Giselle Lacouture, la reina diferente

En el año del Bicentenario de la Independencia, la reina del Carnaval de Barranquilla promete una fiesta diferente. En su coronación reinó la champeta y el folclor urbano.
Giselle Lacouture, la reina diferente

 Y además quiere que la rumba en los clubes y en las calles sea una sola.

Quien lo vive es quien lo goza... y lo transforma. Esa parece ser la consigna de la nueva reina del carnaval de Barranquilla, Giselle Lacouture. Coronada en el estadio Romelio Martínez el pasado 29 de enero, en una noche inolvidable que el público vivió como si el Junior hubiera quedado campeón del fútbol nacional, esta barranquillera de 22 años dejó en claro que quiere darle vuelco al carnaval. Su fiesta promete ser diferente.

Según ella, las coronaciones de sus antecesoras estuvieron cargadas de muchos lujos y plumas, y en las danzas siempre sonaron ritmos tradicionales como la cumbia, el mapalé y el son de negros. Este año, en la primera presentación ante sus súbditos, Giselle bailó champeta vestida con un pequeño traje; se puso la camiseta del Junior para simular un partido de ‘bola e’ trapo’ entre los barrios Carrizal y la Ciudadela 20 de Julio; cantó, bailó y se hizo acompañar en el escenario de vendedores de ‘raspao’ y butifarra. Fue un derroche de folclor urbano con el que quiso sacar a la luz al barranquillero de hoy. “Tenemos que ir con el mundo, no estamos en los años 70, este es el Carnaval 2010”, dice apasionadamente, con su tono de voz ronco pero juvenil.

Esta ‘gocetas’ del carnaval sabe de qué habla. Su experiencia empezó en la infancia, cuando hizo parte de la comparsa de “Los Garabaticos’; más tarde, en 2004, fue capitana juvenil, y en 2009, capitana de los solteros del Country Club.

A la tradición, Giselle quiere imprimirle los conocimientos en diseño de moda, música y danza que le han dejado sus estudios de Diseño Visual y Producción Escénica en La Salle College de Bogotá. Los cambios no se quedarán sólo en la forma, Giselle espera darle un vuelco al concepto elitista de que las fiestas se viven de una manera diferente en los clubes y en las calles. La reina se ha bajado de su trono para hacerle un homenaje al bailador de champeta y al ‘salsómano’ de la esquina. Cree que su ciudad late igual, que no existen divisiones de clases sociales, y espera que del 13 al 16 de febrero, en la Vía Cuarenta, todos vibren a su lado: “Que desde el más pobre hasta el más rico se disfracen y se confundan unos con otros”.

Giselle busca dejar su huella este año, una marca que ya quedó escrita en los cambios de texto que le imprimió al bando. “Así no habla la gente de hoy –dice–. El bando es el decreto de la reina a los barranquilleros y abre oficialmente el carnaval, y si yo misma no lo hubiera escrito, habría sonado totalmente ficticio”. En el tercer mandato del bando se hizo evidente su estilo, cuando invitó a los futuros fiesteros a juntarse: “… que en este no falte monocuco con monocuco, marimonda con marimonda, farota con farota, hombre con hombre, mujer con mujer y todos en el sentido contrario. Pero ¡ajá! No confundan a Confucio con confusión”.

Ella es así, una bella que se arriesga a hacer humor para la gente que piensa en las reinas como simples figuras de decoración. La niña que siempre fantaseó con ser la reina del carnaval hoy cumple su sueño, y se declara como la reina de la libertad, “porque el carnaval es una mezcla de razas, es un grito de libertad, es Caribe… y ser Caribe es decir lo que uno piensa y bailar como uno quiere”. Giselle será en este carnaval como ella quiere. Falta ver si los demás son como ella quiere que sean.