Paola Turbay, “A mí me gusto yo”

La carismática actriz colombiana se le midió a una maratónica sesión con tres fotógrafos para ver qué tan fotogénica es a sus cuarenta. ¡Cada día más linda!
Paola Turbay, “A mí me gusto yo”

No tiene cuarenta, tiene 41, cumplidos el 29 de noviembre de 2011. Y no se le notan. O mejor, se le notan, pero bien. Paola Turbay no tiene ningún interés en ocultarlo. Su semblante es el reflejo de la plenitud en la que anda. Su sonrisa delata su satisfacción. Si anda feliz con su alma… ¡Qué la va a atormentar la edad!Quizás porque desde su infancia, cuando soñaba con ser una actriz de Broadway, siempre ha jugado a ser ella misma. Porque, justamente, eso fue lo que le permitió llegar tan lejos en el certamen de Miss Universo: mostrarse tal como es, sin imposturas de ninguna clase, sin imitaciones. Porque esa cualidad, que difícilmente conservan los aspirantes a estrellas, le ha permitido abrirse camino con paso firme en las arenas movedizas de la televisión estadounidense.

“A mí me gusto yo”, dice riéndose mientras la maquillan para la sesión de fotografía para CROMOS, que le propuso posar ante tres fotógrafos distintos con el ánimo de estampar en imágenes las diferentes facetas de su personalidad y de su relación con las cámaras, transcurridos casi 30 años desde que se enfrentó por primera a ellas, en un comercial de televisión.}

Y precisamente porque se gusta, y nunca ha sucumbido a la tentación de traicionarse en aras de lograr un papel, rechazó muchos antes de medírsele a la actuación. Uno en La potra zaina, por ejemplo, y otro más en la comedia Vuelo secreto. Prefirió, en cambio, terminar su carrera de Psicología y luego sí estudiar artes dramáticas. “No quería hacer el ridículo en Colombia. Estudiando me di cuenta de que hacer un personaje creíble es mucho más complejo de lo que uno imagina”.

Mientras una nube de directores se la peleaban en Colombia, y tras medírsele a uno que otro papel en televisión, como en Las noches de Luciana y Noticias calientes, se fue a probar suerte en Los Ángeles, allí donde no es suficiente tener una cara bonita porque hay centenares de caras bonitas esperando una audición; allí donde en cada cuadra hay una aspirante a actriz a la caza de un papel por más ínfimo que sea. Y encontró su norte. “Por fortuna, nunca he estado sin trabajo –dice ya lista para la primera sesión–. Tengo castings todas las semanas, a veces tres, a veces diez. En Los Ángeles eso es lo natural, ir de audición en audición y de proyecto en proyecto”. Y sí que le han salido, primero en Cane, al lado de Jimmy Smith, en 2008, y luego en The secret life of the american teenager, Californication, The Cleaner, Royal Pains, The Mentalist y True Blood.

En esas estaba cuando, finalmente, después de mucha insistencia, aceptó en septiembre el llamado del director Mario Ribero para protagonizar en cine Mamá, tómate la sopa, una comedia negra sobre un cuarentón débil de carácter que se enamora de una peluquera. La cinta ha sido la sensación de esta temporada, con más de 300.000 espectadores. Ya entrados en gastos en Colombia, también se le midió, a comienzos de este año, a ser jurado del programa Colombia tiene talento, del Canal RCN, gracias al cual anda viajando por las principales ciudades del país eligiendo a los concursantes que luego se enfrentarán entre sí exhibiendo sus más disímiles cualidades en el escenario.

¿Miedo yo?Reina de belleza, actriz, presentadora… Paola Turbay es hoy (siempre lo ha sido), una mujer sin complejos. No es una detrás de las cámaras y otra frente a ellas. Es una conversadora desprevenida que no estudia sus respuestas sino que las va hilvanando con una madurez apoyada en una arrolladora personalidad, en un carisma que le brota por los poros con una naturalidad que sorprende, sin dudas respecto de su talento y de sus capacidades histriónicas. No se deslumbra con la inmediatez ni con las figuras mediáticas del momento. No aspira a alternar con Tom Cruise ni emular a Angelina Jolie. ¿Su referencia? “Rita Moreno. Cuando sea grande quiero ser como ella. ¡Qué mujer!”, afirma. Moreno es la actriz puertorriqueña que hoy tiene 80 años y con quien Paola trabajó en la serie Cane. En Hollywood es una leyenda que ha coronado su carrera con premios como el Tony, el Grammy, el Emmy y hasta un Óscar en 1961 por su participación en la película West Side Story.

Paola no se anda con nimiedades. ¿Cuál es su aspiración como actriz? “Trabajar con Anthony Hopkins. Es un ángel. ¡Me encanta su serenidad de sicópata! Estuve a punto de trabajar con él en un cortometraje, pero entonces lo llamó Woody Allen para protagonizar Conocerás al hombre de tus sueños, y adivina a quién prefirió…”. Paola Turbay tiene un humor delicioso que le permite llevar su profesión sin la ansiedad con la que la sufren muchas de las estrellas. ¿Miedo? ¡Qué va! Ni cuando vio su rostro en las vallas enormes de Los Ángeles y Nueva York anunciando las series de televisión de las que hacía parte. Paola ni siquiera permite esa pregunta. Se limita a entornar los ojos y negar con la cabeza como diciendo “eso jamás se me ha pasado por la mente”.

Y lo confirma minutos después, ya arreglada para la última sesión, con una falda corta que hace lucir sus largas piernas. Se aproxima al set y comienza a estirarse en un asiento, a contonearse sobre él y a reírse como sólo ella sabe hacerlo, y antes de que el obturador empiece a disparar, se voltea hacia la cámara con inocente coquetería: “A mí sólo díganme, yo puedo hacer lo que sea”.

Ella es únicaTal vez por eso Hernán Puentes, María Elisa Duque y Esteban Escobar, los tres fotógrafos elegidos por CROMOS para la ocasión, coinciden en lo gratificante que resulta trabajar con ella, porque ni siquiera necesita producirse. Basta con que la cámara la enfoque para que se sienta en su zona de confort. Así ha sido toda la vida. La misma expresión que emplea espontáneamente para conversar es la misma que queda registrada en la cámara. La Paola de las fotos es la misma que uno puede encontrarse por la calle. Es una mujer genuina y, por eso mismo, única.

Quizás sea ese el motivo por el cual los 41 años le sientan de maravilla. Es una mujer que se ama, y eso no solo queda reflejado en las fotos, sino en su propia vida. Hace poco más de un año decidió ser vegetariana. No come carne ni sus derivados, y se siente mucho más ligera, aunque a veces sea imposible no cometerle a la dieta una que otra trampa. “¡No me resisto a un vaso de Milo ni a una chocolatina Jet!”. Al fin y al cabo, no ha dejado de ser como era. Solo ha enriquecido su espíritu con lo que le ha aportado la vida, que no es poco. Pero en últimas, al terminar la jornada fotográfica, cuando ya se han apagado las luces del estudio, se le nota que sigue siendo la misma de su primer comercial.