Héctor Sierra, el hombre que pone a soñar a los japoneses

Sus cuentos y fábulas hacen parte de los libros preferidos de los niños en las escuelas de Tokio. Lo curioso es que su autor no es japonés sino boyacense. Se llama Héctor Sierra, y mientras cosecha éxitos en el extremo Oriente sueña con publicar su primer libro en español.
Héctor Sierra, el hombre que pone a soñar a los japoneses

Analfabeta es la palabra que usa sin remilgos para describir su condición cuando llegó a Japón hace 15 años. Aunque iba becado por el Ministerio de Educación de ese país para hacer un posgrado en artes visuales, se sentía como un niño pequeño que no sabía leer ni escribir.

Pero pronto ese niño se hizo a sus primeras letras y luego su conocimiento del japonés le permitió enseñar español en un programa de televisión. Su suerte, entonces, cambió de la noche a la mañana.

"Me pidieron que tradujera un poema del español al japonés, y aunque fue bastante difícil, al final lo logré. Pensé que si podía traducir rimas tan complicadas, el siguiente paso era escribir en japonés". Fue así como reemplazó las artes visuales por la literatura. A partir de ese momento su computador comenzó a llenarse de textos para niños, fábulas en verso inspiradas en la cultura japonesa, en las que algunos de los personajes practican sumo y hacen la ceremonia del té.

La ranita que no podía croar y Abrázame son dos de sus obras más leídas. En esta última, un pulpito consentido le pide todo el tiempo a su mamá que lo alce. Resultó una buena metáfora para tratar el tema de las relaciones sociales. Durante el tiempo que ha vivido en Japón, Héctor se ha dado cuenta de que las expresiones de cariño no son muy frecuentes en la gente, especialmente entre padres e hijos. Es esta la razón por la cual en sus ratos libres trabaja con niños que viven en zonas de conflicto. La frontera entre Georgia y Chechenia, Afganistán e incluso escuelas cercanas a las Torres Gemelas, en Nueva York, son algunos de los lugares adonde Héctor ha llegado con la organización Artistas Sin Fronteras. Por medio de pinturas e historias logra sacarles una sonrisa a pequeños que viven en medio de la guerra. Con esto ayuda a evitar que con el tiempo se conviertan en lo que él llama "extranjeros en su propia tierra".

Porque si hay alguien que sabe lo que es sentirse como un inmigrante, es Héctor. "Llevo 15 años en Japón y todavía me tratan como un extranjero", dice, a pesar de que hace rato que, desde que se levanta, piensa, habla y escribe en japonés. Sin embargo, esto no quiere decir que no se sienta orgulloso de haber nacido en Tunja. Aunque pase mucho tiempo fuera del país, sigue siendo cien por ciento colombiano.

La paradoja de su vida como escritor es nunca haber publicado un libro en español. "Estar alejado de Colombia me aleja de las editoriales y de las oportunidades para dar a conocer lo que escribo". Además de los cuatro libros que ha publicado en Japón (los dos anteriores más Un artista sin fronteras y Pintamos ese día), Héctor tiene guardados varios textos en español que, a diferencia de sus otros trabajos, están dirigidos a adultos. Son novelas con las que espera algún día conquistar al público latinoamericano, al que considera terriblemente exigente.

Para su infortunio, y el de muchos de los lectores a los que ya les ha causado curiosidad su talento, estos libros seguirán siendo un plan a término indefinido por falta de recursos. Mientras no consiga un agente literario que le ayude a recopilarlos y a editarlos, no hay posibilidad de que los publique en Colombia.

A la espera de que algún día su sueño se cumpla, Héctor seguirá encantando a los niños de Japón, con quienes asegura es capaz de revivir los colores, la luz y los sabores que extraña de su tierra boyacense.