Adriana Vargas nos mostró su casa

Después de 14 años ejerciendo el periodismo, Vargas entra a la casa de Nariño como portavoz del gobierno de Santos. Entramos a la casa de esta amante del jazz.
Adriana Vargas nos mostró su casa

Uno

La agenda de Adriana Vargas ‘vive’ copada por estos días. Desde que aceptó el cargo de portavoz en el gobierno de Juan Manuel Santos y dejó su puesto en RCN, el canal que fue su casa durante diez años, no tiene un horario fijo. Ahora sale de su casa muy temprano sin tener claro a qué horas regresa. Ni siquiera los fines de semana es seguro que pueda descansar; en los próximos cuatro años su trabajo, además de acompañar al Presidente en sus viajes, consistirá en servir de puente entre la información oficial y los medios internacionales. Y para ello tendrá que sacrificar buena parte del tiempo libre que le queda.

Por eso, tal vez, pide que hagamos la entrevista uno de los pocos sábados en que no tiene que asistir a los acuerdos para la prosperidad, que es como se llaman los consejos comunales desde el pasado 7 de agosto. Su casa, ubicada al norte de Bogotá, queda en el último piso de un edificio de ladrillos. Lo primero que se ve cuando se pasa la puerta, más allá de la amplia sala, la chimenea y las figuras orientales colgadas en la pared, es una enorme ventana desde la que se divisa todo ese mar de cemento que es la capital del país. El apartamento, amplio y lleno de luz, tiene un segundo piso en el que sobresale una sala con biblioteca y una terraza con techo removible donde hay un asador y un pequeño estadero. El lugar está lleno de plantas; de fondo, se escucha música chill-out.

—Pasa, siéntate —dice Adriana, con un tono de voz cálido que genera confianza—. Voy a arreglarme, vuelvo en diez minutos.

Y así, sin más, se pierde por el corredor.

Dos

Se siente rara. Aunque durante catorce años ha vivido refugiada en la esquina del periodismo, desde hace poco más de dos semanas ha tenido que cambiarse de bando. “Siento como si hubiera cruzado la calle y estuviera del otro lado –dice–. De todas maneras es muy interesante ver y entender cómo funciona el gobierno. Pero, sobre todo, tener la oportunidad de servir, de entregarle algo a la gente”.

Para muchos fue un cambio drástico. Adriana, sin embargo, asegura que no tuvo que pensar demasiado el ofrecimiento del Presidente Santos, entre otras cosas porque el tema que maneja es enamorador: “Mi función es hablarle al mundo de Colombia, conectarla con los medios internacionales y lograr que publiquen otras facetas del país”, cuenta. Pero nadie duda de que lleva el periodismo en la sangre. “Es mi gran pasión —dice y sonríe. Lleva puesta una blusa negra, jeans y unos zapatos de tacón rojos—. Creo que es una experiencia maravillosa poder participar de tantos hechos y tener la posibilidad de dejarlos consignados en la historia”.

Y es que durante sus años en la profesión Adriana ha pasado por varios de los medios más importantes del país: acompañó a Manuel Teodoro en Séptimo Día, donde pudo hacer denuncia; trabajó en Noticias RCN, donde fue editora internacional, presentadora y, luego, conductora del programa La Noche; estuvo con Yamid Amat en CM&, y en 2005 dio un “salto al vacío” y se fue a hacer radio con Darío Arizmendi en Caracol.

Pero aunque no ha tenido la oportunidad de incursionar en la prensa escrita, confiesa, con un brillo en los ojos, que le encanta escribir. “Con el tiempo lo he dejado un poco, pero desde que era pequeña llevaba unos diarios que en los últimos días he tenido ganas de retomar –asegura–. Como cualquier periodista soy en esencia una persona curiosa, y todo el tiempo estoy viendo cosas que me gustaría anotar en algún lado”. El último de sus diarios lo escribió hace poco más de dos años, cuando estaba en embarazo, y desde entonces no le ha quedado mucho tiempo. Los que tiene, eso sí, están guardados bajo llave en una caja fuerte y nadie los ha leído nunca.

Tres

“Esta es la entrevista que me encantaría hacer y no he podido –dice sosteniendo en la mano un disco del jazzista canadiense Michael Bublé–. Hace poco le escribí a su agente de prensa a ver si me la dan”. Adriana se declara una “melómana total” que disfruta sentándose a organizar sus discos o metiéndole música a su iPod. “Amo el jazz y ahora estoy mucho en la onda del lounge y el chill-out”, asegura.

Y, claro, también lee. “El reto es tratar de sacar tiempo para algo más que libros periodísticos o medios impresos”, dice. Por eso lee novelas (ahora está entusiasmada con el chileno Hernán Rivera Letelier) y libros “de iluminación” ya que, aunque se declara católica, es una persona de una espiritualidad muy abierta. Algo que le ha permitido, por ejemplo, acercarse a las enseñanzas del budismo. “Creo en los procesos de aprendizaje personales”, dice y, sonriendo, agrega: “Quizás sea ingenua, pero creo también en los milagros”.

Cuatro

Gran parte de la culpa del poco tiempo libre que le queda la tiene Gabriel, su hijo de casi dos años. “Ser madre es espectacular, de las cosas más lindas y que más huella me han dejado en la vida”. Sólo ahora entiende lo que la gente solía contarle sobre el amor tan profundo que se siente: “Hoy sé que doy la vida por mi hijo. Ser madre me ha servido para tener una mayor conciencia de que este mundo no es nuestro sino de ellos, de los que siguen. Por eso es importante sentir más esa responsabilidad que nos obliga a responder por lo que hacemos y lo que está pasando”.

Lo cierto es que las escasas horas en que no está trabajando las ha tenido que repartir entre sus aficiones y su faceta de mamá. Cuando está con Gabriel escuchan música, cantan, bailan. “Le fascina. Creo que salió así porque en el embarazo le ponía música todo el día”, cuenta. Y, cuando pueden, salen en familia a pasear cerca de Bogotá, a lugares donde haya zonas verdes.

Encima de la mesa de la sala hay varias fotos. En una, aparece Adriana con su esposo y su hijo en París; en otra, en Times Square, en Nueva York; en una más, en algún lugar con nieve. Se ve que, al final, la vida la ha tratado bien. Y aunque durante los próximos cuatro años estará explorando una nueva faceta laboral, sabe que tarde o temprano regresará al periodismo. “Confío en que moriré siendo periodista”.