Una rareza llamada Sophie Calle

Esta francesa provocadora se instaló en el Museo de Arte Moderno de Medellín con sus Historias de pared. Conjuros artísticos.  
Una rareza llamada Sophie Calle

A Sophie Calle se le ocurrió invitar a otros a dormir en su cama. Durante ocho días consecutivos recibió personas que durmieron lapsos de ocho horas para que respondieran algunas preguntas y simplemente se dejaran fotografiar por ella sin un objetivo claro. “Era más un juego que otra cosa”, dice. A partir de ahí tomó conciencia de que aquello podía ser arte. Ese fue el comienzo de una obra inclasificable.

Impredecible, arriesgada y decididamente iconoclasta, esta francesa con más de 30 años de creación es considerada como una de las artistas conceptuales más relevantes de su tiempo. Una mujer que ha hecho de su vida la verdadera materia prima de su trabajo.

En un proceso creativo en el que el azar ha tenido mucho que ver, Sophie se ha valido de la fotografía, la escritura, el video y la instalación para contar historias que va tejiendo en su cabeza a partir de situaciones tan fascinantes como seguir a desconocidos por la calle, encontrar objetos personales de alguien y jugar a ser otra. En esos recorridos la artista va tejiendo una mirada que está marcada por las supersticiones y la ausencia, un aspecto que hace parte de sus obsesiones y que aborda en cada una de sus obras.

La exposición Historias de pared es una exhibición de cuatro trabajos que representan diferentes momentos creativos en la vida de la artista. El primero es Dolor exquisito, una instalación dividida en tres partes, compuesta de fotografía y texto, que narra un desesperante viaje suyo a Japón y la ruptura amorosa que lo precede. La segunda se llama Los ciegos, una sucesión de retratos y testimonios de varios invidentes de nacimiento a los que interroga acerca de su concepto sobre la belleza. La tercera, Ver el mar, es una instalación de video en la que recoge las imágenes de un grupo de personas que ve el mar por primera vez. La cuarta, titulada No sex last night, es un video de 76 minutos de duración que filmó junto a su exesposo Gregory Shepard durante un recorrido voyerista a través del oeste de Estados Unidos.

“Llevábamos dos años en conversaciones para traer su obra”, cuenta Juliana Restrepo, directora del MAMM. Óscar Roldán, curador del museo, dice que es una exposición sin precedentes y que Colombia es el segundo país en América Latina que la recibe. Sin duda una oportunidad única para acercarse a la actualidad artística.

Así de inquietante y provocadora es el resto de su obra. Una de las más tempranas, Suite Venetienne, registra el seguimiento que le hizo a un hombre desde París hasta Venecia. En la década del 80, cuando ya se había metido de lleno en la búsqueda de su expresión, Sophie encargó a su madre para que la hiciera seguir por un detective privado. Quería ser observada y recopilar la información que un extraño recogía de ella. Cierto día, desprevenidamente, se encontró con la agenda de un hombre y a partir de ahí comenzó a llamar a los contactos para averiguar datos precisos del dueño. Luego publicó esas notas en el diario La Liberación. Con todo y esos antecedentes de persecuciones a desconocidos, ella se defiende: “Yo no lo veo como persiguiendo a nadie”. Así como se sentía atraída hacia ciertas situaciones, luego olvidaba a esos desconocidos. Reconoce que puede interesarse en realidades tan diversas que no tienen nada que ver una con otra, y que lo que la hace feliz es encontrarse con esos momentos de azar en los que parece encontrar sentidos para el desarrollo de su obra: “Si un hecho como una desilusión amorosa da origen a una obra de arte, ya tiene sentido”.

En 2007, como invitada a la Bienal de Venecia, participó con dos trabajos: Cuídate y Prenez soin de vous, que nació a partir de un mensaje de ruptura que recibió y que reinterpretó a través de la opinión de 107 mujeres. Durante el mismo evento presentó otro trabajo con el que encendió la polémica con un video de los últimos momentos de vida de su madre y, a pesar de las críticas que llegaron a catalogarla hasta de ‘monstruo’, contestó: “No se trata de un blog. Lo que me interesa no es exponer mi vida, sólo mostrar un trabajo artístico”.

Lo cierto es que esta artista le ha huido a las etiquetas y su arte ha desafiado los convencionalismos con una libertad casi salvaje. Dueña de una obra que inspiró un personaje de Paul Auster y una pieza de teatro que nació de Dolor exquisito, esta amante de la tauromaquia, que visitó Colombia por primera vez en 1984 para disfrutar de la feria taurina en Cali, sólo aspira a seguir encontrándose con ideas que puedan mostrarse sobre una pared y continuar persiguiendo historias ajenas a través de las cuales pueda escapar de los vacíos de la vida cotidiana. En últimas, llenar de poesía esas realidades que le interesan como en un intento por, como dijo alguna vez, “conjurar la angustia de la ausencia”.

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