Angela Merkel y su lado light

Con sus atuendos modernos y su nueva imagen de mujer vanidosa, la canciller alemana Angela Merkel ha demostrado que la política de mano dura y el glamur no riñen.
Angela Merkel y su lado light

Antes de convertirse en canciller de Alemania, el glamur para Angela Merkel era un tema exclusivo de modelos y reinas de belleza. Y ella tenía de todo menos de eso. Graduada en Física de la Universidad de Leipzig, era un ratón de biblioteca que devoraba cuanto libro apareciera sobre sus dos grandes obsesiones: la mecánica cuántica y la química.

Luego de trabajar durante varios años como científica y operaria de laboratorio, se dejó tentar por la política, pero ni siquiera un giro tan drástico en su destino la hizo cambiar de opinión. A lo largo de sus años de ascenso como funcionaria (y sobre todo como niña consentida del ex canciller Helmut Kohl), jamás se preocupó por su aspecto. Usaba ropa anticuada y andaba sin maquillaje, con el pelo descuidado y un corte de estilo masculino.

Sin embargo, su desinterés por la imagen personal terminó cuando empezó la carrera por la Cancillería. Al fin y al cabo, tenía que vencer a un contendiente no sólo carismático y elegante sino con una fama de donjuán capaz de producir un generoso número de adeptos: Gerhard Schröder. Merkel, tan ajena a la apariencia, tuvo que dar su brazo a torcer. Su grupo de asesores le aconsejó maquillarse, vestirse de una forma más moderna y, sobre todo, hacer todo lo posible por conquistar a los medios.

Así, tras llegar al poder en 2005, su fama de mujer seria y distante ha cambiado. La denominación de la revista Forbes, por cuarto año consecutivo, como la mujer más poderosa del mundo, contrasta con la imagen de una líder cálida, que se viste de manera atrevida, que habla abiertamente sobre sus gustos y sobre su papel como ama de casa, y hasta se deja fotografiar tomando cerveza.

Debido a su militancia en los partidos de derecha, Merkel es conocida como la Dama de Hierro alemana. Sin embargo, la analogía con la ex primera ministra británica Margaret Thatcher no es del todo acertada pues la canciller ha demostrado una postura moderada en su ejercicio como gobernante y una mucho más relajada en su vida privada.

Merkel sobresale en el panorama internacional por su amplia cultura y su vasta erudición. Habla inglés y ruso a la perfección y en su oficina tiene un retrato de Catalina la Grande, de quien se declara fiel admiradora. No es extraño que el ejemplo de vida de la zarina (de origen alemán) haya inspirado la estrategia política de la canciller para mantener su popularidad. Mientras Catalina se echó al bolsillo a los filósofos ilustrados para mejorar las relaciones con Europa Occidental, Merkel hizo lo propio con la prensa para asegurarse una buena dosis de exposición mediática.

Sobre su nueva imagen ha declarado a varias revistas: “Tengo un estilo muy práctico, el peinado debe mantenerse en su sitio doce horas o más, y no puedo empolvarme la nariz a cada rato”.

Aunque le encanta vestirse con jeans y suéteres, tiene su propia modista que le ayuda a escoger los atuendos más adecuados para cada ocasión. Uno de estos trajes, sin embargo, causó furor entre los medios alemanes hace un año, cuando Merkel asistió a la inauguración de la nueva ópera de Oslo con un vestido azul de escote profundo. La fotografía en la que Merkel aparece exhibiendo sus atributos mientras conversa con el primer ministro noruego Jens Stontelbeg, aparecher no es del todo acertada pues la canciller ha demostrado una postura moderada en su ejercicio como gobernante y una mucho más relajada en su vida privada.

Merkel sobresale en el panorama internacional por su amplia cultura y su vasta erudición. Habla inglés y ruso a la perfección y en su oficina tiene un retrato de Catalina la Grande, de quien se declara fiel admiradora. No es extraño que el ejemplo de vida de la zarina (de origen alemán) haya inspirado la estrategia política de la canciller para mantener su popularidad. Mientras Catalina se echó al bolsillo a los filósofos ilustrados para mejorar las relaciones con Europa Occidental, Merkel hizo lo propio con la prensa para asegurarse una buena dosis de exposición mediática.

Sobre su nueva imagen ha declarado a varias revistas: “Tengo un estilo muy práctico, el peinado debe mantenerse en su sitio doce horas o más, y no puedo empolvarme la nariz a cada rato”.

Aunque le encanta vestirse con jeans y suéteres, tiene su propia modista que le ayuda a escoger los atuendos más adecuados para cada ocasión. Uno de estos trajes, sin embargo, causó furor entre los medios alemanes hace un año, cuando Merkel asistió a la inauguración de la nueva ópera de Oslo con un vestido azul de escote profundo. La fotografía en la que Merkel aparece exhibiendo sus atributos mientras conversa con el primer ministro noruego Jens Stontelbeg, apareció en varios periódicos acompañada de titulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja dió en varios periódicos acompañada de titulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja dió en varios periódicos acompañada de titulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja dió en varios periódicos acompañada de titulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja dió en varios periódicos acompañada de titulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja de los asuntos políticos y eso la relaja. Ltulares picantes como: “¿Puede pavonearse de esto Alemania?” o “¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”. A pesar de las críticas, el viceportavoz del Gobierno alemán, Thomas Steg, declaró: “La canciller federal continuará eligiendo según su gusto personal y a su antojo, el vestuario de noche para futuros actos de gala”.

Su vida privada es un aspecto que poco a poco ha compartido con sus seguidores. Luego de su fallido matrimonio con el también físico Ulrich Merkel, se casó en 1998 con el científico Joachim Sauer, a quien conoció por ser el tutor de su tesis doctoral. Aunque tiene una actitud abierta frente a los periodistas, no ha confesado aún por qué conserva el apellido de su primer esposo. Frente a la ausencia de hijos ha declarado que jamás se ha sentido una mujer incompleta por no tener descendencia.

Con respecto a su entorno familiar, la canciller es defensora de la división en las labores domésticas. Por eso, cuando le preguntan sobre el funcionamiento de su casa no duda en expresar: “Tenemos una empleada doméstica, pero cuando ella está de vacaciones nos distribuimos el trabajo en el hogar”.

Su esposo es el encargado de las compras, siguiendo una lista que ella hace cada viernes. Sin embargo, la tarea de cocinar le corresponde a ella. De hecho la culinaria es uno de sus pasatiempos favoritos pues la aleja de los asuntos políticos y eso la relaja. Le encanta preparar platos caseros como la torta de grosellas y el ganso al horno.

La líder del gobierno alemán mantiene una relación fresca y relajada con sus subalternos, a quienes exige que se dirijan a ella por su nombre. Sin embargo, está claro que los excesos de confianza le desagradan. Según el diario suizo Le Matin, alguna vez la canciller confesó que se había sentido muy incómoda con los besos y abrazos del presidente francés Nicolas Sarkozy durante un encuentro bilateral. Y hasta dicen que Merkel envió una carta a la embajada francesa quejándose por dicha situación. Gajes del glamur, dirían las revistas del corazón...