Margarita Rosa de Francisco: "no me considero una presentadora"

Su vocación no está en el oficio de la presentación, pero conduce el reality El desafío desde hace 10 años. ¿Cómo hace para medírsele a 53 días de rutina?
Margarita Rosa de Francisco: "no me considero una presentadora"

“Grabo, luego no existo”. Eso escribe Margarita Rosa de Francisco en las noches, encerrada en el cuarto de un hotel en El Salvador, cuando la expresión de sus ojos aun habla, pero su cuerpo, casi inmóvil, se niega a dar un paso más. Solo los dedos de sus manos se comprometen a responderles a los millones de fanáticos que le preguntan por Twitter cómo van las grabaciones de Desafío 2012, el fin del mundo.

“Las grabaciones están en un momento crítico. Estamos en un hueco negro. El equipo de producción empieza Desafío con mucho entusiasmo, pero después de 25 días vamos para abajo y luego nos recuperamos cuando se acerca el final”. No es para menos. Desafío no es solo un programa lleno de adversidades para los concursantes. Detrás de cámaras también palidecen periodistas, sonidistas, camarógrafos y productores que se enfrentan a los 40 grados centígrados de las playas de El Salvador, donde se graba el programa.

Margarita Rosa de Francisco, firme y con sus rizos al viento, pasa más de seis horas de pie, alentando a los concursantes en las pruebas, motivándolos y dándoles instrucciones, más que como una presentadora, como una guía. Así se siente ella.

“No me gusta hablar como un robot. Creo que mi trabajo como actriz me ha enseñado a expresarme con emoción. En el caso de los participantes pienso que debe ser reconfortante tener una persona que los mire a los ojos cuando les habla, que los conecte con la realidad porque la experiencia que ellos viven es muy fuerte, es un reto como seres humanos”.

No miente. Las condiciones que viven los participantes son extremas. En las playas donde duermen los concursantes escasea la comida, y en las playas donde deben medir su fuerza y competir por su permanencia en el reality, la arena se calienta, resplandece, quema. Los únicos que la pasan bien son los equipos que consiguen las llaves de Playa Paraíso. Una construcción cómoda, lujosa, tipo club vacacional, que la producción de Desafío levantó de las cenizas.

A escasos 20 metros de Playa Paraíso hay una casita modesta con ropa colgada de alambres y vasos de metal en los rincones. Atrás, una carpa gigantesca y calurosa con tres mallas que hacen las veces de puertas. Es la casa de camarógrafos, sonidistas y periodistas, que son la sombra de los concursantes y los siguen a toda hora. En cada una de las playas de convivencia hay un equipo de estos que se releva día de por medio para recargarse. Son los consentidos del equipo de producción. Reciben chocolatinas, galletas, dulces. Margarita Rosa sólo come ensalada, proteína y café.

Se cuida con la alimentación y también con el ejercicio. Convirtió su habitación en un minigimnasio con pesas, cauchos, bolas y todo lo que le garantiza mantener su cuerpo en forma. Los libretos se los deslizan por debajo de la puerta. Mientras escoge con su mamá el vestuario del día, los va memorizando, no usa apuntador. Termina su preparación frente al espejo, recitando y revisando su maquillaje.

“Lo mismo durante 53 días”, dice con cansancio y amor. El amor que le tiene al reality la ha llevado a ser la presentadora del programa desde el 2001, con excepción del 2007. “Hago este programa porque adoro la gente con la que trabajo, porque me gusta el concepto, nunca presentaría nada diferente a este reality”.Lo único que quiere hacer luego de una extenuante jornada de grabación es leer, ver televisión o twittear. “Un buen libro reemplaza una cerveza”. El suyo es Un curso de milagros, con el que le gusta terminar el día. Mañana afrontará otra jornada, quizás igual de rutinaria, quizás igual de agotadora. Margarita vive su propio desafío y eso le encanta.