Andrés Jaramillo: "Yo soy el Álvaro Uribe de Andrés carne de res"

En el año 2009, *CROMOS *habló con Andrés Jaramillo, el hombre que dice ser el dictador detrás del restaurante que hoy está dando mucho de qué hablar.
Andrés Jaramillo: "Yo soy el Álvaro Uribe de Andrés carne de res"

Viene de la nueva sede de Andrés en Bogotá, Andrés D.C. Tiene la pinta de un miembro de Greenpeace, la mirada intimidante de Jack Nicholson y la voz de un poeta amanecido. Mira con cautela. Es un bravucón operático al que le saca la piedra la falta de sentido común. Un apuntador consumado de notas de todo tipo, como la que escribió hace unos días, que dice “En la rumba, pues yo hasta los 55 y punto”. Promesas de un caudillo... de la rumba.

 

¿Todo lo que ha colgado en Andrés lo tiene grabado en la cabeza?

Sí, ¡claro! Ayer, por ejemplo, grité: ‘algún hijuep*&#* me robó este cosito’, así lo dije, un letrerito que yo había puesto en un florero. Es que aquí hay gente que se toma un trago, se pone de pie y empieza con una mano, dele que dele, a mover algo hasta que lo rompe. A veces se me salta la piedra, cojo el micrófono y digo: ‘el caballero que está allá, deje quietico ese corazón y no joda tanto, hola’.

Andrés el querido, pero también Andrés el odiado.

Sí, hay gente que no me quiere y no me entiende y cree que soy un degenerado, capitalista, explotador. Cuando me escriben cosas muy duras yo le digo al periodista: ‘venga, trabaje conmigo y vea lo que es esta historia en esta aldea en Chía’.

Pero usted no es un propiamente un Dalai Lama.

No, no. Esta aldea viene con dictador incluido… lamentablemente.

¿Y es necesario el dictador?

Eso es bien jodido, esa fue la última pregunta que me hizo D’Artagnan. Dijo: ¿usted qué opina de Álvaro Uribe? Y yo me quedé unos minutos en silencio y le dije: ‘mire, Roberto, yo soy el Álvaro Uribe de Andrés Carne de Res’.

¿Y eso es bueno?

Lo que pasa es que ese mundo de Andrés está hecho a la medida de mis sueños, por lo tanto se necesita que el dictador funcione para que el sueño funcione.

Y ahora llega a Bogotá.

En Bogotá quiero hacer algo para que la ciudad se cargue energéticamente, para que salgamos adelante todos, porque no es cierto que Andrés llegó a Bogotá y va a acabar con todo el mundo, eso no es tan sencillo. A la gente que me llama siempre le digo: ‘espero que me siga dando la mano’. Y si alguien tiene un objeto en la casa tirado para llenar esto, que lo traiga, todas esas fuerzas se necesitan.

¿Este nuevo negocio va a tener el cielo, el infierno y el purgatorio?

No, en algún momento de esas conversaciones hechas a la topa tolondra, se planteó eso, pero es importante aclarar que no cogió fuerza internamente. Lo que pasa es que alguien que estaba ahí fue y contó y salió publicado. Lo curioso fue que ese comentario cogió mucha fuerza. Entonces ¿será que la gente está esperando eso? ¿Qué esperará de eso si no lo va a encontrar? ¿Va a ver una desilusión? No sé.

¿Qué va a haber entonces?

Yo acabo de venir del lugar en este momento y está todo vuelto nada. Falta organizar, falta barrer, falta limpiar el polvo como dicen la señoras, y empezar a colgar cosas, vestir el lugar, pero la base ya está, así hice Andrés Chía, el tiempo nos va dando toda la fuerza.

¿Y cómo se va a llamar entonces?

Se llama Andrés D.C.

La gente que maneja negocios de noche coincide en que eso es una esclavitud, y más si se tiene éxito.

Sí, pero yo lo veo más como una feliz condena, camino a la santificación. Yo te lo aseguro, yo voy camino al cielo. No he sido tampoco ni un santo ni un ángel pero sí lo merezco, lo digo mamando gallo, esto es un apostolado.

¿Por qué duplicar esa feliz condena, con Andrés en Bogotá?

Es la realidad de los negocios. Me han preguntado mucho: ¿por qué estás haciendo esto? Es el caso del empresario: si su negocio no crece, su negocio muere. Andrés Chía necesita de mucha inyección de dinero para la compra de las propiedades aledañas; si no, estábamos destinados a desaparecer. Entonces, para ese proceso, a través de los últimos doce o catorce años, me he dedicado a llamar gente con dinero, inversionistas y la última oferta fue esa, la del Andrés urbano. Stella, mi mujer, es de una actitud muy positiva, ella me empuja a que sigamos.

¿El sueño se independiza un poco del soñador?

El sueño sí, en la práctica, pero sí y no. Ahora que lo pienso, Andrés tiene que seguir muy apegado a ese sueño mío. El otro día mis socios iban a contratar a una persona para que hiciera un análisis sobre los puntos claves de Andrés, y yo les dije que no se fueran a gastar ese dinero porque yo sabía cuál era el punto clave de Andrés.

¿Cuál es la clave?

La generosidad. Andrés es un sitio generoso de recibirte, de abrazarte, generoso en sonrisas, en atención, incluso nuestros cortes de carne son generosos. Estoy tratando de que se maneje el refrán que diga: Andrés Carne de Res,o tampoco ni un santo ni un ángel pero sí lo merezco, lo digo mamando gallo, esto es un apostolado.

¿Esa es la lógica de Andrés?

Bueno, bonito y carito.

¿Cómo define su profesión?

Yo soy un generador de dinámicas en la vida. Toda mi manera de ser se resume en la carta que tiene Andrés Carne de Res, en esa manija que mueve el mundo, yo soy ese motorcito. Pero todavía no tengo claro realmente cuál es mi profesión. ¿Reciclador? Tuve mis momentos de observador de la calle cogiendo materiales. Yo creo que la figura más clara y que me retrata a mí es el Andrés que anota y anota y anota, como ese personaje que no quiere perder nada de lo que sucede a su alrededor.

¿Un cronista?

No, no para contar sino para defenderme en la vida. Me acabas de recordar una historia. Un cuñado muy creativo se hizo unas sillas en aquella época que eran para alquilar, de madera, que eran de doblar y se apilaban fácilmente; recuerdo que vendió como un millón de sillas, estoy exagerando, pero vendió muchas sillas, y yo a los doce años dibujé la silla con todas las medidas en un papel: ‘para cuando sea grande y quiera ser rico’, anoté en el papel.

Un personaje que anota, ¿como un alquimista?

Sí, con frases mías de felicidad, de enamoramiento o de desenamoramiento, todo está ahí. Hace un mes uno de mis socios dijo: ‘abrimos el 18 de agosto, pase lo que pase’. Entonces yo le dije ‘listo’. Me quedó sonando su frase, ‘Pase lo que pase’. Le dije al tipo de diseño: ‘hágame el favor y me hace un aviso así y, por suerte, hoy coincide con lo de Galán y sale la foto en El Tiempo de Andrés muy caudillo. Nada de esto fue calculado. No me puse a quitarle nada sino que lo aplacé: ‘El 7 de septiembre, Andrés D.C. pase lo que pase’.

¿Andrés es de muchos amigos?

No, pocos, porque mi manera de ser es como aislada.

¿Aislada? Algunos han hablado de antisocial, que es un hombre de rabietas.

Soy rabioso porque tengo esa estructura, porque he querido trabajarla y no he podido, no he podido ante el error dar un abrazo, eso me queda muy jodido. Tienen razón los que critican mis rabietas, pero es que… es tan absurdo tener que aceptar el error por tercera, cuarta y quinta vez. Por Andrés han pasado por lo menos diez mil empleados, y también recibo correos y cartas hermosas.

¿Qué le saca la piedra?

La falta de sentido común de la gente. Yo tengo una prueba que es bien simpática, la llamó “la servilleta blanca”. En el restaurante tiro una servilleta, a ver quién la recoge. Está comprobado que con 300 meseros circulando, pase un mesero cada 10 segundos. De pronto, uno la recoge. Ese tipo tiene una hormona o algo que lo hacer ver más allá de los muebles.

En temporada alta, ¿cuál es su record sin dormir?

Para mí temporada alta es siempre, o sea, yo digo que cuando empecé el restaurante en el 82, arrancaba a trabajar a las siete de la mañana y terminaba a las cinco de la mañana. Hoy llegó a trabajar a la una de la tarde y me voy a mi casa a la una de la mañana. En algún momento, algún día, no llegaré, la vida te va cerrando la brecha lentamente.

¿Pero, hasta cuándo Andrés en su rumba?

Yo tengo mi libreta donde anoto todos mis pensamientos y las generalidades de mi trabajo y, hace unos días, me escribí una frasecita que dice: ‘Pues yo hasta los 55 y punto’. O sea que me quedan como tres años para el mundo de la rumba, porque ya son los hijos de mis amigos los que están dominando la rumba y hay que aceptar que uno va también dejando esos espacios.

¿Y por qué hasta los 55? ¿Por qué esa cifra?

Por nada, porque yo he venido retrasando la pensionada. Antes ya había dicho que a los 40.

¿Amenazó con los 40?

Sí. Y cada vez le voy poniendo un lustro más.

Y ya va por los 52 con su rumba en Chía. ¿Cómo define su estilo de rumba?

En el caso de Andrés Carne de Res nosotros impusimos un orden en la rumba, o sea no puede ser caos y locura total sino que tiene que tener algo de creatividad. Por ejemplo, a las nueve de la noche mandamos una niña que baile ballet, para decirle a la gente que el arte es importante también para liberar los espíritus.

Pero la gente de hoy es más impaciente, es decir no hay esos tiempos lentos.

No, hay que llevarlos, hay gente muy acelerada que llega a las siete, ocho y ya quiere bailar. Entonces yo digo para qué se salen de su casa, que se queden en su casa bailando, que entiendan que todos los sitios necesitan como de ese… enamoramiento. Cuando ya hay locura yo actúo y digo ‘un momentico, esto tiene un orden’ y eso la gente lo ha aceptado.

¿Usted sabe bailar? Porque los que ordenan las fiestas son, por lo general, los que no saben bailar.

Yo bailo a las tres de la mañana una salsa que me gusta. No sé bailar otra cosa que esa canción que se llama Los charcos, de Fruko y sus Tesos, y que me ponen los discjockeys cuando me ven contento.

¿Cuántas generaciones de rumba ha visto pasar por la pista?

Tres generaciones.

¿Y cómo compara su idea inicial con lo de ahora?

Andrés estaba destinado a hacer bohemio, un sitio de guitarra, de chimenea y de poesía pero no de rumba. Pero vino esa juventud que quería la rumba, y nosotros, Stella y yo, de un mundo más de las palabras, les abrimos las puertas. Si no lo hubiéramos hecho en ese instante, el sitio se nos derrumba.

¿Cuándo la rumba está al pelo?

Yo me considero especialista en llevar las rumbas a un pico que remato observando personajes o movimientos de parejas especiales. Cojo el micrófono y les armo alguna historia. Anoche le hice una ceremonia a una famosa chef griega que estaba de visita, Ketty Koufonikola Touros, la vi y dije: ‘le voy a hacer una homenaje a la griega’ y lo logré. Yo creo que esa señora fue feliz durante tres minutos, le puse Zorba, le di el plato para que lo rompiera y llovieron sobre ella mariposas en el corazón.

¿Cuáles son las rumbas pesadilla?

La rumbas pesadillas son las rumbas empresariales. Rumba más difícil que la empresarial no existe.

Bueno, ¿era más fácil cuándo Andrés no tenía nada?

Románticamente sí, pero si lo vas a ver a través de la vida, no.

Entonces es mejor ser rico que pobre, como decía Pambelé.

Esa es una maravilla de frase. Yo soy, en ese sentido, “pambeliano”.

¿Hoy lo tiene todo?

Pues a ojos de tanta gente parecería un egoísta decir que no, pero yo tengo mis angustias y tengo mis penas y tengo dolores y tengo mis vainas, mis conflictos como cualquier ser. Pero si hablamos de riquezas, es también una gran mentira porque yo no sé cómo medirán los otros la riqueza y sus deseos.

¿Pero cómo la mide Andrés? ¿Por lo que tiene en el banco?

¡Nooo! Siempre hay compromisos, siempre tienes compromisos… es que la vida es tan dinámica, tan compleja. También es natural y lógico que yo como líder de esa experiencia, tenga un buen carro, pero no tengo veinte carros, entonces la riqueza es sentirse bien.

¿Cómo es esa riqueza?

Andar volando por las calles y estar fresco las 24 horas del día, no es otra cosa, ser yo auténticamente pero no es nada fácil creerse la felicidad de uno y actuar tal cual. Pero en esa medida, el que es libre en su manera de ser se acerca a ser feliz, porque empieza a sacar cosas que están por allá en el fondo y que son bonitas. En estos días he estado mirando la vida de Jaime Garzón, me parece que él fue un maestro en hacer lo que se le dio la gana. Y esa autenticidad lo hace tan valioso. Yo tengo mis vainas auténticas pero tengo a veces una mirada nostálgica y depresiva a veces de la vida.

¿Y cuál es esa mirada depresiva?

La relaciono un poco con la parte también silenciosa, ensimismada, tranquila.

¿De pronto a veces se siente muy ruidoso?

Ojalá yo fuera muy ruidoso, yo no soy ruidoso, yo quisiera ser un hombre ruidoso. Yo soy un encantado de la palabra, lo que pasa es que no tengo palabras. Yo las cuelgo en las paredes de Andrés.

¿Algún objeto de tantos es especial para Andrés?

Sí, el comedor de la entrada donde hay un caballo colgado de carrusel, ese es como el centro energético de mi bar… Una noche llegó una gringa llorando y le pregnajes o movimientos de parejas especiales. Cojo el micrófono y les armo alguna historia. Anoche le hice una ceremonia a una famosa chef griega que estaba de visita, Ketty Koufonikola Touros, la vi y dije: ‘le voy a hacer una homenaje a la griega’ y lo logré. Yo creo que esa señora fue feliz durante tres minutos, le puse Zorba, le di el plato para que lo rompiera y llovieron sobre ella mariposas en el corazón.

En Colombia, Andrés descresta a todo el mundo; en el mundo ¿qué descresta a Andrés?

Lo que más me descresta es la expresión de la cocina popular. Por ejemplo, ahora que fuimos a Marrakech, en aquella famosa plaza, Jemaa El-Fna, que fue declarada patrimonio de la humanidad, ahí te cocinan sobre carbón en unas cocas como de cerámica, le meten toda clase de verduras, especias, pollo, carne, y eso lo ponen como a hervir horas y horas, eso es una vaina encantadora.

Otra cosa que le encante.

Los cafés, sentarme en un café a mirar revistas y que pase el mundo y la gente es parte de mis gozos.

¿Y lo practica?

Stella jode mucho y entonces ella siempre está buscando la felicidad en la tienda de al lado.

¿Conoce a Ágatha Ruiz de la Prada?

Claro, me regaló una corbata.

Me sorprendió que ella con todo esa mano de tonos chillones en sus diseños y tiendas, descubrí en una revista que su casa es totalmente blanca, como si quisiera descansar de tanto colorido. ¿A usted le pasa algo parecido en su casa, con tanto cachivache?

Lo que pasa es que en la casa, y lo digo sin problema, la que manda es Stella.

 

 

Escuche aquí la entrevista con Andrés Jaramillo en Mañanas BLU