A ver los pasteles...

La cocina de uno de los hoteles más grandes del mundo tiene sazón colombiana. Carlos Salazar, quien a los 18 años dejó el país para probar suerte en Estados Unidos, es jefe de pastelería en el MGM Grand de Las Vegas. Un caleño con mucho sabor.
A ver los pasteles...
Incitar con algo dulce. Parece fácil pero en realidad es cuestión de talento y precisión, tanto así que sólo unos pocos pasteleros en el mundo son considerados expertos en la materia. Entre ellos se encuentra Carlos Salazar, para quien el chocolate y el azúcar han sido las mejores herramientas a la hora de crear postres dignos de concurso. Su técnica es bastante sencilla: imaginarse un plato que quien lo pruebe no pueda dejar de pensar en él por varias horas. “No importa el tamaño o la cantidad, sino la sensación que despierte”. Esto lo aprendió desde pequeño cuando trabajó como aprendiz de pastelería en la panadería de su papá, ayudando a su mamá a decorar tortas de matrimonio. Claro que en ese momento preparar postres no era su prioridad. Cuando cumplió 18 años logró conseguir una visa con ayuda de un tío que vivía en Miami. Allí obtuvo el grado en Hotelería y Turismo. Pero sus planes cambiaron sorpresivamente cuando conoció a un colombiano que había abierto una pastelería francesa, en la que empezó a trabajar más por solidaridad que por gusto. Sin embargo, con el paso de los días conoció técnicas mucho más modernas que las de la pequeña panadería en Cali, por lo que su amor por el dulce regresó, esta vez para quedarse. Viajes a Washington, San Francisco, Francia, España, Italia y Holanda perfeccionaron su conocimiento y ratificaron su talento. Para 1997, después de haber trabajado en varios hoteles cinco estrellas en Estados Unidos como el Bellagio y el Grand Bay, fue llamado a ser parte de la nómina del Rio Suite Hotel and Casino, donde estuvo a cargo de 2.500 habitaciones y 14 restaurantes. Semejante cantidad lo formó para que cuatro años después fuera nombrado jefe de pastelería del MGM Grand Hotel Casino en Las Vegas. Allí, con un equipo de 35 personas, es el responsable de satisfacer las necesidades de más de 7.000 dulces comensales. Para algunos es un reto, para Carlos es la mejor experiencia de su vida. “Todo lo que me ayude a mejorar y llegar a lo más alto me interesa y me emociona”, dice. Por eso no resulta extraño verlo pasar horas extras en la cocina practicando los platos que exhibirá en el próximo concurso mundial de pastelería. Un terreno bastante familiar después de haber participado como capitán del equipo de Estados Unidos en el Campeonato Mundial de Pastelería en Francia en 2007, donde compitió contra 20 países y se llevó los premios de mejor trabajo en chocolate y mejor trabajo en azúcar. Dos categorías Premium de este oficio con las que Carlos ha dado cuenta de su creatividad y confirmado que más que pasteles, postres y tortas, lo suyo es “arte comestible”.
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