Olga Onassis, de millonaria a mendiga

Pasó de tenerlo todo a hurgar en la basura. La esposa de quien fuera la mano derecha de Aristóteles Onassis, perdió la jugosa pensión que recibía de su familia política y sobrevive con un subsidio que la obliga a mendigar.
Olga Onassis, de millonaria a mendiga

Nada más triste para ilustrar la compleja realidad de Grecia (y, de paso, de Europa entera), que la imagen de Olga Onassis, ex esposa del primo favorito del magnate Aristóteles Onassis, hurgando en las basuras de Atenas por algún trozo de ropa vieja para protegerse del frío. La precaria situación económica de una mujer que años atrás llegó a gozar de lujos y riqueza por montones, es sólo una muestra de lo que la crisis ha hecho con los habitantes del Viejo Continente. La imagen, captada por el diario alemán Bild –que, además, se encargó de entrevistarla– le ha dado la vuelta al mundo. “Ya no recibo nada de la familia. Sobrevivo con una pensión estatal que fue cortada a 300 euros mensuales a causa de la crisis. No puedo creer lo que le ha pasado a mi país”, le dijo Onassis al periódico, que en la entrevista también reveló cómo la anciana se ve obligada a hacer fila diaria en un comedor de caridad para obtener un plato de sopa caliente. Una situación que no deja de ser paradójica puesto que, décadas atrás, Olga gozaba de una vida llena de opulencia junto a su marido, Georgios Onassis, hombre de confianza del magnate Aristóteles en varios de sus negocios de aviación, navegación y el mercado bursátil. Carros lujosos, mansiones, criados y viajes eran el día a día de Olga quien, al enviudar, continuó recibiendo una generosa pensión de Aristóteles. Luego de la muerte del magnate, en 1975, su hija Cristina respetó la decisión de su padre y siguió entregándole juiciosamente su pensión mensual.  Los problemas surgieron cuando Cristina murió en 1988 a causa de un edema pulmonar y comenzaron las disputas legales por la inmensa fortuna de la herencia que quedaría en manos de Athina, su única hija, quien por entonces tenía apenas tres años. Cuando la joven cumplió la mayoría de edad y recibió finalmente el dinero, decidió recortar la pensión de Olga sin darle ninguna explicación. De nada sirvió que en 2004 la afectada aprovechara una visita de Athina a Grecia para ir a pedirle explicaciones: se quedó un día entero esperando en el lobby del hotel Grande Bretagne, pero la heredera jamás bajó. Siete años después, con su país quebrado, la realidad para Olga Onassis no puede ser más trágica. El dinero y la opulencia son cosas del pasado.

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