El exitoso viaje de Ciro Guerra

Este director colombiano representará al país en el próximo Festival de Cine de Cannes con una película que muestra la costa atlántica que nadie había filmado jamás.
El exitoso viaje de Ciro Guerra

El nombre de este joven director de 28 años, nacido en Río de Oro (Cesar), empezó a sonar cuando su ópera prima, La sombra del caminante, obtuvo 15 premios en festivales internacionales y despertó la curiosidad de los especialistas por la mirada original con la que Ciro acometió la historia. Esa sensibilidad para encontrar personajes y crear relatos visuales fue la que lo metió en la selección oficial de Un Certain Regard (Una cierta mirada), sección de Cannes que presenta películas con puntos de vista muy particulares. La escogencia es desde ya un triunfo para Ciro Guerra, pues las 19 películas de la lista final fueron seleccionadas entre 3.000 filmes de todo el mundo.

Colombia no estaba presente en el Festival de Cannes desde que Víctor Gaviria presentó en la selección oficial de 1998 La vendedora de rosas. Este año sólo dos latinoamericanas entraron a la selección: Los viajes del viento y A deriva, del brasileño Heitor Dhalia.

Guerra se ganó su lugar en el festival de cine más prestigioso del mundo con una película sobre un viaje, un road movie en burro por cinco departamentos del Caribe colombiano. Es la historia de Ignacio Carrillo, un juglar vallenato que emprende un recorrido para devolverle el acordeón a su maestro pues lo considera el causante de sus desgracias.

"Hasta ahora el cine colombiano ha mostrado dos opciones: comedia y violencia, pero hay otra veta que es posible: la cultural. Nadie ha mostrado, por ejemplo, Boyacá o Nariño tal como son, con sus costumbres, sus paisajes y sus gentes. Yo quería mostrar la costa tal y como la veía desde niño -dice Ciro-. Y lo logré". Fue así como se embarcó en un proyecto muy ambicioso, con dos años de investigación paralelo a la escritura del guion y nueve meses de rodaje en el que conformó un equipo de producción de 100 personas con el que recorrió 84 localidades, desde Sucre hasta La Guajira, pasando por la Sierra Nevada de Santa Marta.

Trabajó con 100 actores naturales en lugares que incluso desconocía. Su propósito no sólo fue mostrar un paisaje natural casi desconocido para la mayoría de los colombianos, sino descubrir "el paisaje humano, la gente que vive allí con su cultura y su idioma".

Uno de los momentos más emotivos del rodaje ocurrió cuando rodó escenas en Nueva Venecia, un pueblo palafítico levantado sobre la ciénaga del Magdalena. Ciro alteró el guion una y otra vez en la medida que aparecían rincones y personajes con historias increíbles. También para él, la filmación fue un descubrimiento.

Detrás del rodaje hay material para otra película. Bajo el inclemente sol del Caribe, soportando los cambios del clima y de luz natural, y hasta las enfermedades propias del trópico que atacaron al equipo de producción, incluido Redentor, el burro, el equipo logró armar la ambientación de 1968, el año del primer Festival Vallenato, que es en el que se desarrolla la película.

De pronto era demasiada ambición para una segunda película. Sin embargo, a diferencia de La sombra del caminante, que realizó con un equipo de producción de nueve personas, para el rodaje de Los viajes del viento Ciro pudo dedicarse por completo a la creación, pues contó con un equipo completo de profesionales que, en palabras de él, dio mucho más de lo que yo esperaba". El recurso del Wide Screen (panorámico y rectangular), utilizado en superproducciones de Hollywood y que requiere de equipos especiales, complementaron una propuesta visual que según Ciro no se conocía en Colombia. El filme, hablado en cuatro idiomas (español, wayunaiky, ikn-arhuaco y bantú), supera cualquier visión anterior del Caribe colombiano.