La nueva ópera “Carmen” extrema y sin clichés

Un mundo caótico y vanguardista en el que los protagonistas intentan sobrevivir, en esta osada versión de Carmen, del director español Calixto Bieito. Cuatro funciones en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, no aptas para puristas.
La nueva ópera “Carmen” extrema y sin clichés

El toro de Osborne, un símbolo español que hace años fue parte de una valla publicitaria y que muchos vieron en una escena erótica de Penélope Cruz en Jamón jamón, se metió a la ópera Carmen. Su silueta oxidada está en medio del escenario, rodeada por un grupo de contrabandistas en viejos Mercedes-Benz, que cantan las arias de uno de los títulos más populares. Carmen, la rebelde, fuerte y sensual gitana, ahora es otra mujer.

De ella se ha dicho mucho. Y del libro de Prosper Mérimée, en el que se basó Georges Bizet para engrandecerla aun sin haber pisado la península ibérica, también. Todo para entender a este ícono de una España llena de símbolos que el compositor francés inmortalizó en una ópera. Pero ahora la historia de Carmen ha dado un giro en la imaginación del español Calixto Bieito, un director que ha generado polémica por sus adaptaciones delirantes de óperas clásicas.

Bajo su tutela quedó demostrado que Carmen no es intocable. Para lograrlo, Bieito decidió emprender un viaje a Andalucía pero no para ver el universo creado en la ópera sino para seguir una ruta que lo llevó hasta África. Viajó con su equipo y con los artistas buscando un universo nuevo para la gitana. Lo encontró en la frontera entre Ceuta, la ciudad española en Gibraltar, y Marruecos.

La intención del director era entender a fondo la ópera, pues su trabajo siempre ha estado enfocado en darle al espectador una visión muy cercana a su mundo. “Es buscar que la obra llegue de manera directa al estómago, a la mente, a la piel. Desde el primer momento se pensó en hacer una producción muy española sin caer en clichés o folclorismos”, explica Joan Antón Rechi, director asistente y quien ha trabajado con Bieito por 17 años.

Así nació el nuevo mundo de Carmen, no en el siglo XIX sino en los años 70, en un cuartel español en Ceuta. “En la frontera me encontré con un mundo de pateras, salvaje, que contenía todos los ingredientes que buscaba: gentes que se dedicaban al trabajo doméstico, legionarios, personas que deseaban escapar. Fue así como capté el paisaje de la obra porque para mí Carmen significa frontera, extremo, límite”, ha dicho Bieito sobre su particular visión de la obra.

El montaje es una coproducción con la Ópera Zuid, de Holanda, y se estrenó en el Festival Castell de Perelada (Girona), en 1999. Esta es la puesta en escena más representada de Bieito. Ha sido montada en óperas de Irlanda, Bélgica, Italia y de España (Madrid y Barcelona), a pesar de ser controversial y de provocar a los puristas del género.

“Hay algo que Calixto siempre dice y es que no lleva encima el ‘escandalómetro’. El público de la ópera se escandaliza por un desnudo, mientras en televisión hay sexo y violencia”, agrega Rechi. Se refiere a solo un elemento en esta Carmen, que tiene variaciones incluso desde la parte musical.

“Hay unas interpretaciones distintas, se adaptan tiempos para generar unas sensaciones que tienen que ver con la puesta en escena. La visión del montaje no es la historia romántica con tinte trágico sino lo trágico con tinte dramático. Con Bieito todo es al máximo, que el final sea imposible de tocar. A veces uno se olvida de que existe otra Carmen que no sea esta”, explica Alejandro Posada, director musical y quien dirigió esta versión en el Teatro de San Lorenzo de El Escorial.

La puesta en escena es revolucionaria desde el vestuario hasta el uso de carros en el escenario. Hay también una cabina telefónica y, sobre todo, elementos para crear una atmósfera lejana a la visión romántica. Además tiene mucha acción incluso para el coro, pues va más allá del cuadro musical y en cada momento siempre está pasando algo. “Representa un universo de supervivientes que luchan por sobrevivir en una sociedad que no les pone las cosas fácil”, agrega Rechi.

Los cantantes tuvieron que sacarse de su mente a los personajes convencionales. “Fue un reto, porque la he representado antes, con el flamenco y los clichés. Fue sacarme todo lo que creía que era Carmen. La mía es más contemporánea, es una sobreviviente y no tiene opción, por eso resulta natural que utilice todo para sobrevivir”, afirma la mezzosoprano Jossie Pérez, que estuvo en esta versión en el Liceo de Barcelona, el año pasado.

Carmen sigue siendo sensual y Jossie es capaz de insinuarse de manera directa, moviendo sus manos hacia partes intocables de don José en un montaje clásico. También tiene otra manera de morir, pasa a ser víctima y deja de ser la mujer que todos llegan a odiar. “El público siente que está viendo Carmen por primera vez. Es una lectura desde el corazón de los personajes; mientras que antes decían que era un crimen pasional, ahora se ve como de violencia de género”, dice Rechi.

El tenor Enrique Ferrer, don José, también se salió del estereotipo y ahondó en la sicología planteada por Mérimée en la novela. “Aquí no es un personaje limpio, viene con un asesinato a cuestas, y empieza a controlar menos sus impulsos violentos, que se evidencian en el asesinato de Carmen”, explica Ferrer.

Dos personajes que han hecho historia en la ópera, que bajo la visión de Calixto Bieito adquieren un carácter real, contemporáneo, violento, con una estética provocadora en un montaje de vanguardia. Una producción llena de contrabandistas y alusiones a las sociedades actuales, una obra que Bieito considera como “el primer crimen de violencia de género puesto en escena”. Todo esto, enmarcado en la máxima creación musical de Georges Bizet. 

Temas relacionados