora en tiendas de ropa, en zapaterías, en una panadería, en el cementerio y hasta alquilando teléfonos celulares en la calle porque tenía una meta”, cuenta. Un día, mientras trabajaba en el centro comercial Sambil de Caracas, el genio de la lámpara se apareció en su camino. Estaba en la sección de zapatos cuando su hoy mánager y preparador de reinas, Jesús Tovar, quedó  impresionado con su belleza y le ofreció presentarle a Osmel Sousa y presentar una audición en Miss Venezuela.

“Cuando Osmel me vio me dio la banda de Miss Amazonas. Ahí comenzó todo este sueño”, recuerda la joven, quien a pesar de ser la gran favorita, ocupó el segundo lugar en el certamen, lo que le dio el derecho de representar a su país en Miss Mundo.

Ivian se preparó, viajó a Londres y el pasado 6 de noviembre se ganó la corona como la mujer más bella del planeta. “A veces pensamos que todo lo malo que pasa en la vida es malo, y no es así. Con los golpes que me llevé, aprendí muchísimo. Creo que Dios tiene un plan divino para todos nosotros, y este era el mío”.

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