Así es la casa Leal y Daccarett

De carácter independiente y de suerte viajera, esta pareja de diseñadores tiene una de las líneas más sugerentes de la moda nacional. Estuvimos en su casa.
Así es la casa Leal y Daccarett

La puerta del apartamento se abre. Karen y Francisco aún no están listos para la entrevista, pero tal parece que es precisamente el ritmo agitado de su vida cotidiana el que se ha encargado de preparar una sorpresa: quien nos recibe es Jacobo, el nuevo miembro de la familia. Nació hace un año. Y con él, no sólo llegó un cambio en las prioridades del hogar sino la ocasión para remodelar todo el espacio interior. Jacobo sonríe, gira lentamente su coche y voltea a mirar hacia el hall que conduce a la sala.

El espacio está lleno de luz natural. Quizá por ello, aunque sea pequeño, resulta acogedor. Los colores vivos son los protagonistas. Y de todos, quizá el lila sea el más relevante: las paredes del corredor de acceso, las diversas orquídeas que se dispersan por el comedor y la cocina, y el imponente espejo en acrílico que cuelga de la pared de la sala, tienen esa tonalidad: “El lila es el color que acompaña nuestra vida”, comenta Francisco, mientras toma asiento en un sofá de la sala.

Y acto seguido, sin pausa, comienza con Karen a realizar un tour por los objetos que habitan el lugar, develando, quizá sin querer, el vínculo afectivo que guardan por ellos. Pinturas coloniales del siglo XIX, fotografías en las góndolas de Venecia, regalos provenientes de Turquía, reproducciones de sus visitas a la Bohemia francesa y al teatro Scala de Milán, fotos y trazos de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos… cada uno tiene una historia y personalidad propias. Todos, a su manera, son la confirmación del cariz independiente y la suerte viajera de esta pareja que se conoció por casualidad mientras adelantaban sus estudios de Diseño de Moda en el Instituto Marangoni, de Milán.

Es un hecho que los viajes han forjado en ellos una visión cosmopolita, pero no lo es menos que Colombia tiene un papel importante en su vida y en su trabajo. “Nosotros somos lo más colombiano que hay –afirma Karen–, gozamos mucho con la idiosincrasia colombiana, que en gran medida es la que ha moldeado la identidad de nuestra marca”. Los recorridos por las plazas de mercado de los pueblos, los viajes al parque Tayrona, las visitas al Valle del Cauca y las cabalgatas en el Meta “ante un sol infinito” y “tomando guarapo en tarro de gasolina”, son experiencias que se tejen muy bien en el proceso creativo de sus diseños.Sin embargo, más que los viajes, es la fijación continua a los detalles y la plasticidad para dejarse permear por ellos, la clave detrás del éxito de Leal Daccarett: “Nunca dejamos de trabajar, sea de viaje en Nueva York o caminando por las calles de Bogotá siempre estamos atentos a los detalles, los colores, las texturas –explica Francisco–, nuestra vida gira alrededor de la marca y la marca alrededor de nosotros, es una simbiosis”. 

***Para entender cómo maquinan sus ideas y cómo trabajan en equipo, nada mejor que ir tras las pistas del objeto con más porte del lugar: una virgen, ubicada sobre un anaquel a media altura en el centro de la sala: “Esta virgen viene de mi tatarabuela, es una virgen colonial fabulosa aunque sea dolorosa, la heredé de una tía a la que le parecía muy triste. La tuve guardada en la casa de mis papás por muchos años. Cuando me casé con Karen le propuse que la trajéramos a casa. La empelotamos y le hicimos un vestido tela sobre tela, adornado en la última capa con granadas (flores) de Bogotá y una corona en camusso”. Algunos familiares les reprocharon ese “atrevimiento”. Pero al final, el atuendo se impuso: “La virgen la queremos y ella nos protege”, explica Karen –risas–.En la destreza para hacer que lo retro funcione con lo moderno se encuentra el rasgo principal del espacio de la pareja; allí, las herencias familiares contrastan con la excentricidad de lámparas, bibliotecas y muebles de diseño que moran en la sala. Francisco se detiene por un momento; de la mesa de la sala, que hace también las veces de biblioteca, toma uno de sus libros favoritos, A life of design, del decorador de interiores David Hicks. “Disfrutamos mucho su trabajo de diseño, nos encanta el aspecto teatralizado que le da a los espacios, siempre plenos y muy exuberantes”.Jacobo aparece una vez más. Pero esta vez en brazos de Elvis, la niñera. Después de una breve siesta, está de salida rumbo a una piñata, muy a tono con la agitada vida social de sus padres. Los secunda Filipo, un menudo pug color negro, sordo y ciego que, caminando a tientas, es el compañero fiel de la pareja, desde que se casaron en el Teatro Heredia de Cartagena, hace cuatro años. ***El clóset de la pareja de diseñadores es un tema obligado. Y aquí, una vez más, las diferencias terminan siendo la clave para que todo funcione: mientras Francisco “ama” los blazer con t-shirts y jeans, Karen toma partido por la ropa de piezas: “Cuando compro, yo no soy de básicos, compro piezas, busco sus texturas y pienso en ellas como obras de arte de artistas”.Y es precisamente esa sensación de confort y claridad a la hora de vestir, lo que Karen y Francisco definen como estilo: “El estilo funciona cuando hay honestidad, cuando eres capaz de esa sensación interior de comodidad con lo que vistes haciendo que se vea fabuloso e inspirador”, dice Karen; “el estilo –contrapuntea Francisco– es la naturalidad y la sinceridad al vestir, sin sobreactuarse”. Y para hacer más concreto en su definición, cita de ejemplo a la duquesa de Alba: “Se viste fabulosa. ¡Qué maravilla casarse a los 80 años y salir a bailar flamenco! El estilo es tener presencia de ánimo, ella ha hecho con su vida lo que ha querido”.Del estilo, pasamos a los fines de la moda. Y aquí, la respuesta es una sola: la moda es para divertirse. “Los que se torturan con la moda son unos amargados. No hay que sobreactuarse, por el contrario, hay que aprovechar las combinaciones para explorar y divertirse”, dice Francisco, siempre enfatizando el cariz maximalista y exuberante de su marca.***Las cosas han pasado muy rápido para los dos. Desde jóvenes tuvieron el deseo de ser empresarios y tuvieron la constancia necesaria para lograrlo. Los desfiles, los viajes y la producción de colecciones, poco a poco, han posicionado su trabajo en la industria de la moda nacional. Desde luego, labrarse un camino no fue fácil. Fue necesaria una disposición clara desde el principio: “El secreto es amar lo que se hace –dice Karen–, el resto va aconteciendo. Hacemos las cosas con amor sin entrar en conflicto con los demás. Hay gente que puede tener más dinero o ser más famosa, pero nosotros somos felices siendo lo que somos”. ¿Y los obstáculos? “No hablemos de eso. Los obstáculos pasan y uno se olvida de ellos. Vivimos superagradecidos porque hemos encontrado situaciones fabulosas y gente increíble. Tenemos la gran alegría de que nuestro trabajo sea reconocido”.El tiempo se acabó. Una nueva visita llama al citófono, los compromisos no dan tregua. Están trabajando para una nueva etapa: internacionalizar su marca. De “la casa del ritmo” donde se hacían las fiestas “más bravas” de Bogotá, queda muy poco. Esta ahora es la casa de Jacobo y, evocando esa idea, Karen y Francisco nos despiden con la sonrisa de quien disfruta la mejor parte del pastel.