Fabio Rubiano: "¿es el victimario culpable de todo?"

A propósito de la presentación de El vientre de la ballena, en el Teatro Nacional Fanny Mikey, el director habla de su fascinación por los antagonistas. ¡Agudo y sombrío!
Fabio Rubiano: "¿es el victimario culpable de todo?"

¿Puede el teatro aportar ideas para comprender y resolver los conflictos? Como un intento de respuesta se presenta El vientre de la ballena, la última obra escrita y dirigida por Fabio Rubiano, en el Teatro Fanny Mikey. Se trata de la historia de un hombre “ejemplar” que en casa abusa de su hija y en la calle, como policía, castiga a los abusadores de niños y madres: el conflicto de un hombre que combate y comete la ilegalidad.

“Quería plantear una pregunta ética: golpear o no golpear, venganza o no venganza” –explica Rubiano–, “¿es el victimario el absoluto culpable de todo?”. El proyecto le venía rondando en la cabeza desde hace 6 años cuando escribió una primera versión del guión para el grupo Mladinsko de Eslovenia. Su intención era desmarcar los roles de lo bueno y de lo malo y comprender hasta qué punto los argumentos de un victimario le dan la razón: “Me encanta explorar la seducción que generan los antagonistas por su poder”.

Próximo a cumplir 50 años, Rubiano se encuentra en la etapa más prolífica de su carrera como director de teatro: Hombres en escabeche, Lo que más miedo y Sara dice son obras que estarán en la agenda cultural bogotana y de gira por los Festivales de San Sebastián y Cádiz, en España, y el Festival de Bayona, en Francia. Un gran momento que es el resultado de su trabajo de casi tres décadas con el grupo Petra, al lado de Marcela Valencia –su fundadora–.

Fue allí donde arriesgó su primer papel con “El negro perfecto”, que tardó en preparar año y medio, y donde consolidaría su amor por un oficio del que resalta el entrenamiento en la repetición de escenas, el rigor en la preparación técnica y la importancia del elemento sonoro: “El teatro para mí es de oído, los elementos suenan o no suenan… lo esencial es que tenga ritmo y musicalidad para que el público pueda compartir un lenguaje común”.

Igual de versátil para el teatro, Rubiano nunca se ha distanciado de la escritura y actuación para televisión. Ya sabe bien la maestría técnica que se necesita para escribir 40 páginas por semana para proyectos televisivos, y el nivel de exigencia para actuar en series latinoamericanas, como lo demostró con su sombrío y enigmático personaje de Ignacio para la serie Kadabra, de Fox. Aunque entre el teatro y la televisión se inclina más por el primero: “El teatro es efímero y eso es maravilloso, es aquí y ahora; la emoción que da el teatro no la da la televisión. Uno tiene una buena escena en televisión y funciona, uno la tiene en teatro y no hay alegría que valga”.

Por instantes Rubiano toma distancia de sus respuestas, como si intentara aclararse a sí mismo, mientras hace un viaje por los objetos que ocupan su apartamento y que alguna vez fueron mobiliario de sus obras. Máquinas de escribir antiguas, sillas de peluquería en el comedor, un ángel caído en yeso y lámparas en acrílico hacen parte de su selección. En una mesa de la sala reposan los libros que está leyendo: Memorias de Adriano y Los reyes malditos.

Luego pide permiso. Tiene que marcharse a una presentación de El vientre de la ballena, que estará en temporada hasta el 31 marzo, una buena oportunidad para explorar, con humor, qué tan victimarios somos de nosotros mismos.