Carolina Andújar, la heredera de Drácula

Carolina Andújar se estrena como novelista con un relato de amor que bebe de la mejor tradición de la novela gótica. Se llama Vampyr y será una de las novedades de la próxima Feria del Libro. Historia de una homeópata que cree en los vampiros y en los dioses helénicos.
Carolina Andújar, la heredera de Drácula

Carolina Andújar ama la noche. Es su mejor aliada para la inspiración. A veces disfruta la soledad con las luces apagadas y algo de música. Pero no es de las que le huyen al sol, también ama la luz aunque su tez blanca parezca traicionarla. Con una sonrisa evade cualquier insinuación sobre su gusto por la sangre. Entonces prende un cigarrillo Pielroja y, mientras el humo difumina el mito, prefiere hablar de su pasión por escribir novelas oscuras y satisfacer un deseo casi insaciable de contar historias de vampiros.

Así nació Vampyr, una novela que empezó a escribir el 31 de octubre de 2007, en Halloween, la noche en que comienzan los días más oscuros del año. La idea rondaba en su cabeza desde hacía unos meses, aunque llevaba años leyendo historias de Drácula, Nosferatu, Carmilla y de otros vampiros que mantienen viva la leyenda. Ella lo confirma: “Los vampiros sí existen”.

Empezó a escribirla un día en la finca de su mamá porque no tenía una buena historia de vampiros para leer. Decidió contársela ella misma. Desde ese día no paró y cuatro meses después, con sus días y sus noches, estaba terminada su primera novela. El relato, de 490 páginas, pasa por una escuela de niñas bien en la Suiza del siglo XIX, por París y los montes Cárpatos, para contar una historia de amor en la que el romance está salpicado de colmillos, de sangre y de misterio, como todas las otras novelas del género.

En un día cualquiera Carolina se viste de camiseta blanca con una cruz estampada, bufanda naranja, jeans desteñidos y tenis Converse. Lo único oscuro en su aspecto es su pelo, y claro, su edad: “No te la digo porque puede ser malo estar muy joven o muy grande”.

Parece disfrutar de esa adolescencia eterna dentro de un mundo literario en el que comenzó muy niña. “Me leí Drácula cuando tenía siete años y la he releído unas siete veces”, fiel a su admiración fetichista por la historia del vampiro más famoso. También comenzó una colección de objetos, afiches, películas y libros sobre estos personajes misteriosos.

Pero no es un vampiro, ni sus papás pensaron que la mayor de sus tres hijas podría llegar a enloquecer con esas manías. En su familia podían pasar muchas cosas, era natural no sentirse obligado ni siquiera a ir al colegio y los días transcurrían entre obras de teatro caseras, disfraces y viajes que debido al trabajo de su papá, la llevaron a Europa, Indonesia y Estados Unidos. Mientras tanto, sus ratos íntimos los dedicaba a sus primeros escritos: diarios de viaje, amores platónicos y un manual ilustrado de protección contra los vampiros que todavía conserva.

A Carolina no le gusta hablar de su hoja de vida. Le parece un lugar común que, finalmente, no sirve para nada. Así que lanza una mirada fulminante con sus ojos delineados de negro para intentar evadir los datos que considera esquemáticos: nació en Cali, es hija de un húngaro y una colombiana, se graduó en un colegio bilingüe y estudió Química y algo de Psicología. En la solapa de su libro, la única línea de su currículo llama poderosamente la atención: “estudió homeopatía clásica”.

Sí, esta mujer que ama la noche y cree en seres que se alimentan de sangre humana, también es homeópata. Cuando su mamá enfermó y la medicina tradicional no ofreció una solución, Carolina decidió que esta ciencia alternativa podría darle respuestas. “La estudié bajo presión, con el terror de aprender para poder curar a mi mamá”, dice, y lo logró. Recuerda que su mamá tuvo una transformación física grande que ya desapareció. Hoy, después de cinco años, todavía no ha surgido una explicación médica. Ahora sólo la ejerce con personas muy cercanas y sin cobrar. “Es como un regalo de la vida hacer esto por otros”.

Este no es el único episodio que marca la diferencia en Carolina. Sin ánimo de dar con su edad, es fácil adivinar su juventud, durante la cual ha escrito guiones y obras de teatro y, además, ha dejado huella en diferentes lugares del mundo. En los últimos años ha estado en Los Ángeles y Santa Bárbara, donde trabajó con dos empresas multimedia basadas en lo políticamente incorrecto. Ahora su base es San Antonio (Texas) y allí pasa la mitad del año que no está en Colombia.

El recuento de su existencia lo deja ir rápidamente con otro Pielroja, el tercero, el cuarto, un gesto tan espontáneo como cuando se sentó a escribir sabiéndose casi de memoria la historia de los vampiros, las leyendas de la vieja Europa y especialmente de Hungría, país por el que siente fascinación. Son referentes obligados en las historias góticas, un género que busca mantener en medio de la vampiromanía desatada por películas como Crepúsculo e Inframundo, y por la serie True Blood, con personajes contemporáneos y sexys que le dan un carácter erótico a estos seres de la noche.

“Eso no me despierta la fantasía, por eso escribí una historia en el siglo XIX, sin luz eléctrica, con trajes, carruajes y bailes de máscaras. Eso aumenta el misterio”. Sus vampiros todavía no se mueven en carros convertibles, no hablan por celular ni van a los prom. “Yo estoy enfocada en su cualidad supernatural, sus impulsos, lo que los destruye”, afirma.

La cruz estampada en su camiseta no deja dudas: no es un vampiro, pero tampoco es creyente. Es una politeísta helénica, amante de la estética de la religión católica, que disfruta los rituales, les reza a dioses como Apolo y Hermes, o a Jesús, y le teme al Dios del Antiguo Testamento.

Tampoco es una víctima. La bufanda no oculta la marca de unos colmillos en su cuello, es sólo un accesorio que la aleja de la estética gótica. “Nada de uñas pintadas de negro”, dice, porque las influencias llegan pero a su escritura, provenientes de autores que nombra sin orden alguno: George Sand, Oscar Wilde, Shakespeare, el filósofo chino Lin Yuntang y Homero, sin olvidar a Bram Stoker y Anne Rice, la autora de Carmilla.

El abrigo negro es solamente parte de su estilo, cercano al metal melódico de grupos como HIM y Night Wish, aunque su gusto abarca la música clásica, el techno y la salsa.

Es una mezcla algo extraña que Carolina ni siquiera intenta justificar. Tal vez su próximo libro dé más pistas sobre ella, será una continuación de Vampyr, otra novela gótica escrita por una mujer que usa tenis Converse con los cordones sueltos y que nunca tropieza al caminar.

Temas relacionados