La buena hora de Meryl Streep

Esta norteamericana está a punto de ser homenajeada en la próxima Berlinale. Su interpretación de Margaret Thatcher la tiene en el mejor momento de su carrera.  
La buena hora de Meryl Streep

Tener 62 años, dos óscares, ocho globos de oro, un oso de oro y uno de plata, dos Emmy y decenas de nominaciones no parecen abrumarla. Tal vez con la serenidad que le da una carrera sólida, un matrimonio estable y un reconocimiento mundial es que Meryl Streep logra hoy estar en uno de sus mejores momentos sin un asomo de antipatía.

Ni siquiera ahora que interpreta a uno de los personajes más polémicos, y tal vez más odiados de la política mundial, Margaret Thatcher, Meryl logra despertar sentimientos negativos. Todo lo contrario, la crítica la ha endiosado por su magistral interpretación de la ultraconservadora británica en la cinta The iron lady, que se estrenó la semana pasada en Europa.

Incluso hay consenso en que el éxito de la cinta lo dará ella, y solo ella, ya que han destrozado la película. Pero aun con un filme calificado como flojo, Meryl logra brillar, tanto que es fuerte candidata para alzarse con un Globo de Oro y un Oscar. Ya se anticipó la entrega de un Oso de Oro honorífico por su trayectoria y el 2011 lo culminó con la elección como mejor actriz por el Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York. “Me encerré una semana con mucha fruta y todos sus libros hasta que fui capaz de dormir, comer y respirar como ella”, dijo Meryl con ocasión del estreno de la película en Londres. Una premier que le permitió a la actriz estadounidense brillar una vez más, pero en esta oportunidad con un mérito mayor: encabezar un elenco de mayoría británica.

Y claro, las críticas en el Reino Unido no se han hecho esperar. La principal recae sobre la representación de la exprimer ministra como una anciana senil y decadente. Meryl, en cambio, considera que se logró mostrar el ocaso de la dama de hierro con mucha dignidad. “Esos líderes son personas, no dioses ni monstruos”, explicó para justificar su trabajo que sigue siendo elogiado por lograr una interpretación perfecta de una mujer 25 años mayor, que no logra superar su pasado como la más poderosa del mundo.

Con ese éxito a cuestas entrará por la puerta grande en la Berlinale, el 9 de febrero, a recibir el premio a una trayectoria respetada como pocas. Meryl inició su carrera en la serie de televisión Holocausto por la que fue premiada con el Emmy a mejor actriz en 1978. Ese mismo año recibió su primera nominación al Óscar a mejor actriz secundaria por su papel en El Cazador.

La primera estatuilla la ganó al año siguiente por Kramer contra Kramer y la segunda en 1983 por La decisión de Sophie. Pero ella no solo es admirada por sus magníficas actuaciones, sus 16 nominaciones al Óscar ni por conservar una vida familiar y apacible. Sus seguidores la destacan como una feminista y activista contra el calentamiento global, que superó el discurso, pues usa automóviles amigables con el ambiente y donó a causas sociales todo el vestuario de El diablo se viste de Prada.

Quizá por eso no sorprenden sus declaraciones en torno a la Thatcher, a quien admira a pesar de ser la más fiel representante del pensamiento conservador: “Un país como el Reino Unido, clasista y machista, fue capaz de elegir a una mujer como primer ministra. Pensé que en Estados Unidos algo así estaba a la vuelta de la esquina. La elección de Thatcher fue un gran paso en la historia, incluso si no estoy de acuerdo con ella”. Para muchos el principal logro de Meryl es mantenerse vigente y siempre arriba, a pesar de algunos papeles no tan generosos con su talento y que ella justificó como una manera de mantenerse cerca de sus hijos. Pero los que recuerda la crítica y por los que la seguirán admirando, son aquellos complicados, reales y hasta detestables.